25 febrero 2011

Con bata y a lo loco (3): doctor Victor von Frankenstein

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Han transcurrido 15 años desde que el barón Victor von Frankenstein fue sometido a tortura por los nazis. Con el rostro severamente desfigurado, ya anciano y con muestras evidentes de senilidad incurable, el último descendiente del célebre creador del monstruo más famoso de la historia decide crear una réplica de sí mismo. Prácticamente arruinado, opta por alquilar su lúgubre castillo a una productora de televisión que pretende rodar una película de terror.

La enloquecida idea del barón von Frankenstein consiste nada menos que en adquirir un potente reactor atómico (los rayos de tormenta están sobrevalorados) con el que poder infundir vida a su criatura. Al parecer, será el propio dispositivo el encargado de sintetizar los tejidos humanos de la criatura a imagen y semejanza de su creador. Extraña e incomprensiblemente, sus órganos de visión (los ojos, dicho en plata) deben ser implantados. Cuando el experimento está casi listo, de nuevo, en un guiño más bien un tanto cutre al film original de James Whale (Frankenstein, 1931), al torpe barón se le escurre entre las manos el frasco. Lo que servía para un cerebro golpeado contra el suelo en 1931 no resulta igualmente válido para unos globos oculares (seguramente mucho más duros y resistentes que una masa encefálica) en esta joya del cine de terror estrenada bajo el “futurista” título de Frankenstein 1970 (El castillo de Frankenstein, 1958). Despreciados los ojos maltrechos, el nuevo ser será ciego, lo cual no impedirá en absoluto que las víctimas (éstas sí dotadas de perfecta visión) empiecen a caer en sus manos, una tras otra. Misterios de la ciencia...