
Desde el primer exoplaneta descubierto en 1995 los astrónomos han encontrado hasta la fecha más de 500. Muchos de ellos poseen tamaños bastante mayores que el de la Tierra. Sin embargo, mientras que Júpiter orbita el Sol a unas 5,2 UA, los planetas extrasolares hallados suelen hacerlo mucho más cerca de sus estrellas, describiendo órbitas prácticamente circulares debido a las fuerzas de marea producidas por la interacción gravitatoria.
Tampoco resulta demasiado sorprendente que los planetas que descubren los astrónomos sean de tamaños similares o mayores incluso que Júpiter, ya que las técnicas conocidas no permiten el descubrimiento de cuerpos tan pequeños como la Tierra, al menos de forma tan eficiente. Pero lo realmente sorprendente es la gran proximidad de estos planetas tipo Júpiter a sus estrellas madres (de ahí que reciban el nombre genérico de Júpiters calientes). Nuestras teorías sobre la formación planetaria implican que los planetas gaseosos como Júpiter no pueden formarse a menos de 3 UA de una estrella como nuestro Sol (a esto se le conoce como el límite de nieve). Así pues, ¿son realmente gigantes de gas estos mundos? ¿Están equivocados nuestros modelos de formación planetaria? O simplemente ¿se formaron estos planetas más allá de la línea de nieve y han migrado después hacia el interior de la misma, acercándose a su estrella madre?
Una vez que el sistema planetario se ha formado ya no puede darse el acercamiento de los planetas de tipo Júpiter. En cambio, en las fases iniciales sí puede tener lugar. Si un gigante gaseoso migrase desde el exterior de la línea de nieve hacia las cercanías de su estrella, la perspectiva de otros planetas menores (de tipo terrestre) no sería demasiado buena. Las simulaciones por ordenador muestran que estos planetas más pequeños tenderían a precipitarse sobre el sol o incluso ser expulsados al espacio exterior.
Sin embargo, no todos los exoplanetas conocidos son Júpiters calientes y algunos de ellos se encuentran más allá de la línea de nieve. Un problema que suelen presentar estos cuerpos es su órbita enormemente excéntrica, en comparación con la de los planetas del sistema solar. Si un planeta como Júpiter tuviese una órbita mucho más elíptica de la que tiene realmente, la Tierra quizá no existiese.
Así pues, tanto si nuestro sistema solar ha tenido un Júpiter caliente como un Júpiter excéntrico, las probabilidades han sido altas de que la Tierra pudiese no haber albergado vida durante casi 4.000 millones de años, ya que su órbita habría sido alterada de forma catastrófica. De todas maneras hay que señalar que nuestras técnicas actuales de detección pueden ser algo sesgadas ya que tan sólo permiten detectar grandes planetas que orbitan cerca de sus estrellas o que poseen órbitas muy excéntricas. Por lo tanto, no se puede concluir que los "buenos" Júpiters sean raros. Por otro lado, puede que seamos muy afortunados y hayamos sido agraciados con un Júpiter adecuado, con una órbita estable y poco elíptica. Quizá los "malos" Júpiters sean la norma ahí fuera.
¿Y qué pasa con los sistemas planetarios? Al parecer no está claro si éstos pueden formarse sin dar lugar a gigantes gaseosos tipo Júpiter. Incluso aunque se formasen podría suceder que no fuesen más adecuados para el desarrollo de la vida que los que contienen "malos" Júpiters. Nuestro propio Júpiter ha jugado dos papeles decisivos en la aparición y desarrollo de la vida en la Tierra: como deflector y como proveedor de agua.
En el primer caso, la gran masa de Júpiter hace de escudo protector de la Tierra y otros planetas menores ya que provoca que objetos en órbitas muy elípticas como cometas o asteroides sean desviados y lanzados fuera del sistema solar o incluso colisionen contra el mismo Júpiter.
En el segundo caso, el papel de Júpiter en las primeras etapas de formación del sistema solar consistió en hacer que la gran cantidad de escombros y asteroides que abundaban se juntasen en otros objetos más grandes, del tamaño de Marte o similar, en órbitas excéntricas. Algunos de estos cuerpos protoplanetarios colisionarían con la Tierra y podrían haber dado lugar a nuestros océanos o incluso a la misma Luna.
Las simulaciones por ordenador muestran que un planeta de la masa de Júpiter situado en las regiones distantes de un sistema planetario permite la formación de cuerpos como la Tierra con gran cantidad de agua, pero únicamente a 4-5 UA, lo cual cae bastante lejos de la zona habitable. Parece, pues, que un sistema planetario no sólo necesita un "buen" Júpiter sino uno a la distancia correcta. De otra forma, el agua quedaría atrapada en un cinturón de asteroides o congelada en planetas de tipo terrestre, con lo cual no podría aparecer la vida.
¿Explica entonces la existencia de Júpiter la paradoja de Fermi? Dudoso, aunque muy bien podría haber otro factor causante de que la vida fuese un proceso raro. Podríamos pensar que a medida que vayamos mejorando nuestras técnicas de detección irán apareciendo más Júpiters "buenos". Incluso aunque así no fuese podrían existir otras disposiciones de objetos en un sistema planetario que condujesen a la existencia de zonas habitables. Al fin y al cabo, nuestro fracaso a la hora de descubrir dichas disposiciones puede ser simplemente un fallo de nuestra imaginación...
6 comentarios:
Hace tiempo ponía esto sobre Júpiter, a ver si te gusta.
Los clásicos llamaban a Júpiter el padre de los Dioses, pero ese dejarnos jugar y divertirnos libres en el parque mientras se preocupa de que no nos pase nada… ¿no os parece más una cariñosa madre?
Un abrazo
Javi
http://lacienciaparatodos.wordpress.com/2009/01/28/el-carinoso-jupiter/
Ya tengo dos madres...
Gracias, Javi.
Muy buen artículo. Entiendo que existen miles de combinaciones posibles para sistemas planetarios que incluyan planetas tipo júpiter y otros tipo de terrestre que puedan albergar vida. Saludos cordiales
Hola, hace no mucho leí en otro blog, un artículo similar pero que habla del papel, no sólo de Júpiter, sino el de Saturno, que también parece haber sido decisivo (parece, ojo).
Saludos.
Ah, aquí está el artículo:
http://danielmarin.blogspot.com/2011/07/la-historia-del-sistema-solar-o-de-como.html
muy bueno este artìculo, Jupiter ha jugado su papel en este sistema solar, ya que ha servido de protector a los demàs planetas, es como un muro que impide que cualquier masa se estrelle contra nosotros, ahora, lo que no entiendo es la teorìa de migraciòn de los Jupiter de una òrbita superior a otra inferior para constituir los Jupiter calientes.
Un artículo verdaderamente interesante. Una sóla pega, y esta es de carácter gramatical: en caastellano, el plural de los nombres acabados en consonante se hace en -es. Por ejemplo: de carácter, carácteres. Así que, ¿por qué de Júipiter Júpiters y no Jupíteres?
Un cordial saludo
Publicar un comentario en la entrada