26 enero 2009

El consultorio del profesor Enigma (2): Solución

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Bueno, bueno, bueno, queridos y queridas lectores y lectoras o viceversa, que tanto da como da tanto. Esta semana estoy bastante contento porque veo que ha habido muchos, muchos aciertos, tanto en lo que concierne al gazapo como al título de la película.

En efecto, se trataba de la producción Disney del año 1979 titulada The Black Hole. Literalmente, El Agujero Negro. Como debía de sonar muy mal por aquel entonces hablar de orificios oscuros, aquí nos dio por traducirlo de forma un tanto eufemística como El Abismo Negro.

En cuanto al gazapo, la verdad es que resulta evidente. Y es que dirigir una nave espacial hacia un agujero negro y gritar eso de "Campo de gravedad cero" pues como que suena bastante ridículo. De hecho, la fuerza gravitatoria es tan inmensa que ni siquiera la luz puede escapar a esa atracción fatal. Más aún, el gradiente de la misma fuerza gravitatoria es tan grande, que la diferencia entre las fuerzas que sintiesen la proa y la popa de la nave sería suficiente como para hacer pedazos a ésta. A veces, este efecto se conoce como "espaguetificación" o "espaguetización" y es típico de los campos gravitatorios muy intensos, como es el caso de un agujero negro. Aquí en la Tierra, nuestros pies también sienten una fuerza de atracción gravitatoria más grande que nuestra cabeza, ya que los primeros se encuentran más cerca del centro del planeta. Lo que sucede es que debido a la poca masa de éste, dicha diferencia es insignificante (0,000006 newton, aproximadamente).

Pero es que aquí no acaba la cosa. Veréis. En el post de la semana pasada, os transcribí el diálogo que tenía lugar en la escena de la película, tal cual salía de las bocas de los protagonistas en la versión doblada al español. A continuación, os voy a dejar los subtítulos correspondientes a la versión española (con faltas de ortografía incluidas) y a la versión original inglesa. Si comparáis las tres versiones para la primera frase, comprobaréis que el gazapo no ha sido solamente científico. Sin comentarios...

SUBTÍTULOS EN ESPAÑOL:

P1: - Hemos perdido el escudo.

P2: - Los mandos no responden.

P3: - Capitán, la nave está programada.

P2: - Según el rumbo de Reinhart.

P1: - ¿Nos dirigimos al agujero negro?

P2: - Sí.

P4: - Recemos porque fuera un genio.


SUBTÍTULOS EN INGLÉS:

P1: - Gravity force field is on!

P2: - Controls not responding.

P3: - captain, the ship has been programmed.

P2: - To Reinhardt's course.

P1: - You mean we're going into the black hole?

P2: - Yep.

P4: - Let's pray he was a genius.

19 enero 2009

El consultorio del profesor Enigma (2)

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Aquí os traigo el enigma de esta semana. Se trata de un extracto del diálogo entre los cuatro tripulantes de una nave espacial (esta vez intervienen los cuatro ;-)). A ver si adivináis la película a la que pertenece y me decís en qué consiste el gazapo. ¡Suerte a todas/todos!

P1: - Campo de gravedad cero.

P2: - Los mandos no responden.

P3: - Capitán, la nave está programada.

P2: - Reinhardt fijó el rumbo.

P1: - ¿Quieres decir que vamos hacia el abismo negro?

P2: - Sí.

P4: - Recemos por que fuese un genio.

¿Fácil, no?

15 enero 2009

La esmirriada criatura de la laguna negra

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Una expedición científica por el Amazonas realiza un descubrimiento sorprendente: una garra fosilizada perteneciente a una criatura anfibia enorme. De inmediato, comienzan a sucederse las muertes. Un monstruo sanguinario, “un eslabón perdido de la familia de los anfibios” habita en la Laguna Negra. Sin embargo, algo inesperado sucede. La feroz criatura, cual príncipe encantado al más puro estilo de La Bella y la Bestia, cae presa de los encantos femeninos de la neumática ayudante del jefe de la expedición y decide secuestrarla y llevársela a su gruta del amor, quién sabe con qué oscuros y libidinosos deseos, quizá de imposible reproducción entre especies. Por supuesto, el resto de los miembros del equipo deciden no abandonar a la chica a su suerte y emprenden su búsqueda, a la vez que intentan devolver al espeluznante engendro de la madre naturaleza a las oscuras aguas de las que procede.

Lo que acabáis de leer y yo de escribir se corresponde a una muy particular redacción del argumento correspondiente a la película La mujer y el monstruo (Creature from the black lagoon, 1954), dirigida por el gran Jack Arnold. La cinta gozó de un aceptable éxito en su tiempo, lo que provocó que se rodaran un par de secuelas: Revenge of the creature (1955) y The creature walks among us (1956). En la primera de ellas, una nueva expedición vuelve a remontar la cuenca del Amazonas en busca de la criatura, que al parecer no había fenecido lo suficiente. Tras colocar en el agua de la mítica laguna negra una serie de cargas explosivas y hacerlas detonar, el monstruo flota inconsciente en la superficie. Capturado y puesto a buen recaudo, es conducido (en estado de coma) hasta el Ocean Harbor de Florida. Una vez allí, se le intenta reanimar en un tanque especial, mientras es desplazado suavemente por el agua para que ésta penetre en sus branquias, facilitando la reanimación. Ni qué decir tiene que el parque de atracciones acuático se encuentra en ese momento abierto al público, que ha acudido en masa para presenciar semejante inusual descubrimiento científico. Y, claro, como no podía ser de otra forma, la abominable criatura resucita de forma repentina, lanzando un furibundo ataque contra sus captores y el resto del personal que deambula por el lugar, provocando el pánico consabido en las películas con monstruo.

Desgraciadamente, el bicho es capturado de nuevo. Sujetando a sus tobillos una gruesa cadena, es depositado en un acuario preparado especialmente para su comodidad. Todo es maravilloso (excepto las cadenas): aguas cristalinas, comida abundante, temperatura controlada, compañeros de juegos como barracudas, tiburones, peces sierra, … ¿Qué? ¿Cómo? ¿Barracudas? ¿Tiburones? ¿Peces sierra? ¿Qué está pasando aquí?

No sé si algunos de vosotros habréis captado el sutil gazapo que se esconde tras el párrafo anterior. Se trata de lo siguiente: ¿cómo es que un supuesto grupo de científicos, personas sobradamente preparadas, se traen una criatura anfibia de una idílica y paradisíaca laguna de agua dulce y la introducen en un tanque de agua marina y asquerosamente salada? Desde luego, no parece una idea demasiado brillante. Me explicaré.



Todos sabemos que hay peces de agua dulce y peces de agua salada. Se llaman así porque los primeros viven en ríos, lagos, estanques, lagunas, charcas o peceras y los segundos viven en el mar, normalmente. También es cierto que algunas especies de pez pueden vivir en los dos ambientes sin demasiados problemas. Así, el salmón nace en la cuenca alta de los ríos, donde acuden a desovar sus padres (si no se los comen los osos antes) después de recorrer un largo periplo marítimo. Pero obviaré hábilmente estos casos particulares y os entretendré un ratito con una disertación que me haga sentirme importante durante un buen rato y en la que intentaré haceros ver qué es lo que ocurre, habitualmente, cuando un animal de agua dulce se introduce en agua salada y viceversa.

Los animales acuáticos necesitan, al igual que los seres humanos y otros mamíferos, extraer oxígeno del medio ambiente para llevar a cabo su proceso de respiración. Nosotros lo obtenemos del aire, donde se encuentra en una proporción del 21%, aproximadamente. Criaturas como los peces, los anfibios o, incluso, el monstruo de la laguna negra lo extraen del agua a través de las branquias, unos órganos altamente especializados formados por una especie de tronco principal del que salen por su parte posterior numerosas ramificaciones extremadamente delgadas y profusamente dotadas de capilares sanguíneos. Es en éstos, donde tiene lugar el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono entre el agua y las células del animal para el primero y el animal y el agua para el segundo por medio de un proceso físico denominado difusión.



A la difusión de una sustancia líquida (solvente) a través de una membrana semipermeable (deja pasar solamente el solvente, pero no las sustancias disueltas en él), desde una solución de baja concentración de soluto (sustancia disuelta en el solvente, como puede ser sal, azúcar, etc.) hacia otra solución cuya concentración sea mayor se la denomina ósmosis. Esto quiere decir que si colocásemos en cada uno de los dos compartimentos de un recipiente dividido por la mitad por una membrana semipermeable sendas soluciones de agua con distintas concentraciones de sal, el agua pasaría del compartimento donde la concentración de sal es menor al compartimento donde es mayor. Bien, apliquemos lo anterior a los peces y a nuestra criatura anfibia de instinto asesino pero enamoradizo.

Si enganchamos por el gaznate a un lindo pececillo de colores de nuestra pecera doméstica y lo introducimos en el precioso acuario marino que se ha montado el vecino del quinto en su salón, observaremos cómo nuestro pequeño compañero comienza a quedarse esmirriado como si estuviera afectado de un ataque de anorexia acuática y, en último caso, morirá. ¿Qué ha sucedido? Pues sencilla y llanamente que la ósmosis ha hecho lo que tenía que hacer. Al entrar el agua salada en el interior del pez se encuentra con las paredes semipermeables de las células. Como la concentración salina en éstas es inferior a la del agua del acuario, se da un trasvase de agua desde las primeras hacia la segunda en un vano intento de igualar ambas concentraciones. Por lo tanto, las células del pez pierden el líquido elemento vital de forma continua, deshidratando por completo al pobre bicho. No hará falta relatar aquí lo que sucedería si le afanásemos el pez globo del acuario del vecino y nos lo llevásemos a nuestra humilde pecera. Por el mismo principio físico, se habría generado una nueva especie: el pez Hindenburg, con un final del todo semejante al del “zepelín” alemán.



Terminaré esta estupenda entrada diciendo que lo que es válido para los peces también es aplicable para los seres humanos. Me refiero, en concreto, al conocido hecho de que si naufragásemos en alta mar no podríamos sobrevivir bebiendo agua salada, pues nos sucedería lo mismo que a nuestro lindo pececito de colores. Mejor solución resultaría la adoptada por el mutante Mariner en Waterworld (Waterworld, 1995), donde hace uso de un artilugio para reciclar sus propias “aguas menores” y hacerlas potables. Su funcionamiento consiste en hacer que los orines se evaporen (poniéndolos al sol, por ejemplo, aunque no es estrictamente necesario) desde un recipiente y recogerlos sobre un plástico, por ejemplo. Una vez allí, el vapor se condensaría nuevamente formando agua líquida (para ello bastaría con disminuir la temperatura del plástico sometiéndolo al frío nocturno), en la cual ya no habría disueltas sustancias indeseables, como la urea. A pesar de lo relajante que resulta compartir tus propios fluidos corporales con otras dos chicas, con todo el agua que hay en el proceloso océano ¿por qué empeñarse en beber “meaos”?

12 enero 2009

El consultorio del profesor Enigma (1): Solución

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Pues sí, queridos lectores. Muy interesantes vuestros comentarios sobre la solución al gazapo de la entrada anterior.

Algunos habéis dado en el clavo, incluso aportando nuevos puntos de vista y añadiendo gazapos NO incluidos en el fragmento de texto transcrito, que es al que yo me refería en concreto. Otros habéis estado un tanto despistados y os habéis ido ligeramente por las ramas. No, el gazapo no era el número de personajes. En efecto, estaban a bordo de la nave "el Extranjero" y cinco humanos, pero la campesina china no interviene en la conversación. Estaba calladita.

Bien, el caso es que el gazapo estrictamente incluido en el texto es el que hace referencia al transcurso del tiempo en la Tierra mientras los protagonistas viajan en una nave alienígena a la velocidad de la luz. Según la teoría de la relatividad especial de Einstein, es el tiempo propio en la nave el que transcurre a un ritmo más lento. De hecho, justo a la velocidad de la luz, el tiempo se habría detenido. En cambio, el tiempo transcurrido en la Tierra habrá sido INFINITO. Cosas de las transformaciones de Lorentz...

Si aún no os queda claro, os recomiendo que os déis una vuelta por uno de mis antiguos posts, en concreto éste.

Por último, el título de la película de la cual procede el extracto del guión es The 27th day (1957). Reconozco que es un título difícil, pero es que hay que darle emoción y tensión a la cosa. ¿No creéis? Otras veces lo pondré más fácil... o no.

Ah, por cierto. ¡Enhorabuena, Juan! Tú has sido el único quien lo adivinó.

Más suerte en las próximas entregas, amigos...

08 enero 2009

El consultorio del profesor Enigma (1)

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En primer lugar, dejadme que os desee un feliz año 2009, aunque sea con un cierto retraso. En segundo lugar, quiero deciros que 2009 ha sido declarado oficialmente por la UNESCO como Año Internacional de la Astronomía, cosa de la que me alegro muchísimo.

Pero ninguno de los dos asuntos anteriores es el motivo principal de esta entrada. Veréis, se me ha ocurrido que ya que comienza un nuevo año, podría darle un poco más de dinamismo al blog y buscar una mayor participación por vuestra parte. Para ello, se me ha ocurrido lo siguiente. Con una cierta periodicidad, os propondré acertijos en una sección que llamaré "El consultorio del profesor Enigma". Os transcribiré un fragmento de una película (también puede ser una novela, cuento, relato, etc.) y os propondré que adivinéis su título y el gazapo que se esconde en el texto, el cual tendréis que explicar de forma correcta. Para que tenga mucha más emoción, os aviso que no tendrán por qué ser necesariamente películas fáciles ni gazapos elementales. ¿Qué os parece la idea?

Como no quiero haceros sufrir más, empezaré aquí y ahora con uno. Ahí va. Primero, os doy algunas pistas: "Pn" significa "Personaje enésimo" y lo llamo así para no deciros su nombre y que podáis buscar en Google o similar la solución de forma harto "poco honrada". El P1 se dirige a una audiencia de otros 5 personajes, a saber: un científico, un soldado ruso, un periodista, una chica muy mona y una campesina china.

P1: - Terrícolas, permitan que les explique por qué están aquí. Cada uno me escuchará en su idioma nativo.

P2: - ¿Quién es usted?

P1: - Puesto que ninguno de ustedes me conoce, será más simple llamarme "el extranjero".

P3: - ¿De dónde procede usted?

P1: - Vengo de un planeta que desconocen, uno de los muchos mundos de un universo cercano.

P2: - ¿Dónde estamos ahora?

P1: - En el espacio.

P4: - No me lo creo.

P1: - Acérquense.

P5: - ¡La Tierra!

P1: - No teman. Volverán a ella sanos y salvos. Además, durante su ausencia el tiempo en la Tierra no habrá transcurrido.

P2: - ¿Es eso posible?

P1: - Viajamos a la velocidad de la luz. A esa velocidad, como ya saben, el tiempo no existe.

P2: - Teóricamente, pero en la práctica...

P4: - ¿Para qué nos han traído aquí?

P1: - Siéntense y se lo explicaré.


¡Hale! A pensar y a devanarse los sesos... Espero vuestras respuestas.