Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
El mundo aún no está preparado para un blog como éste.
31 julio 2010
Enseguida vuelvo con todos vosotros
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28 julio 2010
50 soluciones a la paradoja de Fermi (8ª solución): Dios existe
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Algunos autores han sugerido que SETI(el proyecto de búsqueda de inteligencia extraterrestre) y sus científicos se hallan involucrados en una búsqueda que en poco se diferencia de la puramente teológica, ya que si las CETs son probablemente mucho más avanzadas que nosotros, vemos a los alienígenas como seres omniscientes y omnipotentes, como dioses, en consonancia con la tercera ley de Clarke, que afirma que cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia). Otros autores, en cambio, piensan todo lo contrario, y así afirman que sabemos lo suficiente para no ver a los extraterrestres como dioses o magos. Incluso se ha argumentado que Dios, el creador del universo, de nuestro universo, existe. Y aún más, ya que como Dios está en todas partes, nuestra búsqueda de inteligencias extraterrestres quedaría plenamente satisfecha si encontrásemos a Dios.
Existe una especulación en el mundo de la física teórica que podría, en caso de que fuese confirmada, demostrar la existencia de muchos otros universos que probablemente conducirían al desarrollo de CETs; es más, quizá una de esas CETs hubiese creado nuestro propio universo. En este sentido, serían Dios. La teoría o modelo físico capaz de responder la pregunta sería "una teoría de todo" (theory of everything), la tan tenazmente perseguida durante tantos años por el mismísimo Albert Einstein sin resultados, un modelo que unificaría todas las fuerzas conocidas de la naturaleza: gravitatoria, nuclear fuerte, nuclear débil y electromagnética.
La mejor candidata hasta el momento para conformar esta teoría de todo es la conocida como teoría M. Aunque no está totalmente desarrollada, ni mucho menos (algunas de sus herramientas matemáticas aún están por inventar), parece que la teoría M es la gran esperanza de muchos investigadores para dar respuesta a las grandes preguntas sobre el universo. Existen, sin embargo, indicaciones de que la teoría tendrá una serie de parámetros (como, por ejemplo, las masas de las partículas fundamentales y las intensidades relativas de las fuerzas fundamentales) cuyos valores deben ser introducidos "a mano". Las ecuaciones de la teoría final podrían afirmar, por ejemplo, que las masas de los electrones o el valor de la constante cosmológica no son nulas pero, en cambio, no explicar sus valores exactos, por qué éstos son no son más grandes o más pequeños. Cuando un modelo físico fracasa en esto, en explicar por qué los parámetros fundamentales presentan los valores que observamos, lo que tenemos en realidad es una teoría que describe una multitud de posibles universos: un multiverso. Cada uno de estos universos presenta distintos valores de los parámetros fundamentales.
La vida requiere química, la química necesita estrellas, las estrellas necesitan galaxias y todas ellas requieren que los anteriores parámetros presenten valores comprendidos en un determinado rango. Si la interacción nuclear fuerte fuese más pequeña de la que conocemos, no existirían núcleos atómicos estables; si la constante cosmológica fuese diferente, el universo sería muy distinto del que conocemos.
Lee Smolin ha estimado que la probabilidad de que eligiendo un conjunto de parámetros fundamentales al azar nos saliese un universo capaz de albergar vida es de 1 entre 10229 (la de acertar 6 resultados en la Lotería Primitiva es de 1 entre casi 14 millones). Así, una primera aproximación para explicar los valores de los parámetros del modelo es que éstos han sido producto del azar.
Una segunda aproximación consiste en invocar el denominado "principio antrópico". Quizá fue Dios quien ajustó los parámetros a unos valores adecuados para el desarrollo de la vida. O quizá existen muchos universos y en cada uno de ellos se da un conjunto de valores diferentes de los parámetros e incluso de las leyes de la física. Nosotros vivimos, sencillamente, en uno que permite nuestra existencia.
La tercera aproximación, debida a Smolin, consiste en aplicar las ideas darwinistas a la cosmología. Quizá las ecuaciones no puedan explicar los ajustes tan finos de algunas constantes fundamentales, pero los procesos evolutivos puede que sí. Smolin sugiere que los parámetros, las constantes del mundo físico (puede que hasta las mismas leyes físicas) han evolucionado hasta alcanzar su actual forma a través de un proceso similar a la mutación y a la selección natural. El punto de partida de Smolin es que la formación de un agujero negro en un universo da lugar al nacimiento de otro universo diferente y en expansión. Los parámetros fundamentales del universo bebé son ligeramente distintos de los del universo papá. Así, nuestro universo se generó a partir de la formación de un agujero negro en universo padre con unas constantes físicas similares a las del nuestro. Un universo con parámetros que permitan la formación de agujeros negros tiene prole, descendencia que, a su vez, produce otros agujeros negros. En cambio, un universo con un conjunto de parámetros que no permitan la creación de agujeros negros no producirá descendencia. De esta manera, los universos más probables serán aquellos en los que se formen más agujeros negros.
Ahora bien, según lo que sabemos sobre evolución estelar, la forma más eficiente de producir agujeros negros consiste en hacer colapsar estrellas masivas. Es, pues, esperable que la evolución cósmica haya dado lugar a una preponderancia de universos en los que abunden las estrellas. Y un universo con parámetros físicos que dan lugar a estrellas es un universo que, inevitablemente, posee núcleos pesados, química y escalas de tiempo suficientemente largas como para que emerjan fenómenos o estructuras complejos, como la vida. El ajuste fino de las constantes favorece la producción de agujeros negros más que la producción de vida.
Todo lo anterior, evidentemente, es pura especulación. No hay forma actualmente de saber si un agujero negro es capaz de dar a luz a un universo en expansión. Asimismo, surgen infinidad de cuestiones que tampoco sabemos responder: ¿un agujero negro alumbra siempre un universo? ¿qué sucede cuando se funden dos o más agujeros negros? ¿juegan algún papel la masa, la carga del agujero negro?
Aunque preguntas como las precedentes no tengan respuesta hasta que dispongamos de una teoría cuántica de la gravedad y la idea de Smolin aglutine ideas científicas como la evolución, la relatividad y la mecánica cuántica, la verdad es que permite una predicción específica con la que se puede someter a prueba la teoría. Esta predicción es que, como vivimos en un universo que crea muchos agujeros negros y podemos suponer que los parámetros fundamentales están próximos a los valores óptimos para la formación de agujeros negros, un cambio en cualquiera de ellos conduciría a un universo con menos agujeros negros. Modificar todos los parámetros del modelo simultáneamente y predecir lo que ocurriría aún no sabemos hacerlo.
Por su parte, Edward Harrison aún va más que Smolin y se plantea lo siguiente: ¿y si fuésemos capaces de hacer nosotros mismo agujeros negros? Si la teoría de Smolin fuese correcta, estaríamos incrementando la probabilidad de que otros universos albergasen vida inteligente. En un futuro lejano podríamos crear universos bebés y quizá nuestro propio universo fuese creado por una civilización inteligente suficientemente avanzada. Puede que nosotros nos pudiésemos convertir en dioses, en creadores de universos.
¿Cómo saber si somos la creación de una CET? ¿Han podido estas CETs enviar, de alguna forma, un mensaje que nos haga entender lo que han llevado a cabo?
20 julio 2010
50 soluciones a la paradoja de Fermi (7ª solución): El planetario
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El autor de ciencia ficción "hard", Stephen Baxter, publicó en el año 2000 su solución personal a la paradoja de Fermi que hoy conocemos como la hipótesis del planetario (es una hipótesis propiamente dicha y no un escenario porque permite su comprobación y es falsable, a diferencia de los escenarios del zoológico y de la interdicción). La pregunta planteada por Baxter es ésta: ¿es posible que el mundo en que vivimos no sea más que una simulación, una especie de planetario sofisticado de realidad virtual, diseñado para presentarnos la ilusión de que el universo carece de vida inteligente? La hipótesis del planetario parece tener bastante sentido y ser razonable, especialmente cuando en los últimos años hemos asistido a un crecimiento espectacular en el desarrollo de los ordenadores. La trilogía Matrix de los hermanos Larry y Andy Wachowski es una buena muestra de ello en el cine de ciencia ficción. Varios episodios de la serie Star Trek: la Nueva Generación nos muestran el "holodeck", una tecnología que emula objetos materiales con los que el usuario puede interactuar. El protagonista de la película The Truman Show es una estrella de la televisión que vive, sin saberlo, en una realidad completamente simulada y creada por los productores del programa televisivo. Los escritores de ciencia ficción también han dejado un abundante legado de novelas y cuentos sobre el mismo tema.
Muchas de estas historias y películas presentan una cualidad aterradora, inquietante, quizás porque tocan materias de profundo significado filosófico. La hipótesis del planetario sugiere que nuestro entendimiento aceptado acerca del universo ahí afuera puede estar equivocado. Exactamente cómo de equivocado depende de la sofisticación de la simulación que haya podido crear por la CET responsable y también de su propósito particular, la línea que separa la conciencia humana de la "realidad" externa.
La hipótesis del planetario, llevada al extremo, no se diferencia gran cosa del solipsismo (forma radical de subjetivismo según la cual sólo existe o sólo puede ser conocido el propio yo). El auténtico solipsista cree que todo lo que experimenta (gente, sucesos, objetos) forma parte de su propia conciencia, en lugar de proceder de una realidad externa a sí mismo y que todos los demás compartimos. Es una evidente concepción egocéntrica del universo. Por su parte, el planetario más extremo, más radical, tendría entonces que incluir una CET capaz de generar un universo artificial en mi conciencia. El universo aparece ante mí como si estuviera vacío debido a que una CET, por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender, pretende engañarme.
El inconveniente del solipsismo es que no parece conducir a ningún lado. El verdadero solipsista, cuando defiende su filosofía, presumiblemente, debe informar a sus oponentes de que no existen, lo cual parece bastante absurdo. Otras variantes de planetarios extremos aún mantienen un cierto tufillo a solipsismo pero resultan ligeramente menos escandalosas. Por ejemplo, quizá los humanos seamos reales y, por contra, algunos o todos los objetos que nos rodean sean simulaciones. O quizá la realidad consista en todo lo que hay sobre la Tierra más todos aquellos lugares del Sistema Solar que hemos logrado visitar, pero las estrellas y las galaxias sean simuladas. En cualquier caso, la navaja de Occam nos proporciona razones para eliminar estos escenarios sin más que considerar nuestras propias observaciones del universo.
A pesar de todo, ¿y si dejásemos, por un momento, a un lado la navaja de Occam? Baxter señala que un requisito fundamental de todo planetario es que los experimentos científicos deben siempre conducir a resultados consistentes. Si un experimento muestra inconsistencias en la fábrica de la realidad, entonces debemos postular la existencia de un "afuera" real.
Los físicos pueden calcular la cantidad de información y de energía requeridas para crear una simulación perfecta de un tamaño dado. Podemos, así, cuestionar si una CET tiene la capacidad para satisfacer la demanda de energía en la construcción de un planetario particular (en este punto, hemos de asumir que los alienígenas están sujetos a las mismas leyes físicas que nosotros. Si no es así, no podemos continuar con el argumento).
Se deduce que una civilización de tipo I (según la clasificación de Kardashev) podría generar una simulación perfecta de una extensión no superior a 10.000 km2 y 1 km de altura sobre la superficie terrestre. Por tanto, no nos sirve para el mundo en que vivimos y conocemos.
Una civilización de tipo II podría haber generado una simulación capaz de engañar a Cristóbal Colón. Pero los viajes del capitán James Cook, por ejemplo, hubieran podido descubrir inconsistencias en el diseño del planetario.
Finalmente, una civilización de tipo III conseguiría simular perfectamente una región del espacio inmersa en un volumen con un radio de unas 100 UA (la UA es la distancia media entre la Tierra y el Sol y equivale a unos 150 millones de kilómetros. Plutón se encuentra a algo menos de 40 UA del Sol). En este sentido, la sonda espacial Voyager 1 está actualmente tan sólo algo más lejos de nosotros que Plutón.
Jacob Bekenstein, basándose en la termodinámica de los agujeros negros, mostró cómo la mecánica cuántica impone un límite a la cantidad de información que puede codificar un sistema físico. Esta cantidad de información contenida en una masa M y un radio R nunca puede ser mayor que 2,5 1043 MR (en bits de información). Resulta complicado alcanzar este límite. Así, por ejemplo, un átomo de hidrógeno puede almacenar hasta 1 Mb; un humano cerca de 1039 Mb.
Aunque la Naturaleza no parece aprovechar al máximo este límite, quizá la hipotética CET diseñadora sí lo haya logrado. Sea como fuere, con nuestro actual nivel de desarrollo tecnológico, somos incapaces de probar si nuestro universo es real o solamente el resultado de una simulación diseñada por una civilización de tipo III. Pero lo que sí es seguro es que a medida que indaguemos más y más lejos, tanto mayor será la probabilidad de toparnos con alguna imperfección en el diseño del planetario. Dentro de algunos años, la sonda Voyager 1 se habrá alejado de nosotros más de 100 UA y si colisiona contra un muro pintado de negro, el juego habrá terminado para los diseñadores del planetario.
La hipótesis de Baxter desafía la navaja de Occam y nuestra intuición sobre cómo funciona el universo. Roza la paranoia creer que una civilización de tipo III podría acometer el esfuerzo simplemente para convencernos de que el universo está vacío. A medida que exploremos más y más el Cosmos, a buen seguro que hallaremos una inconsistencia en la simulación y entonces tendremos que mirar hacia otra parte y seguir buscando una solución a la paradoja de Fermi.
16 julio 2010
El consultorio del profesor Enigma (13): Solución
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Bien, pasado un tiempo prudencial para que todo aquel de vosotros que lo deseara y supiese encontrar los detalles físicos en el clip de vídeo pudiera hacerlo, voy a continuación a hacer yo mis propios comentarios. La verdad es que, como casi siempre, muchos de los gazapos ya los habéis detectado y señalado vosotros correctamente, cosa que me alegra enormemente. Comienzo, entonces.En primer lugar, está el asunto de las comunicaciones entre Houston y la Luna. Efectivamente, la señal de radio tarda en llegar hasta nuestro satélite algo más de un segundo (viaja a la velocidad de la luz y la distancia Tierra-Luna ronda los 385.000 km). Esto significa que cuando hablan desde la base de la misión, la voz emplea 1,3 segundos en llegar a oídos del astronauta. Éste responde y su voz emplea otros 1,3 segundos en regresar a la Tierra. El control de la misión debe, en consecuencia, esperar 2,6 segundos desde que habla hasta que recibe la contestación. Por supuesto, esto se obvia en la escena y la conversación tiene lugar de forma continua, ininterrumpida, como si la velocidad de la luz fuese infinita.
El segundo gazapo es de los más habituales en el cine. Me estoy refiriendo a la propagación del sonido en ausencia de atmósfera. En la Luna no hay aire, con lo que hablar como hacemos en la Tierra es completamente imposible. La única forma en que puede hacerse es a través de ondas electromagnéticas, las cuales se propagan en el vacío sin ningún problema (y por eso la luz del Sol llega hasta nosotros después de atravesar 150 millones de kilómetros de espacio vacío). Los astronautas van equipados con receptores-transmisores de radio que les permiten comunicarse entre sí. En cambio, nunca podrá oírse el sonido de sus voces en la Luna.
En la tercera cuestión no voy a detenerme demasiado. Tiene que ver con las consecuencias de romper el traje de un astronauta, tal y como hace la malvada Ursa con el pobrecillo humano inferior. El tema de la descompresión explosiva ya lo traté en este post y es una excelente oportunidad para volver a recomendároslo.
Sigo. A continuación está la escena en la que el general Zod levanta fácilmente al cosmonauta soviético. La verdad es que no hacen falta demasiados superpoderes para llevar a cabo semejante hazaña. Prácticamente cualquiera de nosotros, con una preparación física medianamente decente, podría realizarla. ¿Por qué? Muy sencillo, porque en la superficie de la Luna la gravedad es 6 veces inferior a la que tenemos en la Tierra. Esto hace que la fuerza que debemos ejercer sobre un cuerpo para levantarlo (es decir, para vencer la fuerza de la gravedad que actúa sobre él) sea también 6 veces menor en la Luna que en nuestro planeta. Un cuerpo que pesase 120 kg en éste, tan sólo pesaría 20 kg en aquélla. Sin embargo, la cosa cambia drásticamente cuando lo que intentamos es poner un objeto en movimiento, lanzándolo con ayuda de un empujón. En este caso, la segunda ley de Newton establece que la fuerza necesaria es directamente proporcional a la masa del objeto en cuestión. Por lo tanto, cuando Zod le da una patada al cosmonauta, la fuerza que debe imprimirle para proporcionarle una aceleración determinada será la misma que en cualquier otro sitio del universo porque la masa no depende del lugar. Un cuerpo posee la misma masa en la Tierra, en la Luna, en Júpiter o en la superficie de un asteroide.

También habéis señalado la peculiar manera en que intenta despegar el módulo lunar, advirtiendo que el fuego que se ve y la forma en que se desplazan los gases no es muy realista. Bien, para desvelar ese misterio os voy a recomendar el libro de mi amigo y colega Eugenio. Su título es "La conspiración lunar ¡vaya timo!" y ya os hablé de él en alguna ocasión. Allí se explica perfectamente cómo sucede lo que sucede durante un despegue del módulo lunar.
Finalmente, y como no quiero extenderme excesivamente, os comentaré el gazapo que ninguno de vosotros ha señalado. ¿Cómo es posible que los astronautas caminen como caminan por la superficie de la Luna, con esos movimientos torpes y patosos (como debe ser en la superficie de un cuerpo celeste con una gravedad tan diferente a la terrestre) y, en cambio, el astronauta dentro del módulo lunar se mueva tan ágilmente como lo haría en la Tierra?
13 julio 2010
50 soluciones a la paradoja de Fermi (6ª solución): La interdicción
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En 1987, Martyn Fogg propuso como solución a la paradoja de Fermi el escenario de la prohibición, también conocido como de la interdicción, una variante extendida del escenario del zoológico y que proporciona motivos de por qué todos los planetas que albergan vida (no sólo la Tierra), están vedados. Fogg presentó un modelo de ordenador simple que simulaba el origen, expansión e interacción de civilizaciones galácticas primigenias. Como muchos otros autores antes que él, encontró que usando valores razonablemente plausibles de los parámetros del modelo la Galaxia debe plagarse rápidamente de especies inteligentes. Dependiendo de los valores de dichos parámetros, o bien unas pocas especies dominan formando grandes imperios, o bien existen muchos y diferentes imperios pequeños. Lo que siempre sucedía es que, independientemente de los valores concretos de los parámetros del modelo, las CETs colonizarían nuestra Galaxia, incluso antes de la formación del Sistema Solar.
Fogg argumentaba que, una vez finalizada la fase de colonización y cuando casi todas las estrellas soportan formas de vida inteligentes, la Galaxia entra en un nuevo "estado estacionario", en el que predomina el estancamiento y donde los problemas de agresión, territorialidad y crecimiento demográfico han sido resueltos. La distribución de la inteligencia se incrementa y se hace más homogénea y la era estacionaria se convierte en una era de las comunicaciones. De acuerdo con el modelo, llevamos miles de años inmersos en esta maravillosa era.
Si el escenario dibujado por Fogg resultase ser correcto, entonces la Tierra debe encontrarse localizada dentro de la esfera de influencia de una o más CETs. Así que ¿por qué éstas no han decidido tomar el control? Argumenta que en una era de comunicaciones, el conocimiento es el recurso más valorado. CETs avanzadas tendrían una razón para abandonar un planeta que albergase vida y lo más probable es que esa razón fuese que el referido planeta en cuestión proporcionase una fuente no renovable de información, es decir, nada que aprender de él. El consiguiente sacrificio del "lebensraum" (espacio vital) no sería necesariamente muy grande. Como el mismo Asimov señalaba, las CETs deben moverse más allá de la única necesidad de un planeta-hogar. Si las CETs pueden viajar entre las estrellas a bordo de arcas espaciales, entonces no necesitan visitar estrellas semejantes a nuestro Sol; cualquier estrella servirá y las brillantes de clase espectral O deben ser las más adecuadas. Las arcas espaciales deberían, en principio, evitar estrellas similares a la nuestra con planetas habitables. Fogg sugería que el número de estrellas que las CETs deben evitar puede ser pequeño (un 0,6 % de la fracción de estrellas que poseen planetas capaces de albergar vida). Dejar un pequeño número de sistemas sin tocar es un precio más bien bajo que pagar por la cantidad de información que podrían potencialmente poseer sus planetas de origen.
En la era del "estado estacionario", una era en la que las CETs se comunican habitualmente unas con otras, el selecto "Club Galáctico" acuerda no interferir con planetas ya poblados. En palabras de W.I. Newman y Carl Sagan se establece un "Codex Galactica". La sugerencia de Fogg afirma que el Sistema Solar fue sometido a una interdicción cuando, hace miles de millones de años, una CET visitó la Tierra y descubrió en ella organismos primitivos. Desde entonces, los organismos terrestres han vivido en un zoológico, observados y estudiados a causa de los complejos patrones de información que son capaces de generar.
El escenario descrito por Fogg presenta, no obstante, dificultades y algunas de sus premisas no resultan demasiado convincentes. Por ejemplo, parece improbable que haya tenido lugar la reclamada homogeneidad cultural. No parece muy plausible que las razas alienígenas inteligentes (si es que existen) hayan alcanzado semejante nivel de entendimiento y mutuo acuerdo. Los problemas a la hora de establecer una comunicación transgaláctica van más allá de un simple problema de traducción de los mensajes. Por ejemplo, la rotación diferencial (las distintas velocidades a las que giran distintas partes de un todo) de la Galaxia causa que una estrella como el Sol se mueva, se desplace con respecto a otras estrellas de la Vía Láctea. Hace 50 millones de años, la Tierra pudo muy bien haber estado en una región de la Galaxia en la que los "cuidadores" del zoológico eran puntillosos; pero actualmente, sin embargo, podemos estar entrando en una región donde éstos pueden haber evolucionado y decidido tomarse un respiro. Si así lo hubiesen querido, ¿quién se iba a enterar? Es más, ¿qué podrían hacer el resto de las CETs miembros del Club Galáctico para evitarlo? Queramos o no vivimos en un universo donde existe un límite para la velocidad del flujo de información (la velocidad de la luz en el vacío) y esto hace que la homogeneidad cultural de la Galaxia sea extremadamente difícil de alcanzar. McDonald's puede haber conquistado el mundo, pero no logrará dominar la Galaxia.
Incluso sin entrar a discutir los parámetros y suposiciones del modelo propuesto por Fogg, las conclusiones están abiertas a debate. Dejando de un lado estas reservas, la realidad es que este escenario de la interdicción adolece de muchos de los inconvenientes que se le podían objetar al escenario-zoológico que veíamos en el post anterior de esta serie. En efecto, no parece haber forma de descubrir si estamos realmente bajo una interdicción (hasta que, quizá, evolucionemos lo suficiente como para pasar a formar parte del selecto Club). No existen, pues, predicciones que puedan ser sometidas a prueba. Este escenario también da por sentado que todas las CETs avanzadas y en todos los estadios de su evolución son capaces de ocultar sus actividades. Tan sólo esto explicaría por qué no nos encontramos, ocasionalmente, con alguno de sus megaproyectos de ingeniería espacial o con cualquiera otro de sus chismes. Una cosa es declarar una veda en un planeta y otra muy distinta esconder toda evidencia de la propia presencia. Al igual que en el escenario-zoológico expuesto en la 5ª solución a la paradoja de Fermi, bastaría con una sola CET que no siguiera las normas del resto para que se destapase todo el cotarro...
12 julio 2010
Amazings.es: la unión hace la fuerza
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Cuenta la leyenda que una noche oscura, muy oscura y larga, muy larga, tres amigos decidieron hacer un juramento sagrado, mientras ingerían las más extrañas pócimas. Fundarían la secta más sectaria jamás vista por criaturas vivientes y míticas, como los trolls. Se rodearían de los acólitos más fieles, cruzados y caballeros templarios, dispuestos a dejar la vida por una creencia común.Durante meses la Orden fue creciendo, las armas se fueron afilando y cuando todo estuvo, al fin, dispuesto, los tres Padres Fundadores, reunidos en multitudinario cónclave (denominado FIMP y cuyo significado súper-secreto permanece aún sin descifrar) dieron el paso definitivo, sacando a la luz su Plan de Dominación Mundial. La secta recibiría el nombre de Amazings.es.
Bien, como broma y para hacer la presentación formal en sociedad de este fantástico proyecto parido por tres auténticos monstruos de la Blogosfera en español, creo que ya es suficiente. Como pretendía deciros en los párrafos precedentes, Amazings es la loca idea de tres amigos con ganas de marcha y que a buen seguro conoceréis muchos de vosotros: Antonio Martínez, más conocido por "Aberrón" y responsable del blog Fogonazos, Miguel Artime, más conocido por "Maikelnai" y responsable del blog del mismo nombre y, por último, Javier Peláez, más conocido por "Irreductible" y responsable del blog La Aldea Irreductible (entre otros).
Amazings nació oficialmente el pasado día 3 de julio en Gijón, durante la celebración del Foro Internet Meeting Point (FIMP) con un propósito loable consistente en aglutinar los mejores contenidos científicos y culturales de la Red española. Para ello, ha reclutado (de momento) a 55 colaboradores de entre lo más granado de la blogosfera hispana. Y entre esos 55 elegidos, han tenido a bien contar conmigo, cosa que personalmente considero un auténtico honor y un verdadero privilegio, pues estaré en compañía y compartiré los intereses de personas a las que admiro profundamente y entre las que me siento uno más, que no es poco.
Evidentemente, la carga de trabajo principal en Amazings correrá a cargo de sus tres inventores, pero los colaboradores tenemos libertad total a la hora de enviar nuestras participaciones. Dada la enorme cantidad y variedad de colegas, la frecuencia de las contribuciones de cada uno no será muy alta, pero lo que seguro que no faltará será la enorme calidad de las mismas.
En cuanto a mi colaboración particular, me gustaría seguir hablando de ciencia y, sobre todo, de física. Pero también pretendo darme un cierto respiro con respecto a lo que hago en FCF y me encantará contribuir en Amazings con otras cosas de las que siempre he querido escribir, como la educación universitaria, la historia de la ciencia y alguna otra idea que me ronda por el cerebro.
Y, prácticamente, esto es todo lo que os quería contar. Por supuesto, cuando mi participación personal en Amazings sea requerida os dejaré debidamente por aquí un aviso para que los que así lo deseéis podáis disfrutarla. De momento, ya he contribuido con esta entrada, muy breve (como no suele ser habitual en mí) y muy en la línea de FCF. No me queda más que desearos que el proyecto os guste y daros la bienvenida a... ¡¡Amazings!!
09 julio 2010
El consultorio del profesor Enigma (13)
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Cuando imparto alguna conferencia en un centro de Enseñanza Secundaria sobre los superhéroes, suelo poner este fragmento (pido perdón pero la inserción de código ha sido desactivada por solicitud, según se advierte en la página de YouTube) de la película Superman II (Superman II, 1980). Se pueden encontrar unos cuantos gazapos en él. ¿Os animáis a pensar un poco?Ah, como hay distintas versiones, también os dejo esta otra de un trocito de la escena en que Ursa no reconoce a un ser humano a pesar de que ella es idéntica a uno cualquiera de nosotros (al menos en cuanto a apariencia externa)...
06 julio 2010
50 soluciones a la paradoja de Fermi (5ª solución): El zoológico
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En 1973 John Ball propuso la hipótesis del zoológico como solución a la paradoja de Fermi. En sentido estricto, una hipótesis debe poderse someter a prueba, así que quizá sea más correcto referirse a "escenario", aunque esto no signifique en absoluto que sea mentira, falsa o menos probable que otras explicaciones. De hecho, iremos viendo que hay ideas mucho más audaces e improbables que la propia explicación de Ball pero que, sin embargo, presentan predicciones que se pueden poner a prueba. Ball suponía que las CETs (civilizaciones extraterrestres) eran ubicuas y que muchas de las que desarrollasen tecnología se estancarían o se enfrentarían a la autodestrucción (ya fuera desde dentro o por factores externos a ellas), pero probablemente algunas pervivirían. Por comparación con las civilizaciones terrestres, Ball razonaba que solamente necesitamos considerar las civilizaciones más avanzadas tecnológicamente. Éstas, en algún sentido, serán las que controlen el universo; las menos avanzadas serán destruidas o asimiladas. Y entonces surge la pregunta clave: ¿cómo elegirán las CETs altamente desarrolladas ejercer su poder?
Argumentando, nuevamente, por comparación con lo que hacemos los terrícolas, que disponemos o situamos a otras especies en áreas determinadas como pueden ser parques naturales, reservas o zoológicos, Ball especulaba que la Tierra constituía asimismo una región "de vida salvaje" donde los alienígenas nos mantenían aislados para que nos pudiéramos desarrollar de forma natural. La razón por la que no parece haber interacción entre ellos y nosotros es que no desean ser descubiertos y disponen de la tecnología adecuada para asegurarse de ello. El escenario del zoológico sugería, pues, que las CETs avanzadas simplemente nos observan (existen variantes sobre la misma idea, una de las cuales supone que nuestro planeta es una especie de laboratorio inmenso en el que todos sus habitantes hacemos de cobayas).
Esta idea general tiene una larga historia en la ciencia ficción. Star Trek recoge la famosa "prime directive" según la cual la Federación no puede inmiscuirse ni interferir en el desarrollo natural de un planeta. La mítica revista "Astounding" en los años 1950, dirigida por John W. Campbell consideraba que la Tierra había sido puesta en cuarentena por los alienígenas bien con el propósito de protegernos o más comúnmente porque constituíamos una amenaza para ellos. Hasta la solución de Tsiolkovsky de que las CETs han dispuesto la Tierra para dejar que la raza humana evolucione hasta alcanzar la perfección contiene las semillas del escenario-zoológico.
Los partidarios de los platillos volantes tienden a dar validez al escenario del zoológico aún cuando éste predice específicamente que nosotros no deberíamos ver los platillos o cualquier otra manifestación de tecnología superior. Si los platillos volantes son naves espaciales, entonces el escenario del zoológico debe ser falso por fuerza.
James Deardorff propuso una variante de la idea de Ball que fuera compatible con las observaciones de platillos. Consistía en que las civilizaciones avanzadas y benévolas imponen una prohibición sobre el contacto oficial con la raza humana. Pero este embargo no es total: los alienígenas contactan con aquellos humanos cuyas historias son improbables de creer tanto por los científicos como por los gobiernos. Los alienígenas pretenden prepararnos poco a poco para el "shock" que experimentaremos cuando al fin se nos revelen.
El escenario del zoológico ha sido atacado por varios frentes. La mayor dificultad que ofrece es que no conduce a ninguna parte, no constituye una hipótesis falsable. Una buena hipótesis debe sugerir ideas para observaciones que se puedan confirmar o desechar y al hacer esto se generen nuevas hipótesis. resulta difícil pensar en alguna observación que pudiese dar validez a la especulación de Ball. Su única predicción es que no encontraremos CETs pero este fracaso difícilmente confirma la sentencia inicial. Hay algo intrínsecamente insatisfactorio en una aproximación según la cual, no importa lo mucho que lo intentemos, la ausencia de CETs se explique sencillamente diciendo que no quieren que los veamos. Yo también entonces puedo explicar la falta de gamusinos en mi jardín diciendo que se vuelven invisibles cuando miro hacia el lugar, pero esto es una muy pobre explicación científica.
Otra crítica tiene que ver con el antropocentrismo que presupone el escenario del zoológico. ¿Por qué van a estar interesados los extraterrestres en nosotros y no en los delfines, monos o las abejas, por ejemplo?
Una debilidad aún más seria del argumento de Ball es que tampoco explica por qué la Tierra no fue colonizada mucho antes de que aparecieran formas de vida complejas. Quizá el escenario describa la reacción de las CETs al descubrimiento de vida inteligente en la Tierra pero ¿hubiera sido la reacción idéntica si todo lo que hubiesen hallado fueran organismos primitivos unicelulares?
Por último, basta con que una CET rompa el embargo para que veamos a los alienígenas. Más aún, la solución propuesta por John Ball no explica por qué no los vemos ahí afuera, en la galaxia. ¿Dónde están sus proyectos de ingeniería, sus sistemas de comunicaciones? Una cosa es tenernos aislados y otra muy distinta es detener u ocultar toda actividad a nuestro alrededor. Y lo más importante, ¿por qué suponer que todas las CETs se van a comportar siempre de la misma manera con respecto a nosotros?
01 julio 2010
Lecturas recomendadas para este verano (y el consabido bodrio de todos los años)
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Hoy es día 1 de julio y muchos de vosotros os dispondréis a emprender vuestras merecidísimas vacaciones estivales. Y como todos los años no quiero que os escapéis sin recomendaros unos cuantos ratos de lectura que yo mismo he disfrutado muy recientemente. Voy con ello. Por supuesto, mis gustos no tienen por qué coincidir con los de nadie más y lo que doy son mis opiniones más personales. Vuestra es la decisión final. Ah, una cosa más: los libros 4 y 9 están editados en español, aunque yo preferí adelantarme y leerlos en sus versiones originales.- El cine de ciencia ficción: explorando mundos (Ed. Antonio José Navarro), Valdemar, 2008. 751 páginas. Una colección de 20 ensayos monográficos de otros tantos autores, especialistas del género Se afrontan una amplia variedad de temas relacionados con el cine de ciencia ficción, desde distintos puntos de vista, tanto psicológicos como sociales y mitológicos.
- El universo en tres pasos: del Sol a los agujeros negros y el misterio de la materia oscura (David y Richard Garfinkle), Crítica, 2010. 334 páginas. El tema del libro está perfectamente condensado en su título. Absolutamente claro, entretenido, ameno y muy didáctico. Los autores muestran en todo momento cómo se hace divulgación científica de muy alta escuela.
- Universos paralelos: los universos alternativos de la ciencia y el futuro del cosmos (Michio Kaku), Atalanta, 2008. 460 páginas. Tengo que confesar mi debilidad por el profesor Kaku. Cuando yo sea mayor me gustaría divulgar como lo hace él. Confieso que hay capítulos en el libro de los que no he entendido absolutamente nada, pero los otros son absolutamente deliciosos. Si queréis darle un repaso completo a la teoría de cuerdas y a la idea de las múltiples dimensiones y los universos paralelos, éste es el libro que tenéis que leer. No os defraudará.
- Physics of the Impossible (Michio Kaku), Doubleday, 2008. 329 páginas. ¿Os he hablado ya de Michio Kaku? Pues este libro suyo es lo mejor que he leído en mi vida. Apetece pasar una página tras otra sin parar. Se te hace cortísimo mientras lees sobre campos de fuerza, invisibilidad, láseres de la muerte, teletransporte, telepatía, psicoquinesis, robots, extraterrestres, naves estelares, antimateria, viajes a velocidades supralumínicas, viajes en el tiempo, universos paralelos, precognición. ¿No os suenan estos temas? ¿No? Pues os tengo que decir que mi libro (y aprovecho para volver a recomendarlo a los que aún no lo tengáis) "La guerra de dos mundos" se publicó unos meses antes. ¡¡Toma ya, Michio!!
Nikola Tesla: el genio al que le robaron la luz (Margaret Cheney), Turner Noema, 2009. 387 páginas. Una biografía muy completa de uno de los científicos más grandes que ha dado la Historia. Confieso que esperaba algo más del libro y lo comencé a leer con mucha ilusión, pero acabé aburriéndome un tanto. Aún así, resulta interesante por conocer algunos detalles de la vida de Tesla que no se conocen o están distorsionados.- ¿De qué se alimentan los zombis? y otras curiosidades científicas (Joe Schwarcz), Robinbook, 2009. 252 páginas. La química desde el punto de vista más entretenido que conozco. Siempre me ha espantado un poco la química (como a casi todos los físicos, jijiji), pero con este libro he conseguido espantar esos fantasmas. El libro está plagado de curiosidades muy divertidas y el autor es un divulgador de primera línea. Muy recomendable su lectura.
- Ciencia al cubo: por qué los elefantes saben contar y otras curiosidades científicas del espacio de Radio 5-RNE (América Valenzuela), Temas de hoy, 2010. 316 páginas. Todo tipo de curiosidades científicas extraídas del programa de Radio 5 de Radio Nacional de España presentado por la misma autora. Pequeñas píldoras de esas que te abren el apetito para seguir buscando más información y aprender más. Justo lo que pretende la buena divulgación.
- Aliens: la ciencia tras la vida extraterrestre (Clifford Pickover), Robinbook, 2009. 252 páginas. Otro libro de un gran divulgador. Todo lo que siempre habéis querido saber sobre el aspecto que pueden tener los alienígenas, sus sentidos, los mundos de los que pueden proceder, el sexo alienígena, etc. Todo con rigor científico y amenidad.
- Death from the skies!: the science behind the end of the world (Philip Plait), Penguin books, 2008. 326 páginas. ¿Cómo acabará la vida en la Tierra? ¿Nos amenzan cataclismos cósmicos inevitables? Tranquilos, de todo se puede hablar y más después de leer este estupendo libro del autor de Bad Astronomy. Un repaso a la física de la evolución estelar, las supernovas, las explosiones de rayos gamma, los agujeros negros y muchas cosas más. Tan sólo una pega: en el texto no hay una sola referencia bibliográfica. Así que todos los datos que se dan son siempre anónimos y no hay manera de ampliar información o ir a las fuentes originales para contrastar afirmaciones. Un feo detalle, que no permite calificar el libro de obra maestra. Lástima...
¿Por qué la araña no se queda pegada a la tela? y otros misterios de la ciencia (Robert Matthews), Ariel, 2010. 267 páginas. Escrito por un ganador del Premio Ig Nobel de Física, se trata de otro de esos libros sobre curiosidades científicas en pequeñas cápsulas. La pega es que esta vez, las cápsulas son demasiado pequeñas y te quedas con las ganas casi todas las veces. A veces es bueno abarcar menos cuestiones y un poco más en profundidad. Mejorable.- Física para futuros presidentes (Richard A. Muller), Antoni Bosch editor, 2009. 414 páginas. Las cosas que debería saber un presidente antes de tomar decisión alguna en materia de ciencia. Tampoco le vendrían mal a muchos ciudadanos enloquecidos e ignorantes antes de salir a la calle a protestar y patalear en materias como los residuos radiactivos, las fuentes de energía alternativas y otras. Un libro sencillo y muy claro. Enormemente interesante y absolutamente imprescindible para entender un poco más y mejor el mundo actual en el que nos ha tocado y nos tocará vivir en el futuro, sin duda.
- Lo que hacen los mejores profesores universitarios (Ken Bain), Publicaciones de la Universidad de Valencia, 2005. 229 páginas. Si en la universidad enseñáramos como hacen los profesores que aparecen entre las páginas de este libro el mundo de la educación sería casi perfecto. Leyendo este libro he llegado a sentirme deprimido verdaderamente y a darme cuenta de lo lejos que estamos en España de alcanzar mínimamente unos objetivos semejantes. Nunca volveré a verme a mí mismo ni a mis compañeros de la misma manera en que solía.
- La paradoja de Einstein y otros misterios de la ciencia resueltos por Sherlock Holmes (Colin Bruce), Granica, 2001. 303 páginas. El detective más famoso del mundo tiene que descifrar las paradojas y aplicar los principios de las físicas clásica y cuántica para resolver crímenes, prevenir asesinatos o rescatar doncellas en peligro. 12 historias trepidantes llenas de aventura, intriga y ciencia. Es la segunda vez que lo leo.
- Pórtico (Frederik Pohl), Ediciones B, 2009. 365 páginas. ¿Qué os voy a contar yo que no se haya dicho ya sobre esta estupenda novela?
- The accidental time machine (Joe Haldeman), Ace books, 2007. 278 páginas. Matt Fuller trabaja en el MIT como investigador cuando, por accidente, inventa una máquina del tiempo. Pero esta máquina no permite elegir la fecha de destino. Entretenida novela, pero nada más.
- Raising the dead: the men who created Frankenstein (Andy Dougan), Birlinn, 2008. 210 páginas. La historia de la electricidad y el magnetismo vista a través de los experimentos que se llevaron a cabo con la intención de crear vida o de resucitar a los muertos. Un libro enormemente interesante y en el que se pueden aprender un montón de cosas. Lo utilicé abundantemente al escribir mi serie de posts sobre "Aprendiendo a ser Dios". ¿Los recordáis?
- La hija de Galileo (Dava Sobel), Debate, 1999. 376 páginas. Una biografía de Galileo a través de la correspondencia que mantuvo durante trece años con su hija, ingresada en un convento de clausura. Tierno, entrañable y lleno de sensibilidad, por una escritora que me encanta. El libro está absolutamente agotado.
- Spin (Robert Charles Wilson), Ómicron, 2008. 491 páginas. Una noche, repentinamente, desaparecen del cielo todas las estrellas y la Luna. Ha surgido una misteriosa barrera en torno a la Tierra que actúa, al mismo tiempo, como una distorsión temporal. Novela ganadora del prestigioso premio Hugo de 2006. Muy interesante y adictiva. Muy buena ciencia ficción.
- El mapa del tiempo (Félix J. Palma), Algaida, 2008. 623 páginas. Novela de viajes en el tiempo de un autor español y ganadora del XL premio de novela Ateneo de Sevilla. En el Londres del siglo XIX la empresa de Viajes Temporales Murray abre sus puertas en el año 1896. Andrew Harrington pretende viajar a 1888 con el fin de salvar a su amada de las garras de Jack el Destripador, mientras que el propio H.G. Wells sufre un intento de asesinato por parte de un viajero del tiempo. ¿Se puede cambiar el pasado? Entretenidísima y amenísima novela de viajes en el tiempo y enrevesados giros argumentales en los que se mezclan distintas historias y líneas temporales. Un libro imprescindible para el verano.
- Los herederos (Joseph Conrad y Ford Madox Ford), Valdemar, 2009. 274 páginas. El bodrio que me cae todos los años. No recuerdo en qué página me quedé y lo abandoné, pero no fue de las primeras 50. Absolutamente insoportable, tedioso, plúmbeo y desmotivante. No conseguí enterarme en ningún momento de qué iba la historia y qué me estaban intentando decir sus celebérrimos autores. Ahorraos el mal trago y el dinero.






