Seguramente nunca habréis escuchado en las películas a un monstruo gigantesco como Godzilla o King Kong emitir gruñidos o rugidos agudos como los de las ratas. La verdad es que resultarían patéticos y hasta cómicos. Pero detengámonos un poco a pensar si esto tiene algún fundamento científico.Tomemos como ejemplo la cavidad oral del ser humano. Ésta consiste en un tubo de longitud aproximada de unos 17 centímetros, con un extremo abierto (la boca) y el otro cerrado (las cuerdas vocales). Las frecuencias emitidas por este tubo dependen inversamente de la longitud de las cuerdas vocales y directamente de la raíz cuadrada del cociente entre la tensión de las cuerdas y el producto de la densidad y sección de las mismas. Esto significa que si mantenemos constantes la tensión y la densidad, resulta que la frecuencia es inversamente proporcional al cuadrado de la longitud característica del ser humano. Como los hombres suelen tener las cuerdas vocales más grandes y más gruesas que las mujeres y los niños, aquellos pueden emitir sonidos más graves que éstos en condiciones normales. Lo mismo sucede con los instrumentos musicales de la misma familia. El violín emite sonidos más agudos que el contrabajo o el violonchelo porque tiene las cuerdas más cortas; si alguna vez os habéis fijado en las cuerdas de un arpa, os daríais cuenta de que éstas tienen longitudes distintas, siendo las más cortas las responsables de los sonidos agudos y las más largas de los graves.

La voz humana se puede educar y, así, existen distintos tipos de voces atendiendo a las frecuencias que son capaces de producir. Una soprano puede llegar hasta algo más de 1.000 Hz; por el contrario, un bajo emite frecuencias tan bajas como los 80-90 Hz. Entre estos dos extremos se encuentran, por orden creciente de frecuencias, el barítono, tenor, el contralto y el mezzosoprano. Por término medio, el ser humano utiliza una frecuencia fundamental de unos 500 Hz en su conversación. De esta manera, si se modificara el tamaño de una persona de una forma exagerada, tal y como se refleja en alguna que otra película, como El asombroso hombre creciente, El ataque de la mujer de 15 metros, El increíble hombre menguante, etc., los sonidos emitidos por su voz distarían bastante de lo que nos resulta habitual. Cojamos como ejemplo ilustrativo la mujer de 15 metros. Si su estatura normal era de 1,5 metros, el factor de escala es 10. Por tanto, la frecuencia fundamental de su voz sería ahora de 500/100 = 5 Hz, es decir, muy por debajo de la frecuencia que alcanza un bajo. Pero resulta que esto no es lo más grave. El oído humano sólo es capaz de percibir sonidos cuya frecuencia se encuentre comprendida entre los 20 y los 20.000 Hz, aproximadamente. Moraleja: a nuestra espigada amiga no podríamos oírla. Algo parecido sucedería con el hombre menguante. A partir de un cierto tamaño, su voz resultaría tan aguda que por mucho que se esforzase para pedir socorro, su mensaje no llegaría a nosotros. Por cierto, en relación con esto, me viene ahora mismo a la memoria la espeluznante y desesperada frase Help me! Help me! de la criatura híbrida al final de la película La mosca, el clásico de 1958 dirigido por Kurt Neumann y protagonizado por Vincent Price. El grito es tan agudo que resulta casi ininteligible, como debe ser...

La voz humana se puede educar y, así, existen distintos tipos de voces atendiendo a las frecuencias que son capaces de producir. Una soprano puede llegar hasta algo más de 1.000 Hz; por el contrario, un bajo emite frecuencias tan bajas como los 80-90 Hz. Entre estos dos extremos se encuentran, por orden creciente de frecuencias, el barítono, tenor, el contralto y el mezzosoprano. Por término medio, el ser humano utiliza una frecuencia fundamental de unos 500 Hz en su conversación. De esta manera, si se modificara el tamaño de una persona de una forma exagerada, tal y como se refleja en alguna que otra película, como El asombroso hombre creciente, El ataque de la mujer de 15 metros, El increíble hombre menguante, etc., los sonidos emitidos por su voz distarían bastante de lo que nos resulta habitual. Cojamos como ejemplo ilustrativo la mujer de 15 metros. Si su estatura normal era de 1,5 metros, el factor de escala es 10. Por tanto, la frecuencia fundamental de su voz sería ahora de 500/100 = 5 Hz, es decir, muy por debajo de la frecuencia que alcanza un bajo. Pero resulta que esto no es lo más grave. El oído humano sólo es capaz de percibir sonidos cuya frecuencia se encuentre comprendida entre los 20 y los 20.000 Hz, aproximadamente. Moraleja: a nuestra espigada amiga no podríamos oírla. Algo parecido sucedería con el hombre menguante. A partir de un cierto tamaño, su voz resultaría tan aguda que por mucho que se esforzase para pedir socorro, su mensaje no llegaría a nosotros. Por cierto, en relación con esto, me viene ahora mismo a la memoria la espeluznante y desesperada frase Help me! Help me! de la criatura híbrida al final de la película La mosca, el clásico de 1958 dirigido por Kurt Neumann y protagonizado por Vincent Price. El grito es tan agudo que resulta casi ininteligible, como debe ser...
4 comentarios:
¿Y el tamaño de las cuerdas vocales es necesariamente directamente proporcional al tamaño del animal? ¿Un animal grande puede tener las cuerdas vocales relativamente pequeñas? De no ser así, los rugidos del tyranosaurus rex de la saga de Parque Jurásico no serían más que una metedura de pata de Steven Spielberg, ¿no?
No está nada claro que los dinosaurios tuvieran cuerdas vocales (por lo menos en lo que yo conozco. ¿Hay por ahí algún paleontólogo?). Se cree que algunos de ellos, como el parasaurolofus o el coritosaurio podían emitir sonidos con la ayuda de una cresta que poseían en la parte superior de sus cráneos, que funcionaba como una especie de tubo de resonancia. Pero esto no tiene nada que ver con una cuerda vocal.
Hola, Sergio! Te felicito por el sitio, está muy bueno, y las notas geniales. Una única queja, ese fondo negro, con letras blancas, te mata, jeje, no puedo leer mucho así, sin quedarme cieguito :P
No soy un experto en el tema pero tengo entendido que algunos dinosaurios poseián un hueso en la garganta que funcionaba a modo de silbato cuando el aire lo atravesaba. Esto, únido a la anchura de la cavidad bucal, producía los rugidos de estos enormes animales.
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