07 abril 2010

La fórmula del profesor Gibberne

Reacciones: 
Mi amigo, el profesor Gibberne, “estaba buscando simplemente un estimulante general del sistema nervioso para levantar el ánimo de las personas abatidas por las tensiones de estos tiempos agresivos.” […]

Experimentando con la acción de ciertas drogas sobre el sistema nervioso, Gibberne me dijo lo siguiente:

“Y lo que yo quiero y lo que, si es humanamente posible, pretendo obtener es una droga que estimule todo el sistema, que te despierte durante un tiempo desde la coronilla hasta la punta del dedo gordo del pie, y que te haga dos o tres veces superior a los demás.” […]

Y cuando estaba a punto de ofrecerme su sorprendente pócima, añadió:

“Debo advertirte, en primer lugar, que cierres los ojos inmediatamente después de ingerirla; espera un minuto o así y ábrelos con cuidado. Uno ve todavía. El sentido de la vista depende de la longitud de la vibración, y no de la cantidad de impactos. Si se tienen los ojos abiertos, se puede producir un choque en la retina, acompañado de una horrible y vertiginosa confusión. Mantenlos cerrados.” […]

“Y la siguiente advertencia es que permanezcas quieto. No empieces a moverte de un lado a otro. Si lo haces, puedes sufrir un tremendo golpe. Recuerda que irás varios miles de veces más rápido de lo que has ido en toda tu vida; el corazón, los pulmones, los músculos, el cerebro, todo. Y te pegarás un golpe espantoso sin saber cómo. No te darás cuenta, ¿comprendes? Te sentirás exactamente igual que ahora. Sólo que todo lo que hay en el mundo te parecerá que va muchos miles de veces más despacio de lo que ha ido nunca. Esto es lo que la hace endiabladamente extraña.” […]

Decidí pues hacer caso a mi amigo y, tras ingerir la fórmula , todo estaba silencioso, sólo se percibía “ese débil golpeteo, ese sordo tamborileo, como si la lluvia cayese sobre objetos diversos.” Sucedieron entonces cosas increíbles. Pude observar cómo una cortina levantada ligeramente por el viento pareció quedar fosilizada en aquella posición. Al abrir la mano con la que sujetaba un vaso, éste ni se movió, quedando suspendido en el aire, inmóvil.

“Hablando en términos generales – dijo Gibberne – un objeto en estas latitudes recorre dieciséis pies en el primer segundo de caída. Este vaso está cayendo ahora a una velocidad de dieciséis pies por segundo. Sólo que para ti todavía no ha caído más que una centésima de segundo. Esto te dará una idea de la velocidad de mi Acelerador.” […]

“Todo mi ser funcionaba muy deprisa. Mi corazón, por ejemplo, latía mil veces por segundo, pero no me causaba ningún malestar.” […]

Entonces me di cuenta de la cantidad de travesuras que podría llevar a cabo con mi nuevo poder recién adquirido. Mi amigo me lo confirmó:

“No nos verán. ¡Gracias a Dios! Sencillamente porque iremos mil veces más deprisa que el juego de manos más rápido que se haya realizado jamás.” […]

Con la emoción de un crío, el profesor comenzó a correr sin caer en la cuenta de algo evidentemente obvio en nuestro estado. Le advertí:

- “¡Gibberne! ¡Si sigues corriendo de esa manera, se te incendiarán las ropas! ¡Tus pantalones de lino se están chamuscando!” […] “¡Dos o tres millas por segundo! ¡El rozamiento del aire!

[…]

Con el paso del tiempo, los efectos del nuevo Acelerador del profesor Gibberne eran cada vez más duraderos. Así que la cosa dejó de resultar graciosa y pasó a convertirse en algo más que un problema. La única solución viable tendría que pasar por la síntesis de un antídoto, una pócima capaz de provocar el efecto contrario.

“El Retardador, evidentemente, tendrá el efecto contrario del Acelerador. Empleado en solitario permitirá al paciente vivir en unos pocos segundos varias horas de tiempo ordinario y mantenerse en una inacción apática, en una helada ausencia de vivacidad en medio de los ambientes más animados o irritantes.” […]

Al cabo de un tiempo, el esfuerzo de mi amigo tuvo recompensa y todo volvió a la normalidad. A pesar de ello, resultaba evidente que algo había cambiado para siempre, pues “… los procedimientos más criminales pueden ser realizados con total impunidad escurriéndose, por así decirlo, a través de los intersticios del tiempo. Como todas las drogas potentes, será susceptible de abuso.”


NOTA: El texto de esta entrada está adaptado y modificado libremente por mí tomando el relato original de H.G. Wells titulado "El nuevo acelerador". Las frases entrecomilladas están extraídas literalmente del anterior relato.

9 comentarios:

Roboticastreet dijo...

Hola Sergio, ¿que tal? Llevo tiempo siguiéndote aunque nunca había comentado hasta ahora.

Referente a tu entrada de hoy. Siempre me ha dado por pensar si todos vivimos el mundo a la misma velocidad ¿sabes tú si hay alguna forma de saberlo?

Te pongo un ejemplo relacionado. Yo tengo un amigo al que le gusta mucho el cine y un día me dijo: "¿sabes que el cine y la televisión se ven a diferente velocidad?" Yo lo dudé en un principio pero al poco tiempo emitieron por la televisión Gladiator, la cual yo tenía también en formato DVD. Así que decidí hacer la prueba. Sincronicé el inicio de la TV con el de mi DVD puesto en mi ordenador. A los pocos minutos la película en mi ordenador iba mucho más adelantada que en la televisión. Y eso sin tener en cuenta los anuncios ;-)

Esa circunstancia me dio mucho que pensar ya que la veas en televisión o en DVD o en el cine tú no notas nada anormal. Es decir, para ti "el mundo" que ves en tu tele "se entiende" perfectamente igual que si lo ves en el cine. Sin embargo "el mundo del cine" es más rápido que el de la tele. Y te hablo de bastantes minutos de diferencia entre una y otra. Pero no notas nada raro.

Y de ahí mi duda. ¿Veremos todos el mundo a la misma velocidad? ¿Tendrá ventaja alguien sobre los demás si se mueve por el mundo a más velocidad que otros sin que los demás nos demos cuenta?

Un saludo

Gouki dijo...

La escena en la que el personajes siente las cosas a extrema camara lenta me recuerda a cuando en la saga de Dune Miles Teg sufre el mismo fenomeno.

Milú el Bárbaro dijo...

Es como cuando Fry se bebe 100 cafés, en el capítulo de futurama de la cuarta temporada: "Trescientos billetazos"

Interesante reflexión, Roboticastreet

cybormoon dijo...

Cada persona tiene su velocidad, en eso se basan los test de inteligencia, en la velocidad de procesamiento de nuestra CPU. Eso da ventajas, pero no tiene en cuenta la reflexión.
Me acuerdo de las crónicas de Riddik y el maestro necrófero, que al final la palma por precipitado (y por la traición).

dra jomeini dijo...

Me ha gustado. Increíblemente original.

Carlos dijo...

Y también lo desarrolla Scott Card en Traición, y es que ya lo dijo alguien... el tiempo es relativo. O relativamente relativo. O como sea

Carlos dijo...

Estando quietos, apenas percibimos el aire. Pero si sacamos la mano en un auto a unos 100 Km/h el aire opone una resistencia apreciable, similar a mover la mano bajo el agua. Los pilotos que han tenido que eyectarse a velocidades cercanas a las del sonido describen la sensación como darse de pleno contra un muro.
Al grado de aceleración que describe el texto, el aire se sentiria tan viscoso que apenas podriamos movernos.

El cuerpo tampoco esta preparado para esas velocidades, tenemos el trágico ejemplo de los pilotos de F1 que sufrieron fracturas mortales debido las grandes desaceleraciones.

Y, bueno, supongamos que la poción realmente da la capacidad de movernos tan rápido, ¿de donde proviene la energia para hacerlo? ¿Y como la dicipamos? ¿Hariamos estallar chimeneas como Santa?

Daryl dijo...

Para mi que le dio una dosis masiva de LSD que le hacia tener la sensación de que el mundo exterior funcionaba más lento, mucho más lento.
Pues si fuera cierto, no habria cuerpo humano capaz de resistir semejantes tensiones: corazón funcionando mil veces más rápido, pulmones inspirando-expirando un minimo de 15.000 veces por minutos, velocidad de más de 11.500 (2 millas x 1,6 x 3.600 segundos) kilometros por segundo en la superficie terrestre, neurotransmisores cerebrales agotados de formas casi inmediata. De hecho si llegara a existir tal sustancia al consumidor le pasaria lo mismo que al malo de "Indiana Jones y la última cruzada": envejeceria de forma instántanea al beber del caliz equivocado ¿habian inventado lo templarios tal sustancia?.
Aunque tal vez le pase como a superman (algunas de las facultades descritas la tiene él) y le active la posibilidad de cambiar la masa inercial.

unodetantos dijo...

Una cosa es la "sensación" de que el tiempo pase más lento y otra es que en realidad pase de verdad. Si realmente el tiempo pasase tan lento como dicen, sería imposible moverse con esas ropas.

Si me muevo a esa "supervelocidad" como lo hace Flash, el héroe de DC Comics, para dar un paso necesito avanzar mi pierna hacia adelante unos 40 cm. Dado que me muevo a supervelocidad, ese paso a 40 cm tardaría ¿cuánto? ¿0,01 segundos? Eso implica que tengo que conseguir una velocidad de 4000 cm/s, o lo que es lo mismo 40 m/s ó 144 km/h. Es decir, mis músculos tienen que dar un impulso a los pantalones y a mi zapato que que se pongan a esa velocidad.

Y luego está el frenar ese zapato y esos pantalones. Directamente es imposible lograr semejante potencia en los músculos.

Si nos vamos a que mis movimientos son de 0,001 segundos por paso (dicen que su corazón latía a 1000 veces por segundo), la velocidad para dar el paso pasa a 400 m/s, es decir 1600 Km/h. Aquí ya entramos en régimen supersónico (la velocidad del sonido es de unos 350 m/s). Con cada paso romperíamos la barrera del sonido.

Desde el punto de vista de la energía necesaria para hacer eso y de la potencia que tendrían que proporcionar nuestros músculos hace la tarea del todo imposible.