24 septiembre 2009

Aprendiendo a ser Dios (2ª parte)

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Dedicatoria: Para Sophie también. Quedaba un poco feo incompleto, ¿verdad?

La historia de Frankenstein o el moderno Prometeo es bien conocida. Su autora, una jovencísima Mary Shelley, se había casado en 1816 con el poeta Percy B. Shelley. Durante el verano de 1816, la feliz pareja estaba pasando unos días de asueto en la Villa Diodati, la casa de Lord Byron cerca del lago Ginebra (Suiza), en compañía del médico de Byron, John W. Polidori y de Claire Clairmont, embarazada del poeta. En una tarde de tormenta, que imposibilitaba el paseo, decidieron permanecer en casa. Para combatir el tedio, se propuso que todos y cada uno escribiesen una historia de terror. Dos años más tarde, una de las más célebres novelas de la Historia vería la luz.

El protagonista de la novela, el joven suizo Victor Frankenstein viaja a la universidad de Ingolstadt para estudiar medicina. Su obsesión es la "fuente", la "chispa" capaz de generar la vida. Su idea le lleva a juntar partes distintas de cuerpos pertenecientes a cadáveres y a galvanizarlos.

Aunque ahora mismo no recuerdo si en la novela Mary Shelley hace usar la electricidad al doctor Frankenstein para animar a su criatura, la verdad es que Mary no sacó sus ideas de la nada. Su marido, Percy Shelley, siempre había mostrado interés por la alquimia y, en especial, por el trabajo de Paracelso, un controvertido médico del siglo XVI. Éste había sugerido que utilizando esperma humano magnetizado (se necesita ser guarro para ponerse un imán en las pelotas) se podía crear un "homúnculo", un hombre sin alma idéntico a su creador y que se alimenta de su sangre, casi no duerme y se le puede reconocer fácilmente por su tamaño, pues no supera los 30 cm.

La receta exacta para crear un homúnculo consistía en disponer una bolsa en la que se introducían huesos, esperma, fragmentos de piel y pelo de animal. Se enterraba todo rodeado de estiércol de caballo durante 40 días y listo. El problema del descenso demográfico solucionado. Existían, asimismo, variantes del procedimiento anterior. Una de ellas tenía que ver con la mandrágora, ya que se creía que esta planta crecía en la tierra donde se derramaba el semen de los ahorcados (¿todos los ahorcados mueren empalmados?). La raíz de la mandrágora debía alimentarse con leche y miel, o incluso con sangre (en la película El laberinto del fauno se puede encontrar una escena donde se pone de manifiesto semejante costumbre). Por último, otra variante comúnmente empleada para crear homúnculos era introducir esperma humano en el interior de un huevo de gallina negra y dejar germinar el potingue así generado. Al igual que la criatura del doctor Frankenstein, los homúnculos se rebelaban contra sus creadores y huían al poco tiempo de haber sido creados.

Aunque se sabe que Mary Shelley tenía conocimiento de todas estas creencias y también de los experimentos de Galvani, Volta, Aldini y otros, con su doctor Victor Frankenstein las fuentes de su inspiración no parecen tan claras. Podría quizá haber sabido de las andanzas de un tal Karl August Weinhold, quien había sido el médico real de Prusia desde 1817 hasta su muerte, en 1829. El aspecto físico de Weinhold era un tanto "peculiar". Tenía una cabeza más bien pequeña y los brazos y piernas muy largos en comparación, carecía absolutamente de barba, con un aspecto feminoide y, según su autopsia, los genitales visiblemente deformes. Este individuo preconizaba como método para acabar con la pobreza la supresión del alimento a los pobres, a los mendigos y propugnaba la contracepción mediante la colocación de un aro o anillo alrededor del escroto de los mismos. Insistía en que la electricidad podría devolver los muertos a la vida; de hecho, afirmaba haberlo conseguido en su laboratorio utilizando gatos en sus experimentos, a los que les extirpaba el cerebro y la médula espinal, sustituyéndola por baterías eléctricas bimetálicas. Weinhold aseguraba que sus gatos resucitados podían incluso ver y oír.

El asunto de formar una criatura a partir de pedazos de cadáveres provoca nuestros miedos más profundamente arraigados. El ser monstruoso, el engendro creado por el doctor Frankenstein representa uno de los iconos más reconocibles del terror. Los experimentos sobre galvanismo se practicaban con la creencia en que la materia inanimada podía ser devuelta, de alguna manera, a la vida y la materia prima más adecuada con la que poder demostrar las teorías eran los cadáveres de los ajusticiados o de otras personas fallecidas cuyos cuerpos eran vendidos por sus familiares para poder sufragar los costes de sus propios funerales. Estos cuerpos, normalmente, eran adquiridos por las facultades de medicina, donde los estudiantes asistían a disecciones siempre practicadas por un profesor de anatomía. A principios del siglo XIX, en Londres el tiempo de espera de un estudiante para poder asistir a una disección rondaba los 30 días, mientras que en Glasgow este plazo se reducía a tan sólo 3-4 días. Las únicas vías legales de conseguir cuerpos era a través del consentimiento de la familia o provenientes de los patíbulos. De esta manera, empezaron los robos de cadáveres de las tumbas llevados a cabo por los a partir de entonces conocidos como los "resurreccionistas" o "resucitadores", siempre amparados por la falta de alumbrado eléctrico en aquella época. Estos individuos tenían atemorizada a la ciudad hasta tal punto que llegaron a instalarse trampas en las tumbas, con pistolas que se disparaban automáticamente sobre el que osara profanarlas.

Entre 1827 y 1828, dos asesinos en serie, William Burke y William Hare, llegaron a asesinar a 17 personas en Edimburgo (Escocia). Los cuerpos de los cadáveres fueron vendidos al doctor Robert Knox, del colegio médico de la misma ciudad. El precio estipulado por cada cuerpo ascendió a 15 libras. Hare testificó en el juicio contra su compañero de fechorías y Burke fue ajusticiado públicamente en enero de 1829. Tres años más tarde, en 1832, el Parlamento creó una ley para abastecer de cadáveres las aulas universitarias. Los cuerpos provendrían de trabajadores, hospitales, prisiones y familias pobres que accediesen a venderlos.

Mathew Clydesdale fue uno de esos condenados a muerte que, tras su ejecución el 4 de noviembre de 1818, sería puesto a disposición de los cirujanos James Jeffray y Andrew Ure. Conducido al cadalso por el verdugo Tammas Young, donde esperaba una gran multitud, fue colgado durante una hora, hasta asegurarse de su muerte. Una vez fallecido, su cuerpo fue conducido hasta la sala de disección, donde sería sometido a unas experiencias sobre galvanismo sin precedentes hasta aquella época. Sobre una silla, y ante la mirada atónita del público, el pecho de Clydesdale se hinchó al serle aplicada la corriente eléctrica, la lengua salió de la boca y sus ojos se abrieron. La cabeza, los brazos y las piernas se movieron e incluso hizo un débil gesto de levantarse de la silla sobre la que estaba sentado, todo ello como si hubiese vuelto a la vida desde más allá de las tinieblas de la muerte. Jeffray, horrorizado ante semejante visión, cogió un escalpelo y lo hundió en la yugular del reanimado Clydesdale, quien cayó estrepitosamente al suelo. Las convulsiones de su cuerpo eran tan fuertes que los miembros salieron despedidos en todas direcciones.

A pesar de la notoriedad que alcanzó con la disección y galvanización del cadáver de Mathew Clydesdale, el profesor Andrew Ure siempre admitió que su interés no era crear vida, sino más bien recuperarla, sobre todo en gente recién ahogada o que había fallecido hacía poco tiempo. Ure estableció las bases de lo que actualmente conocemos como desfibrilador.

El interés en el galvanismo decreció rápidamente a partir de 1830, quizás debido a la imposibilidad de reanimar el corazón. En 1849, Emil du Bois-Reymond desarrolló un galvanómetro capaz de medir la corriente eléctrica de la actividad muscular. Al año siguiente, Hermann von Helmholtz demostró que la electricidad viajaba por los nervios de las ranas a velocidades comprendidas entre 35 y 40 metros por segundo, prácticamente igual que en los seres humanos. No fue hasta 1899 cuando dos científicos suizos, Jean-Louis Prévost y Frederic Battelli, descubrieron que una pequeña descarga eléctrica podía producir fibrilación ventricular en perros, mientras que otra algo mayor podía devolver el corazón a su ritmo normal. Frankenstein o el moderno Prometeo llevaba publicado más de 80 años y hacía casi siglo y medio que Benjamin Franklin había demostrado que los rayos de tormenta no eran otra cosa que un fenómeno eléctrico.


Fuente: Raising the Dead, by Andy Dougan. Birlinn Limited, 2008.

11 comentarios:

Iván dijo...

Solo una nota: donde dices "Las convulsiones de su cuerpo eran tan fuertes que los miembros salieron despedidos en todas direcciones" estás empleando un poco de licencia literaria, ¿no? Me cuesta imaginar una escena a lo Misión a Marte, sólo que sin tornado (ya me costó creérmelo con tornado, de veras). Por demás, muchas gracias por una historia tan fascinante.

Sergio L. Palacios dijo...

Claro, por supuesto. Los miembros no fueron arrancados del cuerpo, sino que fueron sacudidos en todas direcciones. Quizá debería corregirlo, aunque tampoco creí que te lo tomarías al pie de la letra ;-)

Gracias por haberlo disfrutado.

Wis_Alien dijo...

Joer, pues sí que es guarro eso de ponerse un imán alrededor de las pelotas, eh?? xDD

PD: Sophie debe estar encantada :P

Sophie dijo...

Yo estoy disfrutando como una enana y esperando que haya 3ª parte :) Ojalá me hubieran contado Historia de la Medicina así en la facultad, porque a las 2 de la tarde no estaba yo para aguantar a Paracelso ni a Heródoto, trabajito me costaba no quedarme dormida y roncando en estéreo y dolby surround...aunque de vez en cuando contaran algo interesante que lograra que permaneciera atenta...

Jordi dijo...

Hola Sergio, felicidades por el blog.
A la pregunta ¿todos los ahorcados mueren empalmados? la respuesta es no.
Me explico: si el ahorcamiento se hace correctamente, se tiene en cuenta el peso del ajusticiado y la longitud de la cuerda para que la masa resultante en el momento en el que la cuerda se tensa provoque la seccion completa de la columna vertebral y con ella la medula espinal. Esto provoca una muerte immediata e indolora, pero ademas tiene un curioso efecto secundario: una erección instantanea (conocida como priapismo) acompañada de una eyaculacion involuntaria. Si la cuerda es demasiado corta, el reo muere asfixiado, en una agonia de varios minutos.(Esto es lo que suele suceder en la mayoria de los suicidios por este metodo) Sea para evitar el dantesco espectaculo a la población o por piedad, los verdugos solian ser muy diestros en el ahorcamiento, o sea que se derramaba bastante semen en los patibulos.

EC-JPR dijo...

jejeje Me ha gustado eso del anillo escrotal como método anticonceptivo: toda una solución de baja tecnología :D Eso sí: si lo usas bien, sólo te hará falta una vez...
En cuanto a lo de Clydesdale, el muerto "galvanizado", dicen que en la silla eléctrica se pueden ver espectáculos similares.
Ah, y ahora que caigo en la cuenta: si te interesa el frikidato, el galvanismo no sólo se "aplica" hoy en día con la desfibrilación. La Terapia ElectroConvulsiva es un procedimiento empleado en Psiquiatría para determinadas esquizofrenias y depresiones. Consiste en aplicar dos electrodos en las sienes y dar una descarga, tras lo que se produce una especie de crisis epiléptica autolimitada (por seguridad, el enfermo está curarizado, para que no se rompa los músculos).

@Jordi:
Hmmm... No me termina de convencer. La erección y la eyaculación son reflejos que ocurren a nivel sacro, de modo que serían posibles en el caso de una sección medular. Ahora bien, ¿qué relación causal tiene aquí el ahorcamiento? Lo pregunto porque, aplicando la misma regla, las unidades de intensivos o los servicios de urgencias tienen que haber visto bastantes de esas... (imagínate qué gore, matarte con la moto y tener el calzoncillo lleno de requesón :S).

EC-JPR dijo...

Vaya, yo quería previsualizar el comentario, pero lo he publicado sin querer. Donde dije "rompa los músculos" debía decir "rompa los huesos". Perdón por el gazapo.

Jordi dijo...

@ EC-JPR
La verdad es que no conozco bien la mecánica del proceso en los ahorcados, pero si te puedo decir que en atención pre-hospitalaria, donde llevo años moviéndome, el priapismo es un síntoma de lesión medular que se ve con relativa frecuencia. En cuanto a la eyaculación, la verdad es que es difícil de decir, ya que la enmascara la relajación de esfinteres, a parte de que solemos centrarnos en las funciones vitales básicas. Voy a investigar entre los facultativos, por que me ha picado la curiosidad.

Javier dijo...

Eh profe, esto le interesa: http://www.qwantz.com/fanart/superman.pdf

Sergio L. Palacios dijo...

Muchas gracias, Javier. Tiene una pinta estupenda, aunque sólo lo he ojeado por encima.

Anónimo dijo...

Muy, muy, muy bueno.
¡Menudo repasito!