27 abril 2010

El consultorio del profesor Enigma (12)

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Debido a un desconocido suceso cósmico, las hormigas han empezado a comportarse de forma extraña. Aparentemente, han desarrollado una inusual inteligencia. Un equipo formado por dos personas, un científico y un experto en lenguaje se desplazan hasta el lugar donde los insectos han construido unas estructuras extraordinariamente originales, con formas geométricas fuera de lo común. Allí, logran descifrar el lenguaje de los animales y descubren su plan.

Prestad atención al siguiente vídeo donde se muestra un fragmento de la película en cuestión. Os recomiendo que estéis especialmente atentos a los minutos 2:00 y 5:00. ¡Suerte y al gazapo! Ya casi os lo he destripado...




16 abril 2010

Cómo detener el tiempo con un reloj: fácil, si sabes cómo hacerlo

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Quantum Tech Corporation es una empresa que se dedica, como su propio nombre indica, al desarrollo de fregaderos de cocina autolimpiables. Dirigida por el perverso Henry Gates, se aprovecha del trabajo del doctor Earl Dopler (sí, con una sola "p"; con dos "pes" sería Pepe), un estudiante aventajado del profesor Gibbs al que mantiene secuestrado. Al parecer, Dopler ha conseguido desarrollar una tecnología con el poder de acelerar las moléculas del cuerpo humano hasta el punto de hacer que el resto del mundo parezca congelado en el tiempo (de forma muy similar a la fórmula del profesor Gibberne). El dispositivo capaz de realizar la hazaña no es otro que un reloj de pulsera que, accidentalmente, encuentra el hiperhormonado hijo del profesor Gibbs, Zak. En palabras del profesor Gibbs dirigidas a su hijo:

"Se trata de un proyecto supersecreto. Supongamos que hipotéticamente fuera posible acelerar tu estructura molecular hasta que el resto del mundo pareciera estar parado."

"Mola", contesta Zak, entusiasmado por la idea. Y entonces viene el remate del papá genio, quien demuestra sus extraordinarias dotes de discreción comunicando un "supersecreto" a un adolescente cuyo máximo interés consiste en comprarse un coche de segunda mano para alardear a tres patas delante de las nenas de prietas y turgentes carnes:

"Se llama hipertiempo". ¡Anda, mira, como el hipermercado pero en plan cuántico!

Continuando con el tema principal que nos ocupa, y tras unos cuantos dimes y diretes que no merecen ser sacados a colación, el caso es que, como os había dicho antes, Zak se encuentra de forma casual con uno de los relojes de hipertiempo y, como no podía ser de otra forma, se dedica a cometer todo tipo de fechorías con él, hasta que el malvado Henry Gates se entera y decide capturar al atontado zagal, quien está siendo ayudado por Dopler, que ha conseguido escapar de la cápsula de hipertiempo donde le tenían confinado.



Bien, entrando ya en harina, que en nuestro caso es el hipertiempo: ¿qué sucedería si el relojito de marras funcionase tal y como dicen los protagonistas de la película? ¿Veríamos el mundo prácticamente congelado en el tiempo en caso de que nosotros nos moviésemos increíblemente rápido? ¿Desapareceríamos a la vista de los que no se encuentran en el hipertiempo? ¿Experimentaríamos efectos secundarios? ¿Serían éstos irreversibles?

Volvamos por un instante a la premisa original, es decir, a la base en la que se sustenta el fantástico invento del doctor Dopler. ¿Qué pasaría en el caso de que se acelerasen las moléculas de nuestro cuerpo? Para responder a esta cuestión de forma razonada y rigurosa es preciso conocer la teoría cinético-molecular de la materia. Este modelo físico supone que ya sean los átomos, ya sean las moléculas que constituyen un cuerpo sólido, todas estas partículas se encuentran unidas por interacciones. Así, se pueden imaginar las partículas como bolitas unidas entre sí por muelles, que juegan el papel de las interacciones. Cuando se proporciona calor al conjunto de todas estas bolitas, los muelles empiezan a estirarse y las bolitas chocan unas con otras en su desordenado y sensual balanceo, provocando dos fenómenos fundamentalmente. El primero consiste en lo que llamamos dilatación, es decir, el aumento en las dimensiones físicas del cuerpo y que se puede visualizar como los estiramientos de los muelles, que producen una separación mayor entre las bolitas. El segundo, y que es el que interesa en nuestro caso, tiene que ver con el aumento de la velocidad de las bolitas. La energía térmica suministrada hace que éstas adquieran paulatinamente mayores velocidades. Pues bien, la teoría cinético-molecular afirma que existe una relación directa entre este aumento de la velocidad y el incremento de temperatura del cuerpo.

A la vista de lo anterior, parece obvio que nuestros amigos van a tener que esforzarse mucho para evitar un recalentamiento abrasador si lo que pretenden al entrar en el vertiginoso mundo del hipertiempo es acelerar sus propias moléculas. En relación con esto último, la película se muestra incoherente, ya que el mismísimo doctor Dopler llega a afirmar en un momento dado que hay una manera de expulsar a una persona del estado de hipertiempo. En sus propias palabras: “El frío ralentiza la actividad molecular”. Si aplica esta máxima y se cumple, ¿cómo es que no se da también la contraria, o sea, que la actividad molecular se incrementa con el calor? Además, por otro lado, el movimiento microscópico no tiene por qué conllevar necesariamente otro macroscópico, es decir, que aunque nuestras moléculas constitutivas se muevan a velocidades muy elevadas, no por ello nosotros, como un todo, adquiriremos esa habilidad.



¿Y cómo se les ocurre a los intrépidos protagonistas de nuestra historia frenar las agitadas acometidas hipertemporales? Pues nada menos que a tiro limpio a base de generosos chorros de nitrógeno líquido. Os contaré esto y alguna cosa más en el próximo post. Perdón por el frenazo molecular en seco. Brrr, de repente siento un frío…

12 abril 2010

Clockstoppers

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Aún estáis a hipertiempo de verla antes de que os la destripe. Jijiji...

07 abril 2010

La fórmula del profesor Gibberne

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Mi amigo, el profesor Gibberne, “estaba buscando simplemente un estimulante general del sistema nervioso para levantar el ánimo de las personas abatidas por las tensiones de estos tiempos agresivos.” […]

Experimentando con la acción de ciertas drogas sobre el sistema nervioso, Gibberne me dijo lo siguiente:

“Y lo que yo quiero y lo que, si es humanamente posible, pretendo obtener es una droga que estimule todo el sistema, que te despierte durante un tiempo desde la coronilla hasta la punta del dedo gordo del pie, y que te haga dos o tres veces superior a los demás.” […]

Y cuando estaba a punto de ofrecerme su sorprendente pócima, añadió:

“Debo advertirte, en primer lugar, que cierres los ojos inmediatamente después de ingerirla; espera un minuto o así y ábrelos con cuidado. Uno ve todavía. El sentido de la vista depende de la longitud de la vibración, y no de la cantidad de impactos. Si se tienen los ojos abiertos, se puede producir un choque en la retina, acompañado de una horrible y vertiginosa confusión. Mantenlos cerrados.” […]

“Y la siguiente advertencia es que permanezcas quieto. No empieces a moverte de un lado a otro. Si lo haces, puedes sufrir un tremendo golpe. Recuerda que irás varios miles de veces más rápido de lo que has ido en toda tu vida; el corazón, los pulmones, los músculos, el cerebro, todo. Y te pegarás un golpe espantoso sin saber cómo. No te darás cuenta, ¿comprendes? Te sentirás exactamente igual que ahora. Sólo que todo lo que hay en el mundo te parecerá que va muchos miles de veces más despacio de lo que ha ido nunca. Esto es lo que la hace endiabladamente extraña.” […]

Decidí pues hacer caso a mi amigo y, tras ingerir la fórmula , todo estaba silencioso, sólo se percibía “ese débil golpeteo, ese sordo tamborileo, como si la lluvia cayese sobre objetos diversos.” Sucedieron entonces cosas increíbles. Pude observar cómo una cortina levantada ligeramente por el viento pareció quedar fosilizada en aquella posición. Al abrir la mano con la que sujetaba un vaso, éste ni se movió, quedando suspendido en el aire, inmóvil.

“Hablando en términos generales – dijo Gibberne – un objeto en estas latitudes recorre dieciséis pies en el primer segundo de caída. Este vaso está cayendo ahora a una velocidad de dieciséis pies por segundo. Sólo que para ti todavía no ha caído más que una centésima de segundo. Esto te dará una idea de la velocidad de mi Acelerador.” […]

“Todo mi ser funcionaba muy deprisa. Mi corazón, por ejemplo, latía mil veces por segundo, pero no me causaba ningún malestar.” […]

Entonces me di cuenta de la cantidad de travesuras que podría llevar a cabo con mi nuevo poder recién adquirido. Mi amigo me lo confirmó:

“No nos verán. ¡Gracias a Dios! Sencillamente porque iremos mil veces más deprisa que el juego de manos más rápido que se haya realizado jamás.” […]

Con la emoción de un crío, el profesor comenzó a correr sin caer en la cuenta de algo evidentemente obvio en nuestro estado. Le advertí:

- “¡Gibberne! ¡Si sigues corriendo de esa manera, se te incendiarán las ropas! ¡Tus pantalones de lino se están chamuscando!” […] “¡Dos o tres millas por segundo! ¡El rozamiento del aire!

[…]

Con el paso del tiempo, los efectos del nuevo Acelerador del profesor Gibberne eran cada vez más duraderos. Así que la cosa dejó de resultar graciosa y pasó a convertirse en algo más que un problema. La única solución viable tendría que pasar por la síntesis de un antídoto, una pócima capaz de provocar el efecto contrario.

“El Retardador, evidentemente, tendrá el efecto contrario del Acelerador. Empleado en solitario permitirá al paciente vivir en unos pocos segundos varias horas de tiempo ordinario y mantenerse en una inacción apática, en una helada ausencia de vivacidad en medio de los ambientes más animados o irritantes.” […]

Al cabo de un tiempo, el esfuerzo de mi amigo tuvo recompensa y todo volvió a la normalidad. A pesar de ello, resultaba evidente que algo había cambiado para siempre, pues “… los procedimientos más criminales pueden ser realizados con total impunidad escurriéndose, por así decirlo, a través de los intersticios del tiempo. Como todas las drogas potentes, será susceptible de abuso.”


NOTA: El texto de esta entrada está adaptado y modificado libremente por mí tomando el relato original de H.G. Wells titulado "El nuevo acelerador". Las frases entrecomilladas están extraídas literalmente del anterior relato.