26 octubre 2009

El consultorio del profesor Enigma (8): Solución

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En los comentarios que habéis dejado en el post anterior, vuestro interés se ha centrado en la forma de obtención del oro que hipotéticamente podría haber llevado a cabo la gente que habita en la ciudad de oro sumergida de Templemer. Sin embargo, y como no soy en absoluto ninguna eminencia en el campo de la química, yo me centraré en otra cuestión, y ésta no es otra que aquella que tiene que ver con la cantidad de oro que hay en todo nuestro planeta, ya sea extraído de las minas o el que se puede encontrar disuelto en el agua de nuestros océanos.

Veréis, resulta que el oro ya fue descrito por los egipcios hace más de 4500 años. Sus propiedades físicas y químicas le hacen ser considerado como uno de los metales preciosos más apreciados por el ser humano a lo largo de la historia. Pero no quiero hablaros aquí tampoco de historia, sino de números. Bien, uno de los ejercicios que llevo a cabo todos los años en mi clase de la universidad durante la primera semana de curso consiste en proponer a mis estudiantes algunos problemas de Fermi. Ya os he hablado de ellos en alguna otra ocasión. Estos problemas consisten en hacer estimaciones de cosas tan aparentemente imposibles de lograr como pueden ser el número de cabellos de una cabeza medianamente poblada, cuántas letras hay en un libro de tamaño medio, el tamaño del recipiente donde podría estar contenida toda la sangre humana o el número de átomos que hay en un cuerpo humano. Los problemas de Fermi son de una extraordinaria ayuda para un científico, pues permiten, además de eliminar óxido de la maquinaria cerebral, desarrollar el sentido crítico y el espíritu escéptico. No es lo mismo tener 10.000 cabellos que tener un millón; es muy distinto creer que en el cuerpo humano hay un trillón de átomos que saber que se encuentran casi diez mil cuatrillones. En cada caso, el orden de magnitud es muy distinto.

Con el asunto del oro podemos hacer algo semejante a un problema de Fermi de los citados anteriormente. En efecto, partiendo de que conocemos la producción anual de oro, que resulta ser de unas 2.500 toneladas métricas, que la densidad del oro es 19,3 veces mayor que la del agua y suponiendo que la raza humana ha estado extrayendo el metal amarillo a un ritmo constante durante un lapso razonable de tiempo como puede ser unos 200 años, resulta que en todo el mundo puede haber aproximadamente 500.000 toneladas de oro. Si todo este oro pudiese juntarse en un cubo macizo, éste tendría unas aristas de algo menos de 30 metros de longitud. Todo el oro del mundo cabría en un edificio macizo de 10 plantas. Aunque hubiésemos supuesto una cantidad dos veces más grande de oro, el cubo sólo hubiese aumentado su arista hasta los 37 metros.



Sumerjámonos ahora en las profundidades del océano. Aunque paradójico, no sé si sabréis que en el mar no sólo hay agua, sino también materia sólida disuelta. Esta materia sólida puede alcanzar hasta un 3% de la masa total. Haciendo una nueva estimación, esta vez de la cantidad total de agua en la Tierra, llegamos a que ésta puede ascender hasta los 1.500 trillones de litros. En esta inmensa masa de agua se encuentran disueltos elementos como el sodio, cloro (ambos forman la sal común o cloruro sódico), magnesio, azufre, potasio, etc. Pero resulta que también podemos hallar plata y oro. Y aquí viene el problema, pues existen estimaciones para todos los gustos de la cantidad de oro disuelta en los océanos, unas más optimistas y otras menos. Yo me quedaré con la que proporcionaron en 1990 dos científicos del MIT y que fue publicada en el volumen 98 de la revista Earth and Planetary Science Letters. Estas dos personas, Kelly Kenison-Falkner y John Edmond, midieron concienzudamente las concentraciones de oro disuelto, tanto en el océano Atlántico como en el Pacífico norte y hallaron que, en promedio, tan sólo ascendían a, aproximadamente, 1 gramo de oro por cada 100 millones de toneladas de agua. Por lo tanto, si se pudiese extraer de alguna manera todo el oro de los océanos de nuestro planeta, únicamente nos haríamos con unas 15.000 toneladas, esto es, el 3% de la producción mundial de oro a lo largo de toda la historia que estimamos unas líneas más arriba. Al capitán Nemo y sus fieles les va a hacer falta un poco de paciencia para poder construir su ciudad sumergida de oro. Al fin y al cabo, no es oro todo lo que reluce...

21 octubre 2009

El consultorio del profesor Enigma (8)

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Un barco naufraga en medio de una terrible tormenta en el océano. Unos cuantos supervivientes son rescatados por el submarino Nautilus, al mando del capitán Nemo, y conducidos hasta Templemer, una ciudad sumergida creada asimismo por el enigmático Nemo y en la que habita una sociedad utópica, aislada del resto de la raza humana.

La codicia de los recién llegados no tardará en suponer una amenaza, no solamente para los habitantes de la ciudad, sino para la propia ciudad, una enorme estructura donde el oro abunda por doquier, pues no es más que un subproducto obtenido a partir de la síntesis del aire que necesitan para respirar los ciudadanos de Templemer y que no tiene ningún valor pecuniario para ellos.

Las líneas precedentes corresponden al argumento de la película titulada La ciudad de oro del capitán Nemo (Captain Nemo and the Underwater City, 1969) dirigida hace ya cuarenta años por James Hill. Se trata de una más entre las decenas de revisiones del personaje creado por el escritor francés Jules Verne, protagonista de dos de sus novelas más célebres: Veinte mil leguas de viaje submarino (Vingt mille lieues sous les mers, 1869-70) y La isla misteriosa (L'Ile Mysterieuse, 1874-75). Éstas habían sido llevadas al cine con gran éxito por la productora Disney en el año 1954 (protagonizada por Kirk Douglas y James Mason, en el papel de Nemo) y Ameran Films en 1961, respectivamente.

19 octubre 2009

Blogs de estudiantes de FCF: La nueva generación

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¡Ya están aquí! Mis estudiantes de FCF ya disponen de sus flamantes blogs donde tratarán de hacer méritos para aprobar la asignatura más friki de la universidad española. Y, como todos los años por estas fechas, a continuación os pongo los enlaces a sus direcciones web, para que podáis juzgarlos si es que os apetece. Este nuevo curso les he dicho que pondré especial atención en la interacción que muestren los unos con los otros, comentando y proponiendo ideas, sugerencias y opiniones a sus propios compañeros de clase. Bueno, pues sin más dilación... aquí van. ¡Suerte y justicia! ¡Fama y gloria! ¡Que la fuerza os acompañe!

15 octubre 2009

Y Dios dijo: polvo al polvo, cenizas a la cenizas, y carboncillo al carboncillo...

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Venga, va, Sophie. También la tercera y última. Ahora ya está mi deuda pagada.


Si a los que ya tenemos una determinada edad nos preguntasen sobre la imagen de Frankenstein que más vivamente conservamos en nuestra memoria, quizá la mayoría de nosotros estaríamos de acuerdo en que se trata de la escena de la película dirigida por James Whale en 1931 en la que el obsesionado doctor comprueba que su criatura ha adquirido el don de la vida durante una tenebrosa noche con ayuda de la descarga eléctrica de un rayo de tormenta.

Aunque es quizá la más célebre, la cinta de Whale no tuvo el privilegio de ser la primera en adaptar a la gran pantalla el relato de Mary Shelley. Tal honor le corresponde a la Edison Company, que en 1910 había producido una versión de 16 minutos de duración dirigida por J. Searle Dawley. A ésta la seguiría cinco años después una nueva adaptación del mito titulada Life without Soul, de 70 minutos de duración, y dirigida por Joseph W. Smiley. El mismo Whale dirigiría una secuela en 1935, titulada Bride of Frankenstein (La novia de Frankenstein), considerada incluso superior al clásico de 1931. Posteriormente, aparecerían numerosas secuelas y versiones durante finales de los años 30 y la década de los 40 del siglo pasado. Incluso la mítica productora británica Hammer realizaría hasta 7 revisiones de la criatura más famosa de la literatura durante las décadas de los años 50, 60 y 70. Hasta el hortera de Andy Warhol llegó a producir en el año 1973 una versión pornográfica de Frankenstein en 3D titulada Carne per Frankenstein. En los siguientes años siguieron llevándose a cabo más y más adaptaciones. De entre ellas quiero destacar el Frankenstein Unbound (La resurrección de Frankenstein, 1990) dirigida por el prolífico Roger Corman y basada en el relato de Brian Aldiss, y cómo no, la estupenda versión del genial Kenneth Branagh, Mary Shelley's Frankenstein, en el año 1994.

En esta última adaptación, una de las más fieles a la novela de Shelley, se sustituye la clásica escena de la tormenta por un contenedor rebosante de anguilas eléctricas, encargadas de proporcionar las descargas necesarias para que la desdichada criatura comience su particular peregrinación por un mundo que le resulta cruel, inhumano y carente de compasión.

Pero donde quiero detenerme y centrarme es precisamente en este asunto de las descargas eléctricas como elementos insufladores de vida en la materia inanimada. En las dos entradas anteriores que completan esta trilogía sin par, hemos visto los efectos producidos por las corrientes eléctricas a las que eran sometidos los ajusticiados en el patíbulo, pero a continuación intentaré mostraros que cuando la electricidad proviene de un rayo de tormenta la cosa puede ser muy diferente. Empezaré antes con un poco de física, seguiré después con otro poco y terminaré con algo de física. ¿Os parece?

En primer lugar, nuestro amigo el doctor Frankenstein, debe saber algunas cosas sobre esos fenómenos atmosféricos que llamamos rayos de tormenta. Por ejemplo, que suelen generarse más frecuentemente en el interior de un tipo de nubes denominadas cumulonimbus, cuya parte superior se encuentra típicamente a unos 6 km de altura, con una temperatura de unos -20 ºC. Debido a la fricción, se produce una separación de cargas eléctricas en el interior de la nube, dejando su parte superior cargada con signo positivo, mientras que la parte inferior, a unos 3 km de altura y una temperatura comprendida entre 0 ºC y 10 ºC, adquiere una carga negativa.

Otra cosa que debe conocer Victor Frankenstein es que hay que esperar el momento adecuado para poder disponer de energía eléctrica suficiente que provenga de una tormenta. Se estima que en todo el mundo se producen entre 40.000 y 50.000 tormentas eléctricas a diario, las cuales dejan un saldo de más de 100 rayos por segundo. Aunque si no quisiera esperar demasiado, siempre podría trasladar su tenebroso laboratorio al sur del lago Maracaibo, en la cuenca del río Catatumbo (Venezuela). En esta región tiene lugar un fenómeno atmosférico asombroso consistente en una tormenta cuya duración asciende a unos 160 días anuales y es capaz de generar casi 300 relámpagos cada hora. Se considera que prácticamente la décima parte del ozono de nuestra atmósfera se produce allí.

Un rayo no es otra cosa que una descarga pasajera o transitoria de una elevada intensidad de corriente eléctrica. La mitad de los rayos suceden en el interior de la propia nube donde se generan, mientras que la otra mitad aproximadamente tiene lugar entre la nube y el suelo. Estas descargas entre nube y tierra pueden ser tanto positivas como negativas, siendo las más frecuentes las segundas con una proporción de 9 a 1, aunque también es cierto que las primeras son mucho más violentas. También se pueden dar descargas desde la tierra hasta la nube, aunque suelen ser mucho menos frecuentes, y tienen lugar en zonas de gran altitud, desde las cimas de las montañas o desde estructuras artificiales hechas por el ser humano.

Inicialmente, en el interior de la nube se produce la anteriormente aludida separación entre las cargas eléctricas positivas y negativas entre la parte superior y la inferior. El campo eléctrico se hace, entonces, tan intenso que se produce un fenómeno conocido como ruptura dieléctrica, consistente en que el aire se hace conductor de la electricidad. Se forma así el llamado canal que observamos con las diversas ramificaciones tan características y por el que circula corriente eléctrica que puede alcanzar una intensidad de varios cientos de amperes (amperios para los que os guste traducir nombres propios, cosa a la que me niego hasta que a los newtons se les llame newtonios) a una velocidad de hasta 200 km/s. A medida que el canal se acerca a tierra, el campo eléctrico que se induce en los objetos, sobre todo en los que terminan en punta o tienen formas irregulares, también aumenta enormemente. En este momento, se inicia una descarga entre estos objetos hasta entrar en contacto con el canal y cuando éste llega a tierra se produce una descarga hasta la nube a lo largo del canal. Dicha descarga recibe el nombre de primera descarga de retorno y se propaga casi a la mitad de la velocidad de la luz, transcurriendo tan sólo unas 70 millonésimas de segundo en viajar de tierra a nube. La intensidad de corriente alcanza valores máximos del orden de los 30.000 amperes (¿aún no se llama newtonios a los newtons?) y la temperatura puede superar los 30.000 ºC. Posteriormente, si aún resta carga eléctrica acumulada en el interior de la nube, tienen lugar sucesivas descargas de retorno, pero en éstas ya no se observan ramificaciones como sucede con la primera.

A la vista de los anteriores datos, cabe hacerse una pregunta: ¿es una buena idea someter al maltrecho cuerpo del monstruo de Frankenstein a la descarga de un rayo de tormenta? Para responder, me voy a detener un poco en los efectos que produce la corriente eléctrica sobre el cuerpo humano. Se dice que una persona se electriza cuando la corriente eléctrica circula por su cuerpo; en cambio, se habla de electrocución si la persona fallece. Antes de la muerte suelen suceder dos fenómenos muy característicos denominados, respectivamente, tetanización y fibrilación ventricular. El primero consiste en un movimiento incontrolado e involuntario de los músculos como consecuencia del paso de la corriente eléctrica, mientras que el segundo se caracteriza por un movimiento caótico del corazón, siendo éste incapaz de bombear sangre a los distintos órganos del cuerpo. Si el paso de la corriente afecta al centro nervioso encargado de la regulación de las funciones respiratorias, entonces se produce la asfixia. Evidentemente, todos los efectos anteriores no tienen demasiada importancia para nuestro doctor Frankenstein, pues su criatura está confeccionada a partir de fragmentos de cadáveres y por tanto no puede sufrir fibrilación ventricular ni tampoco asfixia. En cambio, lo que no puede obviar en ningún caso es el efecto térmico de la corriente eléctrica.

Efectivamente, el cuerpo humano se comporta básicamente como una resistencia y se opone en cierta medida al paso de una corriente eléctrica. Esta resistencia está formada por otras tres resistencias parciales cuyas contribuciones han de sumarse, a saber: la de la piel en la zona de entrada de la corriente, la interna del cuerpo y de nuevo la de la piel en la zona de salida de la corriente. Las distintas partes del cuerpo muestran resistencias asimismo diferentes. Así, por ejemplo, los brazos y las piernas resultan mucho más resistivos que el tronco. Igualmente determinantes resultan otros factores, como pueden ser la tensión o diferencia de potencial (el voltaje) aplicada, la duración del paso de la corriente, el grado de humedad de la piel, etc. Como norma general aproximada, se le suele atribuir a la resistencia del cuerpo humano entre la mano y el pie un valor estándar de unos 2500 ohms (no los llamaré ohmios hasta que a los newtons se les llame newtonios).

Fue James Joule el señor que descubrió el efecto que lleva su nombre y que viene a decir, en palabras sencillas, que toda corriente eléctrica produce un efecto disipativo en forma de calor al atravesar una resistencia. Esta energía calorífica depende del producto del cuadrado de la intensidad de la corriente por el valor de la resistencia y por el tiempo que dure el paso de la corriente. El efecto Joule lo vemos todos los días en nuestras placas vitrocerámicas, en el grill del horno o en el filamento de las bombillas.

Pues bien, dependiendo tanto de la densidad de la corriente (intensidad de corriente por unidad de área) que atraviese el cuerpo humano como del tiempo que dure la exposición, se pueden experimentar distintas consecuencias que van desde un leve enrojecimiento de la piel y una hinchazón en la zona de contacto con los electrodos para valores de la densidad de corriente de entre 15 y 30 miliamperes por milímetro cuadrado y tiempos de unos pocos segundos hasta una carbonización total de la piel para densidades de corriente de unas pocas decenas de miliamperes por milímetro cuadrado y tiempos de exposición que no superan unas pocas decenas de segundos. Si aún así no os queda suficientemente claro, coged la anteriormente citada ley de Joule y aplicadla a un cuerpo humano, vivo o muerto, o a la criatura de Frankenstein sin ir más lejos. Si su creador, el doctor le zurrase bien con una descarga de un rayo de 30.000 amperes durante tan sólo una milésima de segundo, el calor generado como consecuencia sería suficiente para elevar la temperatura de la piel unos 5.000 grados centígrados, la temperatura de la superficie solar. Como poco, el desdichado ser sin alma, sería negro.

07 octubre 2009

La ciencia necesita amor. Tijeras No

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Hoy, 7 de octubre de 2009, cientos de blogueros se van a sumar a lo largo de toda la jornada a la iniciativa promulgada por Javi Peláez, responsable de "La Aldea Irreductible", una iniciativa que propone que en todos los blogs que se sumen a la misma se publique una razón para no permitir el recorte en los fondos destinados a la investigación científica y tecnológica en nuestro país para el próximo año 2010.

Para mí personalmente, como científico profesional, sería demasiado fácil encontrar una razón por la que no deberíamos dejar de invertir en la ciencia. De hecho, seguro que a todos se nos ocurren una buena cantidad de ellas. Sé de sobras que los motivos que se podrán leer hoy por toda la blogosfera serán estupendos, loables, razonados y muy respetables, pero también estoy seguro que muchos de ellos se repetirán una y otra vez, porque en el fondo todos sentimos cosas parecidas y todos queremos decir cosas parecidas.

Carl Sagan decía que "vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología, en la que nadie sabe nada de estos temas. Ello constituye una fórmula segura para el desastre." Isaac Asimov afirmaba que "el aspecto más triste de la vida actual es que la ciencia gana en conocimiento más rápidamente que la sociedad en sabiduría." Por su parte, Jean Rostand iba más allá al decir que "la ciencia nos ha hecho dioses antes de que mereciéramos ser hombres.". Pero sería Karl Popper, el célebre filósofo, el que captase más profundamente la esencia de la ciencia al establecer que "la ciencia será siempre una búsqueda, jamás un descubrimiento real. Es un viaje, nunca una llegada."

Después de lo que han dicho genios como los anteriores, quién soy yo para estropear sus frases con mis torpes propuestas. Un mundo ignorante en temas de ciencia nunca podrá comprender el universo, el milagro de la vida, el ansia humana por descubrir, por conocer, por saber, siempre más, siempre mejor. Una sociedad sin conocimiento científico es una sociedad ignorante, condenada a no poder tomar decisiones sabias, razonadas, inteligentes; una sociedad crédula, manejable, víctima fácil del pensamiento místico y mágico; una sociedad embrutecida, ociosa, que preferirá solucionar los problemas a base de violencia, el recurso más fácil, el que menos esfuerzo de entendimiento requiere. La ciencia nos ha hecho poderosos a lo largo de la Historia, nos ha otorgado el poder de curar enfermedades mortales hasta hace muy poco tiempo, el poder de vivir más y con mejor calidad, el poder de reanimar un corazón parado, el poder de modificar el tiempo, el poder de desplazarnos enormes distancias en tiempos muy cortos, el poder de llegar incluso a otros mundos, y de saber cómo comenzó el nuestro. La ciencia nos ha hecho dioses, pero no se ha detenido ahí. La ciencia es un viaje continuo, incesante; nunca se detiene. Sin la ciencia aún estaríamos caminando semierguidos y en pelotas por algún rincón del planeta.

La ciencia viste de blanco satén, tiene rostro de mujer. El hombre de las tijeras viste de negro, y se siente solo, aislado, incomprendido. La ama, pero no se atreve a tocarla, a rozarla, a acariciarla. Tiene miedo de herirla, de hacerle daño, pero no puede evitar ser quien es, ser lo que es. En sus sueños, piensa que no está tan lejos de casa; se pregunta quién es él en un mundo tan lejos de casa; toda su vida y todo el tiempo demasiado lejos de casa; sin ella, él estará demasiado lejos de casa. El mundo que ve más allá de los preciosos ojos de ella le hace querer quedarse a su lado, sin importar lo que digan los demás. Porque el amor puede encontrar su momento y ser ambos de nuevo uno parte del otro. Otro final es posible.


Letra de la canción:

I' m loving living every single day

But sometimes I feel so...

I hope to find a little peace of mind

And I just want to know

And who can heal those tiny broken hearts

And what are we to be

Where is home on the milky way of stars

I dry my eyes again

In my dreams I am not so far away from home

What am I in a world so far away from home

All my life all the time so far away from home

Without you I will be so far away from home

If we could make it through the darkest night

We' d have a brighter day

The world I see beyond your pretty eyes

Makes me want to stay

And who can heal those tiny broken hearts

And what are we to be

Where is home on the milky way of stars

I dry my eyes again

In my dreams I am not so far away from home

What am I in a world so far away from home

All my life all the time so far away from home

Without you I will be so far away from home

I count on you, no matter what they say

' cause love can find its time

I hope to be a part of you again

Baby let us shine

And who can heal those tiny broken hearts

And what are we to be

Where is home on the milky way of stars

I dry my eyes again

In my dreams I am not so far away from home

What am I in a world so far away from home

All my life all the time so far away from home

Without you I will be so far away from home

In my dreams I am not so far away from home

What am I in a world so far away from home

All my life all the time so far away from home

Without you I will be so far away from home

01 octubre 2009

Mi colección de frikilibros

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Esta semana ha sido un tanto complicada. El comienzo del curso, de las clases de Física en la Ciencia Ficción,... y también los preparativos de última hora de mi presentación y participación en las jornadas de Blogs & Ciencia en CosmoCaixa Madrid para este próximo fin de semana. Así que no he tenido demasiado tiempo para dejaros la tercera y última parte, el desenlace de la trilogía de "Aprendiendo a ser Dios". Como no quería dejaros desamparados en las tinieblas de la soledad, aquí debajo os pongo unas cuantas recomendaciones para que podáis llegar a ser todos unos auténticos expertos en frikiciencia. Son tan sólo una muestra parcial de mi biblioteca, unos cuantos frikilibros escogidos y que resultan especialmente recomendables para llevárselos a un lugar remoto y abandonado. Así estaréis entretenidos hasta mi vuelta (si es que regreso, que nunca se sabe...). Echadles un vistazo tranquilamente porque merecen mucho la pena. ¡Disfrutad!


1.- Física y ciencia ficción; Pilar Bacas, Mª Jesús Martín, Fidel Perera, Ana Pizarro.
2.- The science of Star Wars; Jeanne Cavelos.
3.- De King Kong a Einstein: la física en la ciencia ficción; Manuel Moreno, Jordi José.
4.- Fantastic voyages: learning science through science fiction films; Leroy W. Dubeck, Suzanne E. Moshier, Judith E. Boss.
5.- The physics of superheroes; James Kakalios.
6.- The encyclopedia of science fiction; John Clute, Peter Nicholls.
7.- The encyclopedia of science fiction movies; C.J. Henderson; Checkmark Books.
8.- The mammoth encyclopedia of science fiction; George Mann.
9.- La ciencia en la ciencia ficción; Peter Nicholls.
10.- Paradojas: ciencia en la ciencia ficción; Miquel Barceló.
11.- Paradojas II: ciencia en la ciencia ficción; Miquel Barceló.
12.- The science of the X-files; Jeanne Cavelos.
13.- The real science behind the X-files; Anne Simon.
14.- The science of the X-men; Link Yaco, Karen Haber.
15.- Time machines: time travel in physics, metaphysics and science fiction; Paul J. Nahin.
16.- How to build a time machine; Paul Davies.
17.- Breaking the time barrier: the race to build the first time machine; Jenny Randles.
18.- Black holes, wormholes & time machines; Jim Al-Khalili.
19.- Bad astronomy; Philip Plait.
20.- The science of Superman; Mark wolverton, Roger Stern.
21.- The science of superheroes; Lois H. Gresh, Robert Weinberg.
22.- The science of supervillains; Lois H. Gresh, Robert Weinberg.
23.- The physics of Star Trek; Lawrence M. Krauss.
24.- Beyond Star Trek: from alien invasions to the end of time; Lawrence M. Krauss.
25.- Hablando de física a la salida del cine; Antoni Amengual.
26.- Insultingly stupid movie physics; Tom Rogers.
27.- The science of anime; Lois H. Gresh, Robert Weinberg.
28.- Don't try this at home: the physics of Hollywood movies; Adam Weiner.
29.- The physics of the buffyverse; Jennifer Ouellette.
30.- The science of the hitchhiker's guide to the galaxy; Michael Hanlon.
31.- The science in science fiction; Robert W. Bly.
32.- Centauri dreams; Paul Gilster.
33.- Where is everybody?; Stephen Webb.
34.- Physics of the impossible; Michio Kaku.
35.- The science of Dr. Who; Paul Parsons.
36.- Death rays, jet packs, stunts and supercars; Barry Parker.
37.- Becoming Batman; E. Paul Zehr.
38.- Teleportation; David Darling.
39.- PSIence; Marie D. Jones.
40.- The science of Stephen King; Lois H. Gresh, Robert Weinberg.
41.- Cómo clonar a la rubia perfecta; Sue Nelson, Richard Hollingham.
42.- The encyclopedia of superheroes on film and TV; John Kenneth Muir.
43.- Hollywood science; Sidney Perkowitz.
44.- The science of aliens; Clifford Pickover.
45.- The science of UFOs; William R. Alschuler.