09 febrero 2010

Recuentos en la tercera fase

Reacciones: 
Rayos láser, positrónicos, rayos X, Y, Z, alfa, beta, gamma y todas las letras de los alfabetos latino y griego. Las armas más mortíferas que se puedan imaginar han pasado por la gran pantalla y siempre con efectos devastadores sobre sus víctimas. Unas veces, simplemente aturdiendo como mal menor, en otras ocasiones reduciendo sus objetivos a cenizas, vapor o incluso la nada, pura energía.

Hemos presenciado escenas así en tantas ocasiones que prácticamente asumimos que reducir a polvo a un ser humano es una tarea más o menos sencilla, sin más requerimientos que disponer del arma adecuada. Pero, reflexionemos un poco sobre esta cuestión. Veamos, creo que todos estaréis de acuerdo conmigo en que un cuerpo humano tiene apariencia sólida, aunque en el fondo un buen porcentaje de nuestro cuerpo sea agua, pero en definitiva podemos admitir que no nos comportamos como un líquido propiamente dicho ni tampoco como un gas. Al menos, que yo sepa, nunca he visto a una persona adaptar su forma a la de un recipiente en el que se haya introducido. ¿Alguien ha visto alguna vez a una persona enlatada, embotellada o encerrada dentro de un globo de feria, de esos que se les compran a los niños?

Bien, una vez puestos de acuerdo en esto (aunque sé que siempre aparecerá alguien para discutirlo), pensemos un poco en lo que supone desde el punto de vista físico una situación como la descrita más arriba, es decir, tenemos un cuerpo sólido y lo transformamos en líquido, en gas o simplemente lo reducimos a pura energía, según la mala leche de nuestro armamento. En física llamamos a estas situaciones cambios de fase o de estado y siempre requieren un intercambio de energía. Cuando se pretende hacer que un cuerpo físico que se encuentra inicialmente en fase sólida pase a convertirse en líquido hay que aportarle calor. Y ese calor o energía térmica que se le suministra debe ser suficiente en principio para elevar la temperatura de dicho cuerpo hasta la temperatura en la que se produce el cambio de fase (en nuestro caso, se denomina temperatura de fusión). Pero ahí no acaba el proceso ya que una vez alcanzado el punto de fusión es imprescindible aportar una cantidad de energía adicional denominada calor latente de fusión y que es característica de cada sustancia. Durante este último proceso la temperatura del cuerpo permanece constante hasta que todo él se vuelve líquido. Si posteriormente continuásemos aportando calor, lo que conseguiríamos sería un nuevo aumento de temperatura, ahora del líquido, hasta que se alcanzase el conocido como punto de ebullición o, lo que es lo mismo, aquella temperatura a la que se da un nuevo cambio de fase (en este caso, de líquido a gas) tras el consabido suministro del calor latente de vaporización. Resumiendo, si se pretende vaporizar un cuerpo sólido hay que elevar, en primer lugar, su temperatura hasta el punto de fusión para, a continuación, llevar a cabo el cambio de fase mediante el aporte del calor latente de fusión. Una vez que todo el cuerpo se encuentra en estado líquido hay que seguir suministrando calor para elevar su temperatura hasta el punto de ebullición, momento a partir del cual el cuerpo se vaporizará siempre y cuando se le proporcione el calor latente de vaporización. En determinadas situaciones particulares, también es posible hacer pasar un cuerpo directamente del estado sólido al gaseoso, sin pasar por el estado líquido. Este proceso recibe el nombre de sublimación.

Si pretendemos cuantificar las energías caloríficas anteriores, debemos saber que éstas dependen en proporción directa de la masa del cuerpo que se pretende fulminar, desintegrar o vaporizar; asimismo, de la naturaleza del cuerpo, es decir, de la sustancia misma de la que esté formado (esto se describe a través de un parámetro físico conocido como calor específico) y, finalmente, de la variación de la temperatura a la que se le quiera someter. Para entenderlo, os pondré un ejemplo muy sencillo y clarificador. Supongamos que disponemos de un kilogramo de hierro que se encuentra inicialmente a 20 ºC. Si pretendemos vaporizarlo todo, deberemos aportarle la suma de cuatro cantidades distintas de calor, a saber: para elevar su temperatura hasta su punto de fusión (1803 K) unos 665.000 joules, para licuarlo 289.000 joules, para llevarlo hasta su punto de ebullición (3273 K) 647.000 joules más y, por último, para transformarlo en vapor nada menos que 6,3 millones de joules. En total, casi 8 millones de joules. Si el material fuese cobre el requerimiento energético sería menor, de tan sólo unos 6 millones de joules y tratándose de plomo, únicamente 1 millón.

Tengo que decir que las cantidades anteriores no resultan especialmente elevadas o fuera del alcance de armas tecnológicamente tan avanzadas como las que se nos muestran en el cine de ciencia ficción. Sin embargo, convendréis conmigo en que muy pocas veces dichas escenas suelen ser coherentes, ya que no aparece por ningún lado el vapor al que se ha reducido el cuerpo sobre el que se ha disparado. En caso contrario, se podrían enfrascar originales fragancias de carro blindado o de tanque, olorosas esencias de hilo de cobre ("Cobbrel nº 5"), perfumes exóticos y sensuales de macetero de plomo (el célebre "eau de plomó" para él y para ella), etc.

En otras ocasiones, los cambios de fase parecen surgir por generación espontánea, sin mediar, aparentemente, fuente de calor alguna. Claro que esto ya es cosa de superhéroes. Por ejemplo, en la película Sky High: una escuela de altos vuelos (Sky High, 2005) uno de los muchachos que asiste a la escuela de superhéroes para hijos de superhéroes posee el asombroso superpoder de licuarse o "derretirse", como él mismo afirma. Ahora bien, ¿de dónde proviene el calor necesario para semejante habilidad? Más aún, para posteriormente recuperar su forma sólida normal, ¿adónde va a parar el calor que necesariamente debe expulsar de su cuerpo? ¿Sería conveniente encontrarse cerca de él?

12 comentarios:

Daryl dijo...

En la añeja, pero que muy añeja, serie de TV, "los invasores", la de los marcianos con dedo meñique rigido, se transformaban, cuando se morian o los mataban, en ceniza en un plis-plas y sin derretir nada a su alrededor. Vamos que habian inventado la auto-cremación instántanea.

Manuel Sánchez dijo...

Hola

Se me ocurre que el superpoder de licuarse podría ser explicado si el cuerpo de ese superhéroe se comportase como un plástico de Bingham o un plástico de Casson. Lo malo es que no me imagino como podría aplicarse a sí mismo la fuerza para poder fluidizarse.

Por cierto, con respecto a la pregunta de si has visto alguna vez una persona enlatada, aquí te dejo el link a esta imagen de Houdini.

http://www.historyplace.com/specials/calendar/docs-pix/houdini-can.jpg

Saludos

Milú el Bárbaro dijo...

Recuerdo además la pistola de rayos F de Futurama (Capítulo 13 "Fry y la fábrica de Slurm" de la primera temporada), que permitía ver a través de los objetos, hacer eructar a alguien apuntándole al estómago, o causar daños en los testículos de un varón

José Luis dijo...

Sergio, pues yo los fines de semana suelo ver gente "embotellada", los hay que con Heineken, otros con Carlsberg, etc. ;)
Después de esto sé que merezco ser vaporizado, tenga el coste energético que tenga :S

cybormoon dijo...

En la naturaleza existen armas con una energía tremenda, como los rayos. Si disponemos de un mega-rayo de un millón de voltios y cien mil amperios, tendremos 10 elevado a 11 watios. Lo que ocurre es que los rayos suelen durar una milésima de segundo, con lo que nos quedan "solo" 100 millones de julios, a una temperatura superior a los 30.000 grados centígrados.
Si pudiésemos lanzar rayos de 10 segundos, tendríamos un arma que dispensaría 1 billón de julios, casi nada.
El problema es que sería un arma planetaria y con muy mala puntería, salvo que se diseñara un sistema de apuntamiento preciso por diferencia de potencial, como el fenomeno que se produce cuando se nos eriza el cabello cuando va a empezar una tormenta.

DarkSapiens dijo...

Lo del arma de rayos de 10 segundos me ha recordado algo que leí precisamente ayer:

http://martianchronicles.wordpress.com/2010/02/08/frickin-laser-beams-fact-vs-fiction/

En torno al final del artículo.

Por cirto, Sergio, buena entrada! No comenté porque no vi nada que criticar! Jejejejeje

Saludos!

Willy Galleta dijo...

Me quedaba la duda de cuál es el calor específico de un cuerpo humano, así que fue y le pregunté al fiel amigo Wolfram Alpha y me dijo esto:
http://www.wolframalpha.com/input/?i=specific+heat+human&a=ListOrTimes_Times

La verdad, no tengo ni idea de qué narices es un juliopersona por kilogramokelvin, pero tiene su gracia. XD

Siendo un poco más serio, lo cierto es que evaporar un cuerpo debe de ser complicado, pero parece estar bastante más lejos de los órdenes de absurdo de los superpoderes más comunes.
Aunque visto lo visto, parece mucho más efectivo volatilizar una parte pequeña, pero vital del cuerpo, como siempre se ha hecho, vaya. Luego si hay tiempo ya pasamos el cadáver por el horno o la picadora. Will it blend?

blackhawk dijo...

Un caso aún más extremo que se me viene a la cabeza es el de los vampiros (en casi todas las películas de ellos). Que únicamente con clavarles la estaca en el lugar correcto, se volatilizan sin que quede ningún rastro...

Como mucho, si el vampiro es uno "de los mandamases", sí se suele producir una explosión con su desintegración, que al menos algo da el pego.

El resto, deben de tener tan poco poder que ni cumplir las leyes de la física pueden xD

Sergio L. Palacios dijo...

Con los vampiros me meteré en el próximo post ;-)

Carlos dijo...

Y consideremos, ademas, que el cuerpo humano no es homogéneo. La energia necesaria para vaporizar la sangre, será mucho menor de la necesaria, por ejemplo, para fundir y luego vaporizar los huesos.
Como mencionastes nos parecemos mas a bolsas de liquido. Lo mas probable es que al aplicar esa enorme cantidad de energia, el sujeto estalle (y/o se queme) antes de completar el proceso.

cybormoon dijo...

Interesante el artículo del láser y su empleo como creador de un hilo conductor de plasma de aire para descargar un rayo de electrones.
En el trabajo han estado probando el láser para desviar misiles ya que el láser empleado está en la franja de los infrarrojos, creo que no con demasiado éxito. Si tuviese más tiempo me enteraba, porque me parece interesante. Aún queda un tiempo para usarlo como un arma de alta tecnología. Pero todo llegará.

Çhuffo dijo...

Para esto si que vale, algo es algo.

http://www.youtube.com/watch?v=ZWWgQ1GG1mI