IN MEMORIAM

IN MEMORIAM
¡Menudo cuento!

El fin de la Física (tal y como la conozco)

Publicado por Sergio L. Palacios | martes, mayo 15, 2007 | 15 comentarios »

Hace un par de días cayó en mis manos un libro que hacía ya muchos años que no había vuelto a leer. Trataba de un hombre que viajaba en avión y sufría una avería cuando volaba sobre el desierto. Una mañana, de repente, escuchó una vocecita pidiéndole que le hiciese un dibujo. Al mirar a su alrededor en busca del dueño de semejante voz, vio a un muchacho. Extrañado por haber encontrado a aquel niño tan lejos de un lugar habitado, el hombre le preguntó de dónde venía y el muchacho, tras un buen rato de dimes y diretes, por fin dijo que “su planeta de origen era apenas más grande que una casa”. Como ya habían pasado muchos años desde que había leído este cuento y ya soy mayor y ahora veo las cosas que me rodean de otra manera, me pregunté cómo diantres podía ocurrir que alguien fuese capaz de vivir en un cuerpo celeste tan pequeño. Intrigado, seguí leyendo unos párrafos más y encontré más adelante la siguiente frase: “Tengo poderosas razones para creer que el planeta del cual venía […] era el asteroide B 612.” Esto me extrañó sobremanera, pues sabido es que los asteroides son demasiado pequeños como para albergar vida alguna. Como soy todo un físico de tomo y lomo, se me ocurrió que podría determinar la aceleración de la gravedad en la superficie de un asteroide del “tamaño de una casa”. Por miedo a meter la pata, busqué un poco de información sobre el tema y encontré en la página web de un amigo un problema muy similar al que yo me estaba enfrentando. Este amigo había supuesto que el planeta llamado B 612 tenía un radio de 10 metros. Suponiendo que la densidad fuese parecida a la de nuestro propio planeta, la Tierra, enseguida llegué al número que andaba buscando. La gravedad en B 612 debía de ser de unos 0,000015 m/s2. Esto es menos de 600.000 veces la que tenemos en la Tierra. Como me pareció un valor tan irreal debido a que el muchacho no parecía moverse con gran dificultad por la cálida arena del desierto en que se encontraba, decidí hacer una suposición un poco diferente que consistía en aceptar que la gravedad en su planeta era semejante a la del nuestro. Esto me llevó a la conclusión de que su pequeño mundo debía de poseer una densidad de 3 millones y medio de veces la del agua líquida. Esta conclusión aún me dejó más perplejo que la anterior, pues sabido es que semejante densidad sólo se encuentra en las estrellas enanas blancas. ¿Cómo podía habitar aquel niño charlatán en un planeta con la densidad de una estrella moribunda y con una gravedad tan pequeña? Dejé de pensar por un instante en estas cosas y me dispuse a calcular la masa del asteroide en cuestión. Con una densidad como la terrestre, debería ser de poco más de 20.000 toneladas métricas, tremendamente inferior a la masa de asteroides (o planetas enanos) conocidos como Ceres, que posee una masa de más de un millón de billones de toneladas. Con la densidad de enana blanca, la cosa no mejoraba demasiado, ya que entonces la masa de B 612 tansólo aumentaba hasta los 13 billones de kilogramos, casi 100 veces por debajo de la masa del más pequeño satélite de Marte, Deimos. Decididamente, nada encajaba con la Física conocida.

Resuelto a no dejarme vencer por tan nimia dificultad, me dispuse a determinar la velocidad de escape de aquel enigmático mundo, donde decía habitar aquel muchacho. Como ya sabía la aceleración de la gravedad calculada anteriormente, no fue nada difícil resolver esta nueva cuestión. Veamos, una gravedad de 0,000015 y un radio de 10 (en unidades internacionales) dan una velocidad de escape de 1,7 cm/s. ¡Caray! Con semejante valor, ese niño no podría siquiera estornudar, pues podría salir despedido y colocarse en órbita asteroidestacionaria. Vaya problemón. A ver, a ver si con una gravedad como la nuestra se arregla un poco la cosa. Sí, efectivamente, ahora es de 14 m/s. Impresionante. Ahora ya puede pillar resfriados sin problema. Lástima que no pueda jugar a lanzar piedras lejos, como a mí tanto me gustaba cuando era pequeño. Debe de ser un tanto extraño arrojar un pedrusco y después contemplarlo por las noches como satélite en tu mundo. Si tiras muchas piedras, podrías fabricarte tu propio anillo como los de Saturno.

Como cada respuesta que encontraba me parecía tanto más intrigante que la anterior, nuevas preguntas bullían en mi cerebro. Se me ocurrió que si el niño era capaz de hablar con el aviador del cuento era porque tenía la capacidad de respirar el aire de la atmósfera terrestre. Así pues, me enfrenté a este nuevo desafío: ¿tendrá atmósfera respirable el asteroide B 612? Nuevamente, la página web de mi amigo volvió a darme una pista valiosa. No hay más que determinar la velocidad cuadrática media de las moléculas del aire y compararla con la velocidad de escape en la superficie del planeta. Como aquélla depende de la temperatura del aire, supuse que, al no ir excesivamente abrigado aquel niño extraño, debería de ser parecida a la de la Tierra y puse en la formulita el valor de T=300 K (unos 27 grados centígrados). Y, una vez más, sorpresa. La velocidad cuadrática media de las moléculas del aire debería ser de más de 500 m/s, muy lejos de los 14 m/s y más aún de los 1,7 cm/s que ya había calculado anteriormente. Si las moléculas de un gas se mueven (debido a la agitación térmica) superando la velocidad necesaria para escapar de la gravedad, ese mundo nunca podrá poseer una atmósfera respirable como la nuestra. Pero lo que no puede hacer de ninguna manera la Ciencia es negar la evidencia experimental. Y yo sabía que el niño estaba allí, vivo. Y que respiraba nuestro aire. ¿Cómo era posible? ¿Estaba equivocada la Física tal y como yo la conocía? Entonces se me ocurrió que cabría la posibilidad de que la temperatura del asteroide B 612 quizá fuese inferior a la que yo había dado por sentado. Quizá aquel niño diminuto poseyese unas extraordinarias capacidades de adaptación a ambientes adversos o podría ser también que aquellas extrañas ropas que vestía le proporcionasen un aislamiento térmico fuera de lo común. En fin, que me lancé al cálculo y obtuve que si la velocidad de las moléculas era de 1,7 cm/s, la temperatura del hogar del muchacho debería de ser aproximadamente de 0,3 millonésimas de kelvin, menos de 273 grados centígrados bajo cero. Ante tan decepcionante resultado y apunto de romper a llorar de impotencia científica, mi mente escrutadora y analítica buscó un consuelo menor en el hecho de que temperaturas incluso inferiores se habían alcanzado en los laboratorios terrícolas. Apesadumbrado, hice un último intento desesperado de que mejorasen las cosas y procedí a introducir en la ecuación el segundo valor de la velocidad de escape, el que había determinado suponiendo que el puñetero planetita canijo tenía la densidad de una enana blanca, es decir, los impresionantes 14 m/s. Y otra vez la implacable verdad de las matemáticas volvía a golpearme sin piedad. Ahora resultaba que la temperatura podría ascender hasta el achicharrante valor de 0,23 kelvin. Dios, esto era de locos. Aquel niñato de los coj… parecía desafiar todos mis conocimientos teóricos del mundo físico.

En un intento desesperado de encontrar una solución racional, abandoné la ciencia y seguí avanzando en la lectura del libro con la esperanza de que el autor desvelase el misterio. No sé, que todo hubiera sido un sueño del protagonista, como en tantas y tantas películas con final original o algo parecido. Pero, horror, la cosa parecía empeorar. Un poco más adelante descubrí una frase que decía así: “sobre tu pequeño planeta te bastaba arrastrar la silla algunos pasos para presenciar el crepúsculo cada vez que lo deseabas […] ” Y poco después: “¡ Un día vi ponerse el sol 43 veces !”

Viendo que aún me faltaban unas 20 páginas para llegar al final y que quizá allí estuviese la respuesta a todas mis preguntas, seguí avanzando. El relato continuaba con el niñito molestoso relatando las aventuras que había corrido hasta llegar a la Tierra. Por lo visto, había hecho escala antes en otros seis planetas, todos de lo más extraños. Por ejemplo, en el quinto decía que habitaban tan sólo un farolero y su farol. Menuda bobada. ¿Para qué necesita un planeta con un solo habitante un farolero? Pensé un momento y me dije: “No te detengas, continúa o ta vas a volver majareta”. Vacilé un instante e hice caso a mi conciencia. Por fin una frase que encajaba: “Tu planeta es tan pequeño que puedes darle la vuelta en tres zancadas. No tienes que hacer más que caminar muy lentamente para quedar siempre al sol. Cuando quieras descansar, caminarás… y el día durará tanto tiempo cuanto quieras.” Esto empezaba a mejorar. Era capaz de entender la frase. En la Tierra también ocurría algo parecido. Si te movieses a la misma velocidad que gira nuestro planeta y en sentido contrario a la misma, siempre sería la misma hora. Ahora ya me estaba animando. Continué un poco más. Al llegar al sexto planeta, que era 10 veces más grande que el quinto, el muchachete éste, que volvía a serme simpático, se encontró con un geógrafo que se dedicaba todo el tiempo a levantar mapas de su planeta, pero decía que no podía saber si había océanos, montañas, ríos y desiertos. Armado con la confianza necesaria, volví a sucumbir a la tentación de hacer cálculos. Pensé en la distancia al horizonte que somos capaces de ver en un planeta como la Tierra y luego aplicar esto al mundo del geógrafo. Bien. Os cuento un poco de qué va esto del horizonte. Cuando miráis en dirección a una hermosa puesta de sol, por ejemplo, os habréis dado cuenta (si no hay obstáculos por delante) que vuestra vista alcanza hasta una determinada distancia y ésta es tanto mayor cuanto más alta sea vuestra posición, es decir, veis más lejos si os subís a lo alto de una azotea que desde la ventana del primer piso. La distancia al horizonte coincide con la distancia entre vuestros ojos y el punto más lejano que sois capaces de divisar. No se puede ver más allá por algo que ya sabía Cristóbal Colón y es que el mundo es redondo. Mediante un sencillo triángulo rectángulo se puede determinar que la distancia al horizonte depende del radio del planeta y de la altura sobre su superficie desde la cual observamos. Así, para la Tierra, el horizonte se encuentra a algo más de 5 km, siempre que miremos desde una altura de unos 2 metros. Si lo hiciéramos desde lo alto de un puente de 200 metros de altura, nuestra vista alcanzaría los 50 km. Como el quinto planeta del libro se podía recorrer de tres zancadas, suponiendo que cada zancada era de medio metro, el perímetro debía de ser de 1,5 metros y, por tanto, su radio de unos 25 centímetros. Esto proporcionaba el radio del planeta donde vivía el geógrafo y resultaba ser de 2,5 metros. Dando por hecho que la estatura de aquél sería semejante a la del muchacho y que rondaría el medio metro, deduje que la distancia al horizonte que podría ser capaz de visionar sería de casi 1,5 metros. No estaba nada mal para un mundo de 2,5 metros de radio. Era como si desde la Tierra fuésemos capaces de ver hasta casi 4000 km de distancia. Y eso sin necesidad de subirse a ninguna azotea ni puente. ¿Cómo era capaz aquel tipo de decir que no podía saber si en su planeta había accidentes geográficos? ¿Os imagináis mirar desde España y ser capaces de ver hasta Ucrania y no divisar monte ni río alguno?

Carmesí de furia, cogí el libro y lo arrojé contra una esquina de la habitación. Cayó con la portada hacia mí. Decía así: “El Principito”, por Antoine de Saint Exupéry. No he podido saber cómo acaba. Si queréis, podéis leerlo, aunque no os lo recomiendo. No hay quien lo entienda. ¡Menudo cuento!

15 comentarios

  1. Çhuffo // miércoles, mayo 16, 2007 12:26:00 AM  

    D.E.P. la física.
    Entonces ahora queda todo clarito, Superman existe, y todo lo que nos has contado, es un cuento. ¿Mmm?

    ¡Ahh, es un cuento! ¡El principito es un cuento! Ufff, menos mal.

    Me acuerdo de cuando en las clases de francés en el colegio nos obligaron a leerlo, y lo peor de todo, en francés.

    ¿Cómo puede una boa comerse un elefante, aunque sea indio?

  2. DrakeEpsilon // miércoles, mayo 16, 2007 10:09:00 PM  

    "El principito"... solo puedo decir que tal cantidad de sucesos extraños se podrian justificar con magia...

    Pero veamos... ¿la magia desafia a la fisica o se rige de ella? Creo que debo leer Harry Potter por si acaso...

    Ja ja ja ja ja ja ja ja...

  3. Salvador // jueves, mayo 17, 2007 9:40:00 AM  

    Te felicito por tu blog. Un saludo desde labellateoria, un sitio parecido al planeta del principito :)

  4. Anónimo // jueves, mayo 17, 2007 11:52:00 AM  

    jajajajaja

    Que sepas que te he coronado como dios personal e intransferible, tras leer esto te tengo tanta estima como Gaius Balthar

    ¿Has publicado algo? ¿Vas a publicarlo? ¿Cuando? ¿Que?

    Y ¿Tu eres profesor de universidad?.... en fin... solo puedo decir que tengo muchísima envidia de tus alumnos.

  5. Sergio L. Palacios // jueves, mayo 17, 2007 12:10:00 PM  

    Buf, me abruman tus elogios. Nunca me habían elegido dios, pero, en fin, bienvenido sea. En cuanto a lo que dices que si soy profesor de universidad, pues nadie es perfecto. Otros son políticos y cosas más raras he presenciado. En fin, no creo que mis alumnos piensen igual que tú, sobre todo después de los exámenes. Por cierto, no sé a qué te refieres con lo de publicar. Publicar, publicar, lo que se dice publicar, publico este blog y estoy escribiendo un libro donde contaré estas y otras aventuras. Además, he publicado artículos de investigación sobre guías ópticas de niobato de litio, solitones ópticos en medios no lineales y alguna que otra maravilla sobre las propiedades magnéticas del hierro en su configuración cristalina fcc. Pero no creo que te refieras a esto. Volviendo al blog, te doy la bienvenida y espero que se lo cuentes a mucha gente que conozcas o quisieras conocer. Yo, por mi parte, tengo miles de ideas para futuros posts que bullen en mi mente calenturienta. Un saludo.

  6. Fabian Julio // jueves, mayo 17, 2007 8:06:00 PM  

    Sabes lo que pasa Sergio...

    Que lo esencial es invisible a los ojos.... ;)

    PD: No entiendo por qué hacían leer el Principito en francés, será que algún bruto maestro no sabía que la edición original del mismo es en hermoso castellano (Saint Exuperi lo publicó aquí en Argentina, antes que en cualquier otra parte del mundo. Aquí mismo fundó el primer servicio postal aereo del mundo)

  7. Sergio L. Palacios // jueves, mayo 17, 2007 8:14:00 PM  

    Totalmente de acuerdo contigo, Fabian Julio. Y yo añadiría que, además de invisible, es intangible.
    No sabía lo de Saint Exupéry. ¿En serio que la primera edición fue en español? Alucinante.
    Un saludo para toda Argentina.

  8. Pedro M. // viernes, mayo 18, 2007 12:54:00 PM  

    Creo que el principito no es una historia de ciencia ficción al uso susceptible de lúdica investigación científica, si bien, también es cierto que todo es interesante de ser desmenuzado.

    El fin de la física no es ni más ni menos que el estudio de la naturaleza, no el de los cuentos :-)
    Nota: Recuerdo que me gustó mucho la dedicatoria del librito, es muy conmovedora.

  9. Lucia // sábado, mayo 19, 2007 2:53:00 PM  

    El libro es precioso, no es un libro de ciencia ficción y no merece ser analizado ni ridiculizado desde ese punto de vista... espero que el análisis se haya hecho solo desde un punto de vista lúdico y no de crítica, de otra manera me parecería muy triste que no se haya captado ninguno de los multiples mensajes ocultos en el libro solo por encontrarle los fallos fisicos.

    jeje despues de dicho esto, mis mas sinceras felicitaciones por el resto del blog, muy interesante y ameno, pero es que con el principito has tocado mi punto debil.

    Besitos!

  10. Cristina // jueves, mayo 31, 2007 9:18:00 PM  

    Prof. Palacios:

    Me pareció excelente la idea de vincular la física con un libro tan hermoso como El Principito. Soy profesora de Física y una de las cosas más difíciles para los chicos es relacionarla con su vida cotidiana. Gracias por los saludos para Argentina, yo también soy de ese país

  11. Sergio L. Palacios // jueves, mayo 31, 2007 9:31:00 PM  

    Gracias, Cristina. Ánimo y suerte con tus estudiantes.

  12. Adan // martes, octubre 16, 2007 1:20:00 AM  

    Vaya, cuando ví la imagen de cabecera del blog imaginé que era un necro-principito o algo así, en su pequeño planeta. Luego pensé que mis conexiones neuronales están averiadas haciendo que relacione conceptos de forma anómala (aunque de interés para la ciencia médica).

    Así que me alegro de ver al fin la relación. Soy alumno tuyo en FíCiFi (perdona que lo abrevie, pero Física en la Ciencia-Ficción es largo (vaya, ahora he tecleado incluso más)) este año, y paseando por los posts recientes vi en un comentario que remitías a este artículo a alguien que comentaba algo sobre dicha imagen. Qué sorpresa, qué placer, descubrir que aún no soy un caso patológico (o que al menos puedo descartar esta evidencia). Me alegró haber acertado.
    Respecto al post, disfruté leyéndolo, pero no tanto como leyendo el libro. Precisamente porque me gusta la ciencia, me gusta la fantasía y la magia donde las zarpas de las leyes naturales no extienden sus limitaciones terrenales. Qué bonito libro, el Principito. ¿Si me leo "El juego de Ender" o "¿Sueñan los androides con ovejas mecánicas?" para este cuatrimestre, te lo acabarías? jejeje, supongo que no. Puede que los lea de todas formas.

    Un saludo, a ver si voy leyendo algunos de tus posts antiguos a lo largo del curso (que de una sentada es una sobrecarga de información).

    Adan.


    PD: Y ya que el último comentario es de mayo, espero que este sea leído si no por otros lectores al menos por tí, tarde o temprano.

    PPD: Acabo de descubrir que el blog tiene moderación de comentarios, lo cual implica que necesariamente tengas constancia de este comentario. (Parece ser que prefiero escribir doble a borrar).

  13. Sergio L. Palacios // martes, octubre 16, 2007 8:36:00 AM  

    Leído queda tu comentario. Por supuesto que te recomiendo fervientemente que leas los dos libros que citas. Son obras maestras, sin duda.

  14. Sara // martes, noviembre 20, 2007 12:14:00 PM  

    Adultos teniais que ser.. si no entendeis este libro es porque sois hombres serios...tantos numeros os encantan y este libro no esta escrito para unos ojos tan ciegos como los vuestros... ¿podeis darme una cantidad para demostrarme cuanto se puede llegar a amar? ¿podeis calcular el número de nubes, árboles o flores que hay en el dibujo de un niño de 4 años? creo que a lo largo de nuestras vidas todos sonreimos por secretos, por algo que no vemos... y no.. no son números, no es ciencia, no es física, son valores invisibles, esos que hacen que cada día tenga sentido... me da mucha pena que veais este libro tan bonito desde ese punto de vista y que se pueda perder el tiempo de esa forma, calculando las cosas que menos importan, sin aprender esos secretos.
    Es un cuento y como cuento no importa donde suceda, que se respire ni quien hable... ¿o hablan los zorros o las serpientes...? ¿se respira el amor o la magia de un lugar? ahí estan los secretos de esta vida.. para terminar solo os quiero decir que aunque no lo sepais vosotros mismos estais domesticados como lo está el principito. Los numeros, la física, la ciencia.. os han conseguido domesticar. Al zorro que se dejó domesticar por el principito los campos de trigo le recordaban a su amado principito,a vosotros un libro como este ya os hace pensar en vuestros números.

  15. Sergio L. Palacios // martes, noviembre 20, 2007 12:45:00 PM  

    Querida Sara. Te diré tres cosas:

    1.- Llegas 6 meses tarde a esta discusión. En su momento, tenía fuerzas para argumentar. Ahora estoy un poco desganado.

    2.- Dices que no entendemos este libro porque somos hombres serios (hombres, hombres, digo yo que alguna mujer habrá ¿no?). Yo creo que tú también eres tan seria que no has entendido ni el post ni la filosofía del blog en su totalidad.

    3.- Si lees atentamente los comentarios, verás que hay gente que sí ha sabido leer entre líneas.

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