29 julio 2009

Diez libros con amor y un bodrio desesperado

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Sí, ya sé que en el post de ayer me despedía de todos hasta después de las vacaciones, pero es que uno de vosotros me pedía en los comentarios unas cuantas recomendaciones de lecturas para este verano. Así que, aquí estoy de nuevo. Siempre es buen momento para leer. Eso sí, quiero deciros que los libros que pongo aquí debajo muestran mis preferencias personales, exclusivamente. Son libros escritos con lenguaje claro, diáfano, con palabras para nada complicadas; en definitiva, para que el lector las entienda, vamos. No como otros (Egan, Egan, Egan). Algunos los habréis leído, otros no; a algunos os habrán gustado, a otros puede que os hayan producido el célebre efecto Diáspora, pero definitivamente siempre podréis reclamar vuestro derecho inalienable a no terminar el libro o a lanzarlo por los aires. En fin, vosotros decidís. Allá van.

Cronopaisajes (Varios autores): Recopilación de 26 relatos breves sobre viajes en el tiempo. Una delicia de libro y unas cuantas obras maestras indiscutibles, entre ellas "Todos vosotros, zombis". Altamente recomendable.

La guerra de las salamandras (Karel Capek): Sátira apocalíptica cargada de sentido del humor, por el inventor de la palabra "robot".

La naranja mecánica (Anthony Burgess): Uno de mis libros favoritos. Se deja leer de una sentada. Defensa feroz del libre albedrío de las personas y crítica feroz del cinismo humano. La película homónima de Stanley Kubrick le hace plena justicia.

Flores para Algernon (Daniel Keyes): Cómo reacciona un muchacho con discapacidad mental que ha sido solucionada con la cirugía cuando se da cuenta de que el remedio es solamente temporal. Aún me estoy enjugando las lágrimas.

Las estrellas mi destino (Alfred Bester): Revisión de El conde de Montecristo, versión siglo XXV. Entretenida. Ideal para reposar la materia gris en época estival.

Las uvas de la ira (John Steinbeck): Un clásico de un premio Nobel de literatura. Retrato social de la depresión norteamericana, con toda su ternura y también en toda su crudeza. Emocionante hasta poner la carne de gallina.

Oliver Twist (Charles Dickens): La crueldad y la mezquindad humanas vistas a través de los ojos de un niño. Un clásico entre los clásicos. Una de esas joyas que hay que leer antes de irse de este mundo.

Cumbres borrascosas (Emily Brontë): Libro que me sorprendió gratamente. Me acerqué a él convencido de que era un folletín. No sólo me equivoqué, sino que lo devoré en una semana.

Longitud (Dava Sobel): La historia del hombre que solucionó el problema de la determinación de la longitud geográfica, uno de los problemas más peliagudos a los que debieron enfrentarse los marinos durante siglos. Estupendo libro escrito por una estupenda divulgadora. Si únicamente pudiera recomendar 2 libros de esta lista, éste sería uno de ellos, sin duda. El otro: La naranja mecánica.

Escorbuto (Stephen R. Bown): Otra preciosidad de libro. La historia de la enfermedad que más vidas se ha llevado por delante a lo largo de la Historia, muy por encima de cualquier guerra. Para leer de un tirón y totalmente recomendable en verano, en la hamaca de la piscina.

Para terminar y haciendo honor al título del post quiero advertiros que bajo ninguna circunstancia se os ocurra leer la novela El idiota, del exasperante Fiódor Dostoyevski. Antes la PlayStation... o Egan, sin ir más lejos.

Ahora sí, de verdad. ¡Buen verano!

Diáspora, o cómo morir leyendo

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Hace unos meses, la editorial AJEC, especializada en libros de ciencia ficción tuvo a bien enviarme una copia de su reciente edición de una de las novelas más célebres de uno de los autores más célebres. Ni más ni menos que Greg Egan, ganador de los prestigiosos premios Hugo, Locus y Campbell.

Tengo que decir en mi defensa que este libro es el primero que leo de este autor. Y según voces muy autorizadas, quizá me haya equivocado en la elección. Pero, vayamos al grano. ¿Os he dicho que el libro en cuestión es "Diáspora"? ¿No? Pues sí, efectivamente, el libro en cuestión es "Diáspora", de Greg Egan.

Bien, antes de nada explicaré un poco el título. La palabra "diáspora", según el DRAE, significa dispersión de los judíos exiliados de su país o, en su segunda acepción, dispersión de grupos humanos que abandonan su lugar de origen. Y justamente de esto va la novela. La acción comienza a finales del siglo XXX. En la Tierra viven distintas "ramas evolutivas" del ser humano. De pronto, un terrible cataclismo tiene lugar. A partir de ahí, el futuro de la Humanidad se encuentra en los confines del Universo.

No quiero contaros nada más para que cada uno lo descubra por su cuenta, si es que se atreve a leer la novela porque después de lo que voy a decir, quizá a más de uno le entren dudas, o quizá no. Yo os recomiendo que lo leáis igualmente porque no hay nada como formarse uno su propia opinión. Yo os daré la mía ahora mismo.

Comencemos por el principio. Nunca había tardado tanto en leer un libro como éste, desde que abandoné la lectura de "Moby Dick" en la página 310 y eso fue hace más de 10 años. Los dos primeros capítulos de "Diáspora" son intragables y te dan unas ganas de coger al autor por la pechera y agitarlo como si fuera un olivo, hasta que se le caigan todas las aceitunas hasta el centro de la Tierra. Un lenguaje abstruso, indescifrable, confuso, ininteligible, rimbombante, barroco, elitista, etc., etc. Si consigues pasar de los dos primeros capítulos, el resto no es mejor, salvo en ocasiones muy contadas y quizá se deba a que como ya te has tragado tanta metralla, cuando te dan una puñalada, pues como que no te duele tanto.

No hay que ser un aficionado a la ciencia ficción, sino más bien un forofo de la ciencia ficción para que te guste "Diáspora". Los personajes protagonistas de la historia no tienen la menor profundidad, resultan planos hasta el paroxismo, nunca se distinguen unos de otros, el lector nunca sabe quién es quién o sin son todos distintas versiones del mismo. Para colmo, deambulan por la historia como viajeros del tiempo saltarines, pues los siglos pasan como si fueran churros por la churrera. Y esto no es lo peor de todo. Lo que realmente me resultó in-so-por-ta-ble es la verborrea científica utilizada por Egan a lo largo de toda la novela. Me he pasado capítulos enteros del libro sin entender absolutamente nada de lo que dice el autor, venga exponer teorías gigamodernas sobre la posibilidad de construir agujeros de gusano transitables, viajar por las megaesferas o macrosesferas o lo que cojones fuera, que ya no me acuerdo, los espacios de Riemannn, Euclides y hasta los Picapiedra, los exoyós, los carnosos, los exuberantes, y la puñetera madre de Tarzán en el trampolín de la muerte. Allí cabía todo. Si Egan pretendía escribir una enciclopedia de física y matemáticas avanzadas, desde luego se quedó muy corto con las 300 páginas de "Diáspora". Y, para colmo, y como si el mismísimo autor quisiese mostrar un mínimo detalle de piedad y condescendencia para con los lectores, pobres lectores incultos, nos obsequia con un glosario de sus términos favoritos utilizados a lo largo de la plomiza novela. Todo un detalle para los aficionados a la ciencia.

Como broche, quiero terminar ésta, mi opinión personalísima e intransferibilísima, con una recomendación muy sabia de un amigo: Reivindicad siempre vuestro derecho a NO leer un libro.

¡Felices vacaciones a tod@s y hasta que vuelva de la N-macroesfera exuberante del agujero de gusano leptónico en Poincaré de la pradera! ¡Nos vemos en setiembre!

19 julio 2009

En ocasiones veo... hombres en la Luna

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Tal día como hoy de hace 40 años, tres hombres audaces hicieron historia. Sus nombres: Neil A. Armstrong, Edwin E. Aldrin Jr. y Michael Collins (no, no era el célebre director de inteligencia del IRA). Poco después de las 22 horas (tiempo de Houston) del 20 de julio de 1969 su nave hollaba el suelo lunar. Aquel hito, llevado a cabo con una enorme presión política, durante la tristemente famosa Guerra Fría entre los Estados Unidos y la extinta Unión Soviética, ha pasado a los anales de la Historia como el logro más grande de la Humanidad hasta la fecha.

Pero a pesar de ello, sigue habiendo sobre la superficie de este pequeño planeta personas que insisten en que semejante hazaña nunca tuvo lugar, que todo fue simulado, grabado en un estudio de televisión o similar y que constituyó una conspiración gubernamental sin precedentes. ¿Puede concebirse semejante argumento? ¿Tiene visos de ser real? ¿Nos engañan nuestros gobernantes? ¿En qué hechos y pruebas se basan los defensores de la teoría conspiranoica? ¿Ha llegado realmente el ser humano a la Luna?



Pues la verdad es que a poco que uno repase los anales de la Historia, se dará cuenta rápidamente, aunque no sea demasiado avispado, que la Luna ya había sido pisada por seres de este planeta mucho antes de que la tripulación del Apolo XI lo consiguiese. No hacía falta teoría de la conspiración ni nada que se le parezca. Solamente era necesario bucear un poco en los expedientes X de la ciencia ficción. No era tan difícil, caramba.

Bien, mis humildes conocimientos me indican que ya allá por el lejano 1750, Karl Friedrich Hieronymus, quizá más conocido como barón de Münchhausen, ya había alcanzado a poner el pie en la superficie del único satélite natural conocido de nuestro planeta. ¿Quién osaría dudar de la palabra de una persona a la que se le atribuyen hazañas como las de ser capaz de salir de una ciénaga sin más que tirar de su propia cabellera o viajar a horcajadas sobre una bala de cañón?

En 1835, otro intrépido aventurero, un tal Hans Pfaall, huyendo despavorido de sus numerosos acreedores, había abandonado cual alma que lleva el diablo la ciudad de Rotterdam a bordo de un globo aerostático rumbo a la Luna. La cosa, al parecer, no era difícil, ya que disponía en secreto de un gas de densidad 37,4 veces inferior a la del hidrógeno y es de dominio popular que existe una atmósfera que se extiende a lo largo de los casi 400.000 kilómetros que separan planeta y satélite. De no ser así, ¿cómo iba a actuar el empuje de Arquímedes? Los cálculos del señor Pfaall le indicaban que alcanzaría su objetivo, si todo iba como estaba previsto, en 161 días. Inesperadamente, al cabo de tan sólo 19 se encontró con los selenitas. ¿Algún conspiranoico osaría dudar de esto?

Treinta años después, la cosa no tuvo tanto éxito. A bordo de un proyectil de cañón, Impey Barbicane, el capitán Nicholl y el caballero francés Michel Ardan eran desviados de su rumbo por un segundo satélite natural de la Tierra. Su periplo hasta la órbita lunar había transcurrido a lo largo de 97 horas, tan sólo seis menos que la nada pionera ni original aventura del Apolo XI.

Hubo que esperar 36 años más para que el profesor Cavor tuviese éxito en su misión. A bordo de una nave esférica ideada por él mismo y haciendo uso de un innovador medio de propulsión, la cavorita (desaparecida desde entonces sin dejar rastro), la Luna volvía a ser pisada por un hombre. ¿Y a que no sabéis qué se encontró allí? Preguntad, preguntad a los abducidos, que haberlos haylos, y muchos.


Al año siguiente, un tipo estupendo de nombre George Méliès desempolvaba la viaja idea del proyectil de cañón y mandaba otra misión a la Luna, también con éxito y enorme puntería. Efectivamente, la bala alunizaba directamente sobre uno de los dos ojos de nuestro satélite. Una vez más, los selenitas hacían acto de presencia, pero serían rápidamente neutralizados a paraguazos por los intrépidos astronautas. No sé si habrá algún conspiranoico que tenga interés en saber que el mismo Méliès había traído la mismísima Luna hasta la Tierra en el año 1898. Resulta indudable que siempre será preferible que la montaña venga a Mahoma si lo contrario resulta mucho más difícil.

Quien más, quien menos, sabe que en la Luna existe una atmósfera perfectamente respirable por los seres humanos. Por eso, en 1929, la primera mujer en visitar tierras selenitas fue capaz de pasear por el regolito lunar sin escafandra, una hazaña aún no superada por ninguna otra mujer ni ser que se le parezca. El regreso fue más peliagudo, pues una falta de oxígeno similar a lo que les sucedería años más tarde a los miembros de la tripulación del Apolo XIII, dejaría a algunos de ellos en tierra, digo en luna. Desgraciadamente, en 1937 la Gestapo confiscó todas las copias existentes de aquella asombrosa aventura, destruyéndolas, pues las semejanzas con los planos y diseños de las tristemente célebres bombas volantes V-2 parecían sospechosamente más allá de la simple coincidencia. Ay, si es que la Ciencia siempre ha sido un peligro muy peligroso.

Un viaje al espacio, aunque sea al astro más cercano, es una tarea de dificultad mínima. Y si no consigues llegar a la Luna porque se interpone en tu camino una persistente lluvia de meteoroides, siempre puedes desviarte ligeramente y emprender rumbo a Marte, que está ahí al lado, caramba. Los tripulantes del cohete K-1 (a veces también se le conoce como Rocketship X-M, donde estas dos últimas letras, perfectamente traducidas al español como K-1, significan algo tan trivial como e-X-pedition M-oon) pueden dar fe de ello desde que aconteciese su odisea en 1950. Así que, conspiranoicos del mundo que vivís, os reproducís y demás, chupaos ésta: no sólo hemos pisado la Luna, sino también Marte, que para eso el combustible anda barato…

Ese mismo año de 1950, otra misión con destino a la Luna, tenía éxito, aunque concluyese con un terrible contratiempo. Un excesivo consumo de combustible obligaba a la tripulación a desprenderse de todo el peso superfluo para poder regresar. Desgraciadamente, los partidarios de la teoría de la conspiración tienen aquí argumentos de peso a favor de su lucha. Todo lo anterior formaba parte de una película escrupulosamente rodada con las puertas del plató abiertas de par en par y la prohibición expresa de fumar, para que la atmósfera fuese clara y nítida, simulando la falta de atmósfera lunar. El alunizaje de la nave estaba previsto inicialmente en el interior del cráter Aristarco, pero alguien anduvo vivo y se dio cuenta de que desde allí no sería posible la visión de la Tierra, tal y como se mostraba en una escena. Todo se modificó a tiempo y el cráter Aristarco se sustituyó por el Harpalus. Buf, casi…

Así llegamos a 1953, un año histórico, pues en un mismo año se consiguió pisar dos veces la superficie lunar. Un muchachito rubio, acompañado de un simpático fox terrier llamado Milú (el primer cánido en la Luna) llegaban al satélite de mano del genial Hergé. La otra misión con éxito encontraría algo más siniestro: una raza selenita de mujeres-gato con aviesas intenciones que habitaban en el interior de una caverna lunar dotada de atmósfera ubicada en la cara oculta.

La verdad es que, aunque les diésemos un voto de confianza a los conspiranoicos, resulta tan difícil de creer que el hombre no ha llegado a la Luna, que uno no sabe muy bien a qué atenerse. Veréis, ni siquiera hace falta entrenarse especialmente, astronauta puede ser cualquiera, hasta un grupo de ancianetes decrépitos lo consigue, aunque uno de ellos desgraciadamente tenga que finalmente quedarse atrapado en la superficie de la Luna. Eso sí, todo el drama es más llevadero si se escucha de fondo el genial “Fly me to the moon” del no menos genial Frank Sinatra.


Una de las hipótesis más defendidas por los partidarios de la conspiración consiste en afirmar que la bandera estadounidense plantada en el regolito ondeaba cual si hubiese aire en la atmósfera selenita. Y digo yo, ¿qué esperaban? ¿Acaso no puede ondear una bandera en ausencia de atmósfera? Pero si todo el mundo la ha visto ondear al viento, al compás de los motores de la imponente nave nodriza de los malvados extraterrestres de Indepenence Day, a su paso por las cercanías de la Luna. Quizá tengan razón. Después de todo, una bandera quizá no pueda ondear, pero entonces ¿por qué ondean las capas de Superman o del Hombre Nuclear? ¿O es que me van a negar que Superman no puede llegar a la Luna cuando quiera, en un pispás? Superman no es humano, es un alienígena, y éstos conocen la Luna, la Tierra y todos los planetas y galaxias que les salgan de los alienígenas huevos (si es que los tienen y poseen esa forma tan característica, que vaya usted a saber). ¿No han visto el monolito que en 2001 se encontraba el doctor Floyd? Si hasta los tres supervillanos archienemigos de Superman, el general Zod, Ursa y Non corroboraron, a su paso por la Luna camino del planeta Houston, que el hombre estaba allí. Anda, hombre, venga ya. Si es que es negar por negar, caray.


En honor a la verdad, tengo que reconocer que lo que ahora vemos en el cielo (siempre que no se halle en su fase de luna nueva) no es la verdadera Luna. No, no, se trata de una simulación, una proyección, una especie de holograma súper-avanzado hecho con tecnología ultrasecreta. ¿Por qué? Pues porque hace unos diez años, en 1999, tuvo lugar un terrible accidente, que ha sido mantenido oculto hasta ahora. En la cara oculta, para que no la viésemos, existía una base humana permanente que se dedicaba a almacenar residuos nucleares (aquí en la Tierra no sabíamos qué hacer con ellos) procedentes de Garoña y otros cuchitriles semejantes. Desgraciadamente, tuvo lugar una explosión, un Chernobyl a gran escala y la Luna salió despedida fuera de su órbita. Hoy en día se encuentra vagando sin rumbo por el espacio, más allá del cinturón de Kuiper y nunca más regresará. Nunca más podremos enviar un hombre allá arriba, como estaba previsto hacerlo el próximo mes de octubre, para poder recolectar una prometedora fuente de energía: el helio 3.

Y todo ese rollo patatero que nos han contado hace muy poco en Cuatro, sobre que un fragmento de estrella enana marrón había colisionado con la Luna y ésta se dirigía hacia nosotros en rumbo de colisión inminente no es más que un bulo sin fundamento. Ah, se me olvidaba. Hancock tampoco ha ido a la Luna. Es un superhéroe de pacotilla, borracho y deprimido y no lleva capa. Ese logotipo en forma de corazón que pintó en la Luna nunca existió…


Post Data: Bueno, como broma ya está bien. Al menos, ha sido divertido. Para haberlo escrito esta mañana deprisa y corriendo y apenas sin prepararlo, no ha estado mal del todo. Simplemente, eran fragmentos que me estaban dando vueltas en la memoria. Quizá algún día los prepare adecuadamente y salga algo decente de todo ello.

En fin, al grano, que es lo que importa. He querido hacer un homenaje, pequeño, eso sí, a aquellos tres hombres que hace hoy 40 años lograron, y no me cabe la menor duda sobre la veracidad de semejante hazaña, pisar la superficie de la Luna. Lo he hecho a mi estilo, con el estilo inconfundible de este blog, es decir, con películas y novelas de ciencia ficción, algunas que recordaba. Seguro que me he olvidado de un buen montón de ellas y les pido perdón.

Pero lo más importante, y por eso lo he dejado para el final, es que me he propuesto ridiculizar un poco a toda esa gente que aún hoy, en pleno siglo XXI, siguen creyendo que todo fue un engaño, que aquella aventura nunca tuvo lugar. Pobrecillos. Un poco de ciencia no les vendría nada mal. Y aquí es donde quería llegar, o alunizar, como prefiráis. Si queréis conocer a fondo muchas de las hipótesis propuestas por los partidarios de la teoría de la conspiración y descubrir cómo desmontarlas pieza a pieza, una por una, con la única arma del conocimiento científico, dejadme que os recomiende un libro publicado hace tan sólo unos días por un gran amigo, colega y seguro que mejor persona aún. Eugenio Manuel Fernández Aguilar, sevillano de pura cepa, pero como él mismo dice roteño de adopción y a mucha honra. La conspiración lunar ¡vaya timo! es el título de su libro, publicado por la editorial Laetoli. Merece mucho la pena, de verdad de la buena… ¡Va por ti, Eugenio!



15 julio 2009

El consultorio del profesor Enigma (7): Solución

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Se nota que son fechas de fin de curso, de vacaciones y de mentes fatigadas. Muy pocas visitas en el último mes y aún menos comentarios en el último post. Para más inri, bastante desacertados. Os habéis centrado en gazapos de carácter biológico, cuando este blog es sobre física. Por lo tanto, se proponen gazapos de física.

Bien, vamos con el tema que nos ocupa. El fragmento de diálogo transcrito corresponde a uno de los clásicos del cine de ciencia ficción de los años 1950. Efectivamente, se trataba de La humanidad en peligro (Them!, 1954). En ella se narra la aparición de gigantescas hormigas mutantes a causa de las pruebas nucleares llevadas a cabo durante las décadas anteriores. Con tamaños de varios metros se enfrentan a la raza humana para aniquilarla.

Si nos fijamos en el debate que tiene lugar entre los protagonistas, se afirma que algunas especies de hormigas son capaces de construir galerías de hasta 9 metros de profundidad. Posteriormente, aseguran que los hormigueros de las hormigas mutantes tendrán cientos de metros de longitud. Bien, esto parece evidente si acudimos a la célebre ley del cuadrado-cubo, que ya apareció por estas páginas en varias ocasiones anteriores.

Todos habréis experimentado en ocasiones que cuando se libera un perfume en un punto de una habitación, al cabo de un tiempo determinado, podemos percibir su olor en otro punto diferente. Decimos que el perfume se ha difundido en el aire. La ley física que describe la difusión de una sustancia en otra (en el caso anterior, del perfume en el aire) recibe el nombre de ley de Fick.

Con esta ley se puede establecer una relación entre el tiempo transcurrido y la distancia promedio recorrida por las partículas de la sustancia difundida. En dicha relación aparece una constante, denominada coeficiente de difusión y es un parámetro que depende tanto de la naturaleza de la sustancia difundida (perfume) como de la sustancia en la que se difunde (aire). También influye la temperatura, pero obviaremos este hecho. A partir de los valores determinados experimentalmente de estos coeficientes de difusión, se puede comprobar que los líquidos se difunden mucho más lentamente que los gases, por ejemplo.



Si estudiamos la difusión de hidrógeno en aire, se ve que para que una concentración apreciable del primero llegue a un metro de distancia se requieren unos 32 minutos; al cabo de 73 minutos habrá alcanzado los 1,5 metros. En este mismo lapso de tiempo, el oxígeno sólo se habría difundido hasta unos 80 centímetros. Y es que la difusión de los gases en aire es un proceso extraordinariamente lento.

Vamos ahora con las hormigas gigantes. Pongamos la cosa facilita. Suponiendo que la profundidad de las galerías es de 100 metros y utilizando el coeficiente de difusión del cianuro en aire (cortesía de Alejandro. Gracias, amigo), muy similar al del oxígeno, resulta que el tiempo estimado para que el veneno pudiese alcanzar de forma eficaz el fondo del hormiguero, resultaría ser de algo más de 9 años. Se nos iba a hacer larga la espera.

NOTA CURIOSONA: Si decidís ver la película (recientemente editada en DVD), observad con atención y podréis contemplar el cianuro arrojado en el hormiguero suspendido a ras del suelo por el que caminan nuestros protagonistas. Resulta sorprendente, ya que el cianuro es menos denso que el aire y debería ascender hasta darles en los morros. ¡Cosas veredes, amigo Sancho!

02 julio 2009

El consultorio del profesor Enigma (7)

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Hemos pasado el último mes construyendo una máquina del tiempo y teníamos algo abandonado a nuestro querido profesor Enigma. Aquí os traigo otro de sus enrevesados enigmas. En esta ocasión, os transcribo el coloquio entre cinco personajes (hay alguno más, pero no interviene en la discusión). ¡Ánimo y a por el gazapo!


P1: - ¿Saben que algunas especies de ??? hacen galerías de nueve metros de profundidad o más?

P2: - Entonces, el nido que hemos descubierto debe tener cientos de metros.

P3: - Lo mejor es cerrar la salida de forma que no puedan abrirla.

P1: - Ellas tratarían de abrir un túnel por otra parte. Y no nos conviene que estropeen el nido. Aún no.

P2: - ¿Qué podemos hacer?

P1: - Primero, esperar hasta mañana. A mediodía la totalidad estará en el ???. Mantenerlas confinadas allí será nuestro problema. Tenemos dos posibilidades: la primera sería... inundar el nido. Las ??? no pasan a aguas profundas. No, su sistema respiratorio se lo impide.

P4: - Perdone, doctor, pero agua en cantidad no tenemos excepto a mucha distancia.

P3: - Por eso quiso ponerse en comunicación con los meteorólogos.

P1: - ¿No habría medio de conseguir mañana formación de nubes?

P3: - No, no hay esperanza de hacer nubes artificiales. Además, es muy difícil lograr la lluvia en esta parte del desierto. ¿Cuál es la segunda posibilidad?

P1: - Calor suficiente para hacer que las ??? profundizasen más en el nido y mantenerlas allí.

P5: - ¿Pero sin bombas, eh? ¿Serviría el fósforo? Podríamos extenderlo bien con bazookas.

P3: - ¿Conservaría la superficie caliente? ¿Y qué haríamos luego?

P1: - Podríamos arrojar cianuro en las aberturas y matarlas.

P3: - ¿Cómo sabríamos que habían muerto todas?

P1: - Entrando en el nido para verlo.