
El argumento de Hart en la anterior solución a la paradoja de Fermi descansa en la existencia de un número de dificultades en el camino hacia el desarrollo de una civilización tecnológicamente avanzada: aparición de vida, evolución de animales multicelulares, desarrollo de lenguaje simbólico, etcétera. Los detalles precisos de estas dificultades no son relevantes en este momento. El argumento tan sólo requiere que se den un número de pasos críticos, aunque sean improbables, en al camino hacia la inteligencia.
Veamos. Por un lado, la vida del Sol será de unos 10.000 millones de años y el período durante el que podrá sostener planetas capaces de albergar vida puede ser bastante menor. Algunos astrónomos piensan que la Tierra únicamente soportará vida durante quizá otros 2.000 millones de años, pero no más. Por otro lado, la especie humana apareció sobre la faz del planeta cuando el Sol ya tenía unos 4.500 millones de años. Hay, pues, un factor 2 entre el tiempo de vida del Sol y el tiempo necesario para la aparición de vida inteligente (incluso se cree que podría ser aún menor, de hasta 1,3). Este hecho parece bastante sorprendente ya que, en principio, los factores que determinan cada uno de ambos acontecimientos no parecen muy relacionados. La vida del Sol viene establecida por una combinación de factores gravitacionales y nucleares, mientras que la aparición de vida tiene que ver con una combinación de factores químicos, biológicos y evolutivos.
Vivimos en un universo donde las escalas temporales abarcan un rango muy amplio: muchos procesos subatómicos ocurren en lapsos de tiempo tan breves como 10-10 segundos, mientras que un gran número de procesos astronómicos son tan largos como 1015 segundos. La probabilidad de que dos escalas de tiempo completamente independientes tengan casi el mismo valor es remota. ¿Cómo explicarla, entonces, sin acudir a la coincidencia, a la casualidad?
Consideremos el conjunto de todos los universos posibles (si es que existen). En algunos sucederán cosas improbables; en cambio, en otros la serie de dificultades conducentes a la vida inteligente tendrá lugar. Y es precisamente en estos universos donde aparecerá esa especie inteligente para observarlos. En otras palabras, podemos ignorar los posibles universos en los que nosotros no existimos ya que, por definición, ellos tampoco existen para nosotros. Ahora bien, podemos preguntar: de todos los universos que existen para nosotros, ¿en cuáles tenemos mayores probabilidades de emerger, dado que sólo lo podemos hacer en algún instante de los 10.000 millones de años que vivirá nuestro Sol?
Un cálculo sencillo demuestra que si se necesitasen, por ejemplo, 12 pasos, 12 dificultades de las aludidas al principio para la aparición de vida inteligente, entonces el instante más probable para nuestra aparición sería una vez transcurrido el 94% de la vida del Sol. De hecho, nuestras observaciones parecen compatibles con este resultado. Para un Sol de 10.000 millones de años, la humanidad emergió al cabo de un 50% del período de vida solar. En cambio, si el Sol solamente pudiese sobrevivir durante otros mil millones de años, la raza humana habría surgido una vez transcurrido el 83% de la vida total de nuestra estrella madre, un valor muy cercano al estimado.
Finalmente, se llega al punto clave. Simplemente porque hemos seleccionado universos en los que existimos no podemos inferir necesariamente que otras especies inteligentes existen. Nosotros tenemos que estar aquí porque nos observamos a nosotros mismos aquí, pero la existencia de alienígenas debe enfrentarse a las probabilidades y éstas no son demasiado buenas. Si se dan una docena de dificultades en el camino hacia el desarrollo de la vida inteligente, entonces solamente hay una posibilidad entre mil billones de hallar otra especie inteligente en el universo, sin importar en qué dirección observemos.
El argumento anterior para la no existencia de CETs fue presentado originalmente por Brandon Carter en 1974. Obviamente, presenta un cierto tufillo a razonamiento de tipo antrópico. Y uno puede estar de acuerdo o no con las diferentes versiones del principio antrópico...

5 comentarios:
Sin duda sería triste que fuésemos los únicos en todo el universo. Le quita un poco el interés de explorar nuevos mundos en busca de nuevos seres.
Por cierto, no se si es alguna de las soluciones ya escritas o lo será de aquí a la 50, pero una solución podría ser que somos los primeros en haber aparecido en las cercanías y por eso no recibimos señales de nadie todavía
En este tipo de razonamientos se parte de supuestos con muy poca base. Solo conocemos los tiempos de desarrollo de la vida y la inteligencia de un caso, el nuestro, y los utilizamos como una media, cuando podrían ser el extremo de la distribución de ambos fenómenos en el conjunto del universo. Es como establecer la duración del ciclo vital de todas las especies animales a partir del primer bicho que nos encontremos paseando por el parque.
El otro día, observando los movimientos y las relaciones de una sepia gigante, me vino a la mente una idea que en otros momentos ya me había rondado: "inteligencia" y "conciencia" no tienen necesariamente que ir unidas a necesidad de comunicación, o de elaboración de tecnología. Esa sepia era muy inteligente, probablemente tan consciente como yo; posiblemente sabía que existía, sabía que pensaba... y sin embargo estaba tan adaptada a su entorno, que no tenía la necesidad de construir nada, ni de ponerse en contacto conmigo, ni de viajar a otros mundos; quizá ni de comprender los mecanismos de todo. Su cerebro, comparado con su cuerpo, era enorme.
Que surja la vida, es relativamente fácil (en una inmensidad de galáxias), incluso es probable que surja la vida inteligente y consciente. Pero que surja vida inteligente, consciente y que además tenga necesidad o tendencia a elaborar una tecnologia, necesidad de comunicarse, de interactuar con otros mundos... eso es una condición más restrictiva y que hace menos probable que nos encontremos con alguien. Incluso entre los mismos Homo sapiens observamos a veces personas extrañas que no se comunican, o patologías como el autismo, que no dejan de ser manera diferentes de organizarse una mente. ¿Cuantas maneras diferentes puede haber de organizarse una mente? Seguro que muchas de ellas, como en el caso de las sepias, jamás necesitarán ni desearán salir de su mar.
Así pues solo nos comunicaremos, si lo llegamos a hacer algún día, con aquellas mentes que tengan la misma necesidad de conocer y de descubrir que nosotros.
Solución 51:
http://www.technologyreview.com/blog/arxiv/26622/
Creo que lo encontraran interesante.
Sería la solución mas espantosa.. es preferible que estén a millones de años luz a que seamos los únicos... Como decia el ET de la película "Contacto" es lo único que hace soportable la soledad...
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