17 febrero 2009

Escudos de fuerza: mito o realidad

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La tecnología actual aún está lejos de conseguir escudos o campos de fuerza tales como los que aparecen en el cine o la literatura de ciencia ficción. Y la razón fundamental es que resulta prácticamente imposible que uno de estos dispositivos sea capaz de repeler o rechazar el ataque de todo tipo de amenazas, sean de la naturaleza que sean: rayos láser, torpedos fotónicos, misiles guiados, bombas termonucleares, incluso cuchillos o espadas, como sucede en la célebre novela de Frank Herbert, Dune, o en la película homónima de David Lynch.

En la entrada anterior sobre el tema de los escudos de fuerza, os había contado que ninguna de las cuatro interacciones o fuerzas fundamentales de la naturaleza presentaba las propiedades requeridas para comportarse de forma parecida a como suelen hacer en el cine los escudos protectores omnipotentes. Sin embargo, asimismo os dejé una puerta abierta a la esperanza. Veamos a qué me refiero en concreto con esto.

El profesor Jim Al-Khalili, afirma Paul Parsons en su libro The science of doctor Who, propone utilizar la fuerza electromagnética como fundamento a la hora de construir un escudo de fuerza. Si recordáis, el inconveniente que presentaba utilizar la fuerza electromagnética para repeler potenciales armas mortíferas era la ausencia de carga eléctrica neta del objeto que incidiese sobre la región protegida por el escudo. Pues bien, una posible solución a este inconveniente podría consistir en bombardear dicho objeto con un haz de positrones (antipartículas de los electrones), con lo cual se aniquilarían una parte de los electrones del mismo. Como resultado, el arma quedaría con una carga neta positiva y podría ser desviada o rechazada mediante el empleo de campos eléctricos o magnéticos. No está nada mal como solución parcial, pues seguimos teniendo el problema de su ineficacia ante ataques con rayos láser, por ejemplo. En el mismo libro se propone una solución viable para desviar ataques con mortíferas radiaciones electromagnéticas. Haciendo uso de un efecto cuántico como el scattering Delbrück, los fotones de un láser serían susceptibles de ser desviados con campos eléctricos. Para ello, bastaría que se transformasen en pares electrón-positrón, impidiéndoles a estas dos partículas volver a recombinarse en un nuevo fotón eléctricamente neutro y, por tanto, inmune a la fuerza electromagnética.



Otra idea posible para construir un escudo de fuerza similar a los maravillosos artilugios de la ciencia ficción ha sido propuesta por el profesor Michio Kaku, quien en su libro The physics of the impossible, sugiere una disposición sucesiva de tres fases: una primera constituida por una ventana de plasma de alta temperatura encargada de vaporizar objetos sólidos, una intermedia formada por una sucesión de miles de haces láser entrecruzados que también estarían destinados a vaporizar posibles armas amenazadoras y, finalmente, una red hecha a base de nanotubos de carbono encargada de ejercer una fuerza repulsiva descomunal a semejanza de una malla elástica superfuerte. Me detendré un poco en la primera de estas tres etapas.

Una ventana de plasma es, como su propio nombre indica, una estructura en forma de lámina constituida por un gas ionizado a altísima temperatura (unos 10.000-15.000 grados) y confinado mediante campos eléctricos y magnéticos. Fue patentada (con el número 5578831) por Ady Hershcovitch en 1995, mientras trabajaba en el Brookhaven National Laboratory. Los resultados fueron publicados en el volumen 78 de la prestigiosa revista Journal of Applied Physics. Su utilidad consiste en separar dos regiones físicas que se encuentren a distintas presiones, siendo comúnmente una de ellas el vacío. Para aquellos de vosotros que seáis aficionados a la serie original de Star Trek, seguro que semejante comportamiento os resultará muy familiar, ya que un dispositivo muy similar se empleaba para separar la atmósfera de una nave espacial atracada del vacío del espacio exterior. Si se pudiesen obtener plasmas a temperaturas arbitrariamente altas, y a decir verdad no existe ninguna ley física que impida esto, la idea del profesor Kaku podría funcionar ya que la ventana sería capaz de vaporizar prácticamente cualquier material. Únicamente habría que reducir el consumo energético de la lámina, el cual limita seriamente el tamaño de la misma (unos 8 kW por cada centímetro de diámetro).



Pero no creáis que la idea subyacente tras el concepto de escudo de fuerza únicamente tiene su utilidad en violentas guerras interestelares o invasiones alienígenas. Nada más lejos de la realidad. Mucho menos romántico, aunque igualmente emocionante resulta proteger a los astronautas en misiones más allá de la capa protectora de nuestra atmósfera. En efecto, la Tierra se encuentra rodeada por una región de campo magnético (la magnetosfera) que nos protege de las partículas cargadas eléctricamente procedentes del Sol o de los rayos cósmicos de alta energía procedentes del espacio. Cuando nuestras misiones espaciales se encuentran más allá de esta barrera protectora, los efectos de este bombardeo continuo pueden resultar enormemente peligrosos, tanto para la salud de los astronautas como para los propios instrumentos de a bordo. Recientemente, se ha descubierto que el campo magnético protector de la Tierra no es siempre igual de efectivo, sino que esta efectividad depende, a su vez, de la orientación del campo magnético solar. Así, cuando ambos campos están alineados (polo norte solar con polo norte terrestre), el flujo de partículas nocivas que penetran en nuestra atmósfera es hasta veinte veces mayor que cuando los campos magnéticos están antialineados (polo norte solar con polo sur terrestre). La doctora Ruth Bamford y un equipo de colaboradores formado por investigadores del Reino Unido, Suecia y Portugal han propuesto el año pasado, en un artículo publicado en el volumen 50 de la revista Plasma Physics and Controlled Fusion, el diseño de una pequeña magnetosfera artificial con la que rodear la nave espacial y blindar el interior de la misma ante un potencial chorro de partículas cargadas de alta energía. La extensión de este escudo protector abarcaría unos 100-200 metros de diámetro y se requerirían unos campos magnéticos de tan sólo 1 Tesla de intensidad. Los autores del trabajo piensan que en unos cinco años podría disponerse de un prototipo.

Tampoco hay que ascender hasta el espacio interplanetario para encontrarse con barreras protectoras a modo de escudos infranqueables. Sin ir más lejos, los aviones comerciales están siendo equipados ya con materiales antibomba, en particular las puertas que dan acceso a las cabinas de los pilotos o los contenedores para el equipaje e incluso se pretende llevar a cabo lo mismo con el fuselaje (la compañía Telair International está desarrollando tales materiales, formados por kevlar, la materia prima de los chalecos antibalas, y otros componentes). Y descendiendo un poco más hasta el nivel del suelo, encontramos el TROPHY, un sistema de defensa activa diseñado por RAFAEL (empresa israelí dedicada al desarrollo armamentístico). Consiste en la detección del elemento amenazador (misil guiado o cohete) en todo el espacio (360º) que rodea al sistema protegido (normalmente, un tanque o un vehículo anfibio), y el posterior lanzamiento de un haz e interceptación de aquel, típicamente a una distancia prudencial de entre unos 10 y unos 30 metros del objetivo. Su creador afirma que está ideado para enfrentarse a múltiples amenazas simultáneas procedentes de distintas direcciones y que es operativo en todo tipo de terrenos, ya sean urbanos o en campo abierto y en todo tipo de condiciones atmosféricas.



Aunque todas las ideas expuestas en los párrafos anteriores constituyen soluciones más o menos cercanas a los míticos escudos de fuerza reflejados en la ciencia ficción, ninguno de ellos cumple en su totalidad con las propiedades que parecen mostrar éstos. Sin embargo, conviene recordar la cantidad de veces que algún científico famoso ha afirmado que un determinado logro resultaría imposible en el futuro, para darse cuenta de la cantidad de veces que ha metido la pata. Nunca digáis “de esta agua no beberé…”.

16 comentarios:

unora dijo...

Je, je que casualidad ;)

darkel dijo...

bien, yo tengo una pregunta a ver si me la puedes contestar, aunque sea utópicamente.
Supongamos, que una nave espacial de guerra armada con cañones tiene un escudo de estos, por ejemplo el de 3 capas y supongamos que funciona como debe.
Si repele a las partículas del exterior, ¿no repelería tambien a las del interior, en este caso a los disparos de los cañones de la nave?
porque me parece un poco cansado tener que apagar el escudo cada vez que se quiera atacar:D

Evil Preacher dijo...

El de Dune es un poco diferente de los típicos; en realidad no protege de cuchillos y espadas, justamente son las armas blancas (también dardos) las únicas capaces de atravesarlos, si se hace con suavidad; sin embargo, proyectiles más rápidos, como balas de pistola son rechazados.
En realidad, es un artificio para introducir duelos con arma blanca y luchas cuerpo a cuerpo en la narración, más románticos que las actuales batallas a distancia; no parece que haya nada parecido en las ideas y proyectos que describes en el post; lástima, estaría bien volver a tener que matar a la gente de uno en uno en las guerras en lugar de en cantidades industriales.

Evil Preacher dijo...

¡Ah! Que no te he dicho nada todavía: me encanta el nuevo aspecto de tu blog. En el perfil veo que te comportas como onda y como partícula: esa dualidad explica porqué nos iluminas con tu saber.

Javier dijo...

Una idea más para la lista; cargar eléctricamente algún tipo de gas adecuado y luego soltarlo entorno a la nave espacial reteniéndolo con un campo magnético. Es de suponer que la extensión de la atmósfera artificial sería de muchos kilómetros, dependiendo de la densidad del mismo, así que es lógico imaginar que solo sería "rentable" para vehículos espaciales muy grandes, haciendo que la propia masa del ingenio ayude a retenerla o con misiones peligrosas tales como un viaje interestelar en el que las partículas a alta velocidad serían un gran problema.

Asgard dijo...

No sé si será cosa de mi explorador (firefox under mandriva), pero la página no se me ve entera, tengo que desplazarme a la derecha para poder leer el texto. A alguien más le pasa?

Parece que un "campo de fuerza" en varias capas podría ser una buena solución. Por lo menos, la más "barata"

Zeros dijo...

Vaya, la descripción que ha dado Evil Preacher del escudo de Dune me recuerda muchísimo al campo de estasis de "La Guerra interminable", dentro del cual, cualquier cosa que se moviese por encima de una velocidad dada (no me acuerdo de cuál era), no podía entrar, y por tanto, tenían que luchar con espadas y lanzas...

Acerca de la mención que haces de crear un campo magnético para proteger naves espaciales, hace tiempo leí que los campos magnéticos creados para confinar el plasma utilizado en un nuevo motor que se esta desarrollando en la Nasa, el VASIMR, podrían servir a ese propósito.

La verdad es que no tengo noticias suyas desde hace años, pero era realmente bueno, tal como lo contaban.

Evil Preacher dijo...

Asgard, yo tengo el mismo problema, todo se ve desplazado a la derecha.

Sergio L. Palacios dijo...

Pues a ver si alguien me da una solución. Pero la quiero detallada porque si no me parece que va a ser imposible ya que las plantillas y el lenguaje HTML son un misterio para mí. ¿Qué tengo que cambiar, dónde y cómo para que se pueda ver en todos los monitores y en todos los navegadores?

Darkel:

Evidentemente, el escudo funcionará de igual manera en los dos sentidos. Mala suerte. Date cuenta que un escudo es un sistema de defensa, nunca de ataque. Se trata de desanimar y aburrir al enemigo hasta que se canse de dispararte ;-). Quizá diseñando el campo eléctrico o magnético de alguna forma especial pudiésemos hacer que los misiles enemigos se alejasen de nuestra nave pero los enviados por nosotros se acercasen a la nave enemiga. Todo sería pensarlo... Pero me temo que una malla de láseres y otra de nanotubos de carbono serían igual de efectivas en ambos sentidos.

Sergio L. Palacios dijo...

En cuanto a los escudos personales de Dune, podrían tener una cierta justificación en las denominadas corrientes de Foucault. Cuando un metal conductor (espada, cuchillo o similar) se introduce en una región donde hay un campo magnético, sobre aquél aparecen corrientes eléctricas inducidas. El efecto que producen sobre el metal es calentarlo, haciendo que pierda su energía cinética (velocidad) al penetrar en dicha región de campo magnético (el escudo). Dicho efecto es tanto mayor cuanto más rápidamente se introduzca el metal en el escudo. Por eso las armas rápidas (balas) pierden enseguida su velocidad y se convierten en inofensivas. Los cuchillos, espadas y demás armas lentas sufren un efecto mucho menor y por eso traspasan el escudo. Ahora bien, ¿qué pasaría si las balas fuesen de un material no conductor de la electricidad?

Jorge dijo...

Vaya, pues antes de hacer mi comentario tuve el placer de leer todas las entradas anteriores, y cuando digo todas es todas :D, y realmente es fabuloso el estilo y la manera que tiene de iniciar el gusto por la física, me ha interesado mucho la entrada de hoy y la anterior acerca de los escudos de fuerza, y de lo poco que sé me maravilla aun más...
Pero aun así me quedo pensando en lo que leí hace poco acerca de un escudo muy diferente a los que expone; en el libro "El décimo planeta" de Dean Wesley y Kristine Kathryn, se habla de un campo que no solo repele las armas conocidas por el hombre sino que además absorbe su energía, desde la explosión de un misil hasta la energía de los seres vivos, pasando por baterías y motores, dejandolos inútiles; y mi pregunta sería, ¿qué tan real podría ser un escudo así?
Un saludo y como a muchos, es un gusto leer este blog...

Anarelion dijo...

Tambien estan los escudos de "La paja en el ojo de Dios" y "El tercer brazo" - Larry niven + jerry pournelle. Son escudos que no dejan pasar nada en ninguno de los dos sentidos, y lo que hacen al absorber radiaciones es calentarse y radian energia en forma de calor enfriandose, cuando llegan al blanco normalmente revientan y sueltan de pronto toda la energia acumulada, la mayor parte hacia dentro, vaporizando la nave en cuestion.

Evil Preacher dijo...

Muy buena la hipótesis de los escudos de Dune. En la superficie de Arrakis no convenía usarlos (parece que atraen a los gusanos) pero, a demás, los cuchillos que usan no son metálicos, sino que los fabrican a partir de dientes de gusano.

jose dijo...

A mí me interesa la idea que proponía Asimov en uno de sus relatos cortos, donde proponía campos de fuerza atómica, sin átomos, es decir producir la fuerza que da consistencia a la materia, sin necesidad de átomos que la sustenten, puede que los requisitos energéticos lo hagan imposible según la física actual o que existan otros impedimentos, pero teniendo en cuenta que el buen doctor Asimov era precisamente doctor en física y algunas cosas mas si no me falla la memoria, supongo que algún fundamento científico tendría, así que lo que me interesa es saber es si la física de hoy día refuerza esta propuesta de Asimov o la desmiente.
La verdad es que parece lógico, por que a fin de cuentas lo que da sus propiedades físicas a la materia es la fuerza atómica, los átomos en si nunca se tocan y la mayor parte de la materia es espacio vacío, así que si pudiéramos producir fuerza atómica sin necesidad de átomos, sería lógico pensar que podríamos simular las propiedades de la materia con la ventaja que tiene la energía de ser graduada y controlada, con lo que se conseguiría simular materiales súper densos o súper elásticos etc.... solo con la fuerza atómica, por eso me gustaría conocer las pegas de esta idea por parte de los que saben mas física que yo.

Sergio L. Palacios dijo...

Jose:

No tengo ni idea de cómo producir campos de fuerza interatómica eliminando los átomos. Creo que te refieres al relato corto de Asimov titulado "No tan definitivo". Por cierto, no era doctor en física, sino bioquímico.

ZardoZ dijo...

"Una idea más para la lista; cargar eléctricamente algún tipo de gas adecuado y luego soltarlo entorno a la nave espacial reteniéndolo con un campo magnético."

Eso es (o se acerca muchísimo) a la "atomosfera" de la nave "El Rayo" de George H.White