28 julio 2006

Un mal compañero de viaje

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Hoy os traigo un clásico de la ciencia ficción de los años 50 . Se trata de La Mosca, protagonizada por una de las estrellas de la época: el sin par Vincent Price.
La película (basada en un relato corto del mismo título de George Langelaan) trata sobre un viejo anhelo de la ciencia especulativa como es el teletransporte, es decir, la capacidad de viajar sin un medio de transporte. El científico André Delambre trabaja en el diseño y construcción de un dispositivo capaz de teletransportar a una persona. Como es costumbre, los primeros intentos resultan ser fallidos al probar con objetos inanimados, como un plato de cerámica en el que aparece una inscripción que resulta quedar invertida (como un texto cuando lo ponéis frente al espejo) al ser enviada desde la cápsula emisora hasta la cápsula receptora situada a varios metros de distancia. Una vez solucionado el problema técnico, se pasa a experimentar con seres vivos y la víctima resulta ser el gato de la casa, el cual no vuelve a aparecer en la cabina receptora. Para añadirle dramatismo y una pizca de escalofrío a la escena, se oye un maullido espeluznante en el silencio del laboratorio. Algo terrible se presagia. Nuevamente, y gracias al tesón y al pertinaz espíritu científico de André Delambre, los problemas vuelven a solucionarse y el teletransporte de seres vivos es un éxito, al menos en apariencia. Para celebrar su éxito, algo que revolucionará los sistemas de transporte, decide intentar el experimento consigo mismo. Pero algo terrible tiene lugar. Mientras se introduce en la cabina, una mosca pasa inadvertida y viaja como polizonte. El viaje se convierte en una pesadilla y en la cápsula receptora aparece un ser híbrido con el cuerpo humano, pero con la cabeza y un brazo de mosca. Por supuesto, el otro ser híbrido desaparece y su búsqueda pasa a ser el objetivo, pues la única manera de reparar el desaguisado parece ser hacer pasar a los dos monstruos de nuevo por la máquina teletransportadora para que sus átomos vuelvan a ocupar las posiciones iniciales, recuperando su naturaleza de mosca y científico, respectivamente.
No voy a desvelaros nada más sobre el argumento para que, en caso de no haber visto la película, podaís hacerlo con la intriga intacta. Pero sí que voy discutir el asunto del teletransporte. Veamos. Para ser capaces de enviar un cuerpo (vivo o no) desde un sistema emisor hasta otro receptor, aparte de necesitar ambos, cosa que se obvia en muchas películas de ciencia ficción (véanse Planeta Prohibido o Star Trek) se requiere un conocimiento bastante preciso sobre la naturaleza de los átomos (no es lo mismo un átomo de carbono que uno de oxígeno), su posición, su velocidad y otras variables. El sistema de teletransporte debe ser capaz de manejar toda esta información, gestionarla y recuperarla de forma idéntica al original en el receptor. Parece sencillo, ¿verdad? Sin embargo, no somos muy conscientes de la cantidad de átomos que encierra un cuerpo humano, por ejemplo.
Una estimación un tanto grosera de esta cifra se puede hacer suponiendo que el cuerpo de una persona está completamente constituido por agua y sabiendo la masa atómica del átomo de hidrógeno y la del átomo de oxígeno. Si queréis una cantidad algo más ajustada a la realidad, se puede conseguir teniendo en cuenta que, aproximadamente, el cuerpo humano está formado por un 63% de hidrógeno, un 25% de oxígeno, un 9% de carbono, un 1,4% de nitrógeno, un 0,3% de calcio, un 0,2% de fósforo, un 0,03% de cloro, un 0,06% de potasio, un 0,05% de azufre, un 0,03% de sodio, un 0,01% de magnesio y restos de otros elementos. Pues bien, conociendo las masas atómicas de todos estos elementos (pueden conseguirse fácilmente con ayuda de una tabla periódica de los elementos) resulta directo el cálculo estimativo aproximado del número de átomos presentes en el cuerpo humano y resulta ser (átomo arriba, átomo abajo) de unos 10.000 billones de billones (esto es un 1 con 28 ceros).
Ahora bien, para conseguir teletransportar esta ingente cantidad es necesario disponer de un sistema de almacenamiento de la información relevante sobre todos y cada uno de ellos, tal y como ya dije más arriba. Existen cálculos estimativos que asocian a cada átomo 1 kb (kilobyte) de información relevante, con lo cual, para todo el cuerpo humano se requerirían 10.000 billones de billones de kilobytes. Esto significa que se necesitan 100 millones de billones de discos duros de 100 Gb (gigabyte) cada uno, que son los que llevan incorporados actualmente los ordenadores portátiles de última generación.


En la actualidad, aún estamos muy lejos de ser capaces de teletransportar un objeto macroscópico. Sin embargo, con átomos individuales ya se ha conseguido algo parecido denominado teletransporte cuántico (en inglés, quantum teleportation). Consiste en crear un átomo idéntico al que se quiere teletransportar (este proceso recibe el nombre de enmarañamiento o entanglement, en inglés), pero situado en el lugar donde se le pretendía enviar inicialmente. Posteriormente, se destruye el primero y todo transcurre como si se hubiera teletransportado de forma instantánea. Esto ha sido conseguido recientemente por un equipo de investigadores en un laboratorio de Dinamarca, los cuales consiguieron con ayuda de un haz de luz teletransportar una nube de átomos de un gas de cesio.

El teletransporte ha sido tratado en infinidad de ocasiones y de infinitas formas diferentes a lo largo de la historia de la ciencia ficción. Así podéis encontrar novelas como El mundo de los No A, de A.E. van Vogt; Las estrellas mi destino, de Alfred Bester; Hyperion, de Dan Simmons y otras muchas. En cuanto a las películas se pueden citar las dos secuelas de la que hemos hablado en los párrafos anteriores (El regreso de la mosca y La maldición de la mosca) o los remakes La mosca y La mosca 2; las ya referidas Planeta Prohibido y toda la saga de la mítica Star Trek. Por cierto, en esta serie fue donde apareció por primera vez el tema del teletransporte, pero lo que quizá no sepáis es que éste nació debido a problemas de presupuesto. En aquella época resultaba extremadamente caro rodar el aterrizaje de una nave espacial en otro planeta, así que se ideó una forma de llevar personas a otros mundos sin necesidad de llevar sus vehículos. El teletransporte había nacido para gloria de la ciencia ficción y deleite de todos los que la disfrutamos.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Sólo comentar que el libro de Alfred Bester se puede encontrar tanto bajo el título "Las estrellas mi destino" como bajo el título "Tigre Tigre", tanto en traducción como en edición original (The Stars My Destination / Tiger Tiger).

Hoy es más fácil de encontrar, pero en su día me pateé un buen puñado de librerías de ocasión buscándolo.

Jordi Planas Manzano dijo...

Muchas gracias por tus artículos, resultan de una amena lectura, que te agradecemos.

Anónimo dijo...

Hay un libro bastante actual donde se utiliza un principio parecido. Se trata de Timeline (Rescate en el Tiempo), de Michael Crichton, también llevado al cine.
Crichton relata un "viaje en el tiempo" partiendo de la premisa que es imposible viajar en el tiempo. Lo que en realidad hacen los protagonistas es desintegrarse (y por lo tanto, morir) en nuestra realidad y volverse a reconstruir en una realidad paralela del multiverso muy cercana a la nuestra (y por lo tanto casi idéntica en sucesos y tal) pero donde se encuentran en el espaciotiempo de Francia, siglo XIV. Este "viaje en el tiempo", de destrucción-reconstrucción entre distintas realidades, es en realidad una teletransportación, y para dar verosimilitud al problema de los miles de billones de datos a manejar, se supone que en el libro los artífices del viaje cuentan con un ordenador cuántico capaz de hacer tales virguerías. Incluso se juega en la novela con el hecho que al viajar varias veces de un sitio a otro se produzcan pequeños fallos de reconstrucción que poco a poco dañan el cuerpo humano y lo "escinden", provocando en los desafortundados viajeros problemas de salud graves y locura cerebral.

monti dijo...

Muy interesante tu anotación. De todas formas, creo que hay que distinguir entre el teletransporte estilo Star Trek y el teletransporte cuántico. En este último, no hay un proceso de obtención y almacenamiento de información en un ordenador, sino que el estado cuántico se transfiere directamente de la partícula origen a la partícula destino.

Sergio L. Palacios dijo...

Claro, claro, son cosas totalmente diferentes. Tienes toda la razón. Pero ese segundo caso (el cuántico) no es el que se refleja en las películas donde aparece el teletransporte de objetos macroscópicos. Al transferirse el estado cuántico de las partículas, lo que se obtiene es un duplicado del objeto, no el objeto propiamente dicho.

Anónimo dijo...

Soy el que comentó el libro de Crichton. Si estáis hablando del libro, pues en realidad sí que serían duplicados los "viajeros". Es decir, hay un momento en el que uno de ellos (que no participa en el "viaje") se asusta porque descubre que lo que están haciendo en realidad es morir, y que en "el otro lado" aparece una copia de si mismos. Por lo tanto, el ordenador cuántico recopilaría los billones de datos que conforman la información del ser humano que se mete en la máquina, y eso es lo que se transmite para crear la copia. No es que el mismo ser humano que aparece en Francia siglo XIV sea el que salió de EE.UU. siglo XX, sino que es un duplicado del mismo, y el original murió en el proceso.
Creo que esto es más o menos lo que comentábais, ¿no?

Sergio L. Palacios dijo...

Más o menos.

Tito Paco dijo...

El teletransporte cuántico queda reflejado en otro clásico: 'Estación de tránsito' de Clifford D. Simak. En cuanto a este tipo de teletransporte considero que es hacer "trampa": yo no lo usaría nunca!0403neuro01mante0