02 septiembre 2011

Que 57 años no es nada...

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La teniente Ripley, junto con el lindo gatito Jonesy, son los dos únicos supervivientes de la tripulación de la nave comercial Nostromo. Una cruel y despiadada criatura xenomorfa de sangre corrosiva ha terminado con los otros seis miembros, incluido el ciborg Ash. En una memorable escena final, Ripley se enfrenta al monstruo alienígena, que ha logrado infiltrarse en el módulo de emergencia Narcissus, y consigue expulsarlo al exterior, donde se pierde para siempre en el vacío del espacio. Exhausta, Ripley programa el rumbo de la nave y se introduce con Jonesy en la cápsula de animación suspendida, donde permanecerá hasta ser rescatada.

El párrafo anterior describe las últimas escenas de una de las películas que han marcado el género de la ciencia ficción: Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979). Fue tal el éxito cosechado que, hasta la fecha, se han rodado tres secuelas: Aliens, el regreso (Aliens, 1986); Alien 3 (Alien 3, 1992) y Alien resurrection (Alien Resurrection, 1997).

Al comienzo de la primera de ellas, la Narcissus vaga por la desoladora inmensidad del espacio cuando, repentinamente, es rescatada por empleados de la misma compañía responsable de la misión original de la nave Nostromo. Cuando Ripley recupera la consciencia todo parece extrañamente anacrónico. Ante su atónita mirada, el representante de la compañía, Carter Burke, le revela que ha permanecido perdida durante nada menos que 57 años. Obviamente, no ha envejecido desde entonces, gracias al proceso de animación suspendida.

Detengámonos por un momento aquí y analicemos algunos aspectos involucrados en las afirmaciones anteriores. Veamos, una nave que permanece en el espacio interplanetario (interestelar, intergaláctico o lo que sea) debe por fuerza estar sometida a un bombardeo constante de rayos cósmicos. A pesar de su denominación, los rayos cósmicos no son rayos propiamente dichos, sino que están constituidos mayormente por partículas como protones (núcleos de hidrógeno), núcleos de helio, electrones y otras.

Aunque suele atribuirse su descubrimiento al físico de origen austríaco Victor Hess en 1912, parece ser que el italiano Domenico Pacini también lo hizo simultáneamente. Sin embargo, al primero se le otorgó por ello el premio Nobel en 1936, dos años después del fallecimiento de Pacini (el Nobel no puede concederse a título póstumo).

Al principio se creía que los rayos cósmicos que se detectaban en la Tierra procedían de la desintegración radiactiva que tiene lugar bajo la corteza, pero fue gracias a los trabajos de Hess a bordo de globos sonda cuando se descubrió que a medida que se asciende por encima de la superficie terrestre esta misteriosa radiación ionizante aumenta considerablemente, poniendo de manifiesto la indudable procedencia extraterrestre. De hecho, en la actualidad se piensa que el origen de los rayos cósmicos reside en los catastróficos procesos que acaecen durante las explosiones de supernova (esto no está demasiado claro y resultados recientes pueden poner en duda dicha teoría) e incluso de núcleos galácticos activos.

La atmósfera de la Tierra y su campo magnético nos protegen de los rayos cósmicos, pero ahí afuera, en el espacio, la cosa es mucho más preocupante de lo que se suele pensar. Estas partículas logran alcanzar energías varias decenas de millones de veces superiores a las alcanzadas en los aceleradores de partículas más potentes que poseemos. Es por esto que las naves espaciales diseñadas para misiones de larga duración deberían contemplar necesariamente la necesidad de un blindaje magnético capaz de soportar el incesante bombardeo al que estarían expuestos los astronautas. Sin embargo, no todo resulta tan sencillo, pues un blindaje supone un aumento de peso del todo inasumible. Valga como ejemplo que para detener un protón de una energía cinética similar a la que poseen los rayos cósmicos más habituales (en 1938 el francés Pierre Auger descubrió los denominados rayos cósmicos de alta energía) se precisa una lámina de aluminio de 3 metros de espesor. Diseñar una nave interplanetaria con estos parámetros es completamente imposible.

Dicho lo anterior, parece razonable suponer que la Narcissus, a bordo de la cual viajaba Ripley, por tratarse precisamente de un vehículo de pequeño tamaño, no debería poseer un sistema demasiado sofisticado de blindaje (de hecho, si no asumimos esto no habría post, así que no seáis ladillas, ¿de acuerdo?). Así pues, toda una incesante lluvia de protones, consistente en unos 10.000 por cada metro cuadrado y durante cada segundo, están incidiendo sobre nuestra desdichada teniente Ripley (y también Jonesy, no le olvidemos).

Mientras nuestros dos amigos se encuentran en estado de animación suspendida no parece ser demasiado preocupante el asunto, ya que la actividad celular se mantiene en suspenso y, en particular, las funciones de auto-reparación celulares, encargadas de subsanar los nocivos efectos de la radiación. Pero ¿qué ocurrirá en el momento en que se despierten, tras ser rescatados? En ese mismo instante, el cuerpo humano (y el gatuno) se comportará como si hubiese recibido una sola dosis equivalente a la acumulada a lo largo de los 57 años transcurridos a la deriva. Y teniendo en cuenta el flujo promedio de protones, así como su energía promedio, se llega a la conclusión de que la dosis efectiva recibida, tanto por Ripley como por Jonesy, asciende a algo más de 6 Sv (sieverts). Una dosis como ésta acarrea normalmente deterioros graves en el sistema nervioso, infecciones, diarreas y náuseas severas, entre otros efectos. La muerte no es descartable y menos en un gato. Al menos Jonesy siempre podrá sonreír, aún le restan otras seis vidas...


Fuentes:

Cumulative GCR Dose of Nostromo Survivors. P. Hague, C. Davis and F. Tilley. Journal of Special Topics, Vol. 9, No. 1, 2010.

13 comentarios:

Çhuffo dijo...

Seguramente la nave esté recubierta de piel humana, que como es sabido es el mejor aislante, bueno especialmente la piel de las manos y los párpados ;-)

tRaCk3r dijo...

Si me permites una corrección, el androide que mencionas en el primer párrafo de la primera entrega de Alien es Ash, no Bishop, éste último sale en la entrega dos Aliens.

Pivalak dijo...

Como alternativa al grueso blindaje, y de cara a protegerse de los rayos cósmicos, ¿no valdría un escudo deflector similar a aquel en el que andaban trabajando en RAL hace unos años? E.g.:

http://news.bbc.co.uk/2/hi/6567709.stm

Sergio L. Palacios dijo...

¡¡Corregido!! Gracias...

DarkSapiens dijo...

Jojo, no se me había ocurrido pensar en este detalle, me ha encantado la entrada! :D

Un saludo!

P.D.: Por supuesto, en el futuro tal vez se descubra un material con una capacidad de absorción de fotones muy superior, o en el proceso de animación suspendida se tenga en cuenta esto y se utilice nanotecnología para proteger las células o repararlas antes del proceso o después, respectivamente… :P

David Castro dijo...

Muy interesante el artículo, muchos no nos percatamos de lo que ocurre fuera de la protección de nuestro planeta. Bueno, yo he trabajado con radiaciones ionizantes por un buen tiempo y sé que los electrones, protones y nucleos de helio, son más fáciles de contener a medida que aumentan su masa.

Por ejemplo, las partículas beta del Y-90 atraviesan 11mm de piel y pueden contenerse con un plástico acrílico de 2mm de espesor, claro que su energía es de 2.3MeV. Las núcleos de Helio del At-211 con 5.9MeV de energía, solo atraviesan menos de 0.1mm de piel y sólo basta con un guante de latex para evitar los daños por contaminación. En ninguno de los casos es necesario el plomo u otro metal.

Pero, si en el espacio sideral (jaja esa palabrita) las energías son millones de veces más altas que del acelerador más potente, por ejemplo del CERN que acelera protones a energías de 7TeV que es más de un millón de veces superior al de los radioisótopos usados para el tratamiento del cáncer, creo que si requerirá de un buen blindaje, ¿pero deberá ser proporcional a la energía? En otras palabras ¿El grosor de un blindaje contiene las partículas ionizantes de altas energías siguiendo una función lineal o logarítmica?

Algo también que siempre me pregunto es que si la energía de un rayo cósmico es tan grande que puede atravesar un blindaje de aluminio menor a 3m, ¿no atravesará nuestro cuerpo con mayor facilidad, prácticamente sin interactuar con nuestras biomoléculas?

Saludos y felicitaciones por tu blog, lo leo muy a menudo, porque soy de los que ven las pelas de ciencia ficción para ver las cosas que son científicamente improbables o imposibles.

Carolinarome66635 dijo...

Lo que mas me gusto de toda la historia fue el lindo gatito jeje super comico... Carolina - paginas web

Jota dijo...

Lo primero, me ha sorprendido la cantidad de sieverts acumulada. Aunque en 57 años da para mucho. Lo segundo, en realidad tanto la nostromo como la cápsula de salvamento están debidamente protegidas. Usan una capa de material exótico de unos 5 mm. Solucionado.

Carlos dijo...

Interesante artìculo, se ve la forma de como aplicar los conocimientos de la fìsica a problemas concretos que se nos plantea aunque sea en una pelìcula y tiene validez el anàlisis de Sergio en este caso, vi la pelìcula y la situaciòn y no me pude percatar de como tendrìa que realizarse la protecciòn contra los rayos ionizantes, pero veo que hay que trabajar en eso si queremos explorar el espacio profundo.

Sophie dijo...

Sergio, no estoy muy de acuerdo al leer este párrafo "Mientras nuestros dos amigos se encuentran en estado de animación suspendida no parece ser demasiado preocupante el asunto, ya que la actividad celular se mantiene en suspenso y, en particular, las funciones de auto-reparación celulares, encargadas de subsanar los nocivos efectos de la radiación". Más bien sería al contrario, al estar recibiendo esa radiación se está dañando el organismo, especialmente el ADN, sin posibilidad de defensa alguna ni de reparación del daño causado, con lo que estarían hechos polvo. en poco tiempo ante semejante cantidad de radiación, ¿no? Que no haya actividad celular no quiere decir que esa radiación no haga trizas su ADN :(

Sergio L. Palacios dijo...

No veo muy claro ni lo uno ni lo otro. Y no creo que se haya hecho nunca el experimento para corroborarlo. Reconozco mi ignorancia y lamento no poder ayudarte más.

DarkSapiens dijo...

Sophie, creo que a lo que Sergio se refiere es a que como uno está en animación suspendida, todos esos daños no afectan al funcionamiento del metabolismo (que no está funcionando), y sería cuando uno es reanimado cuando sufre todos los efectos de golpe.

Vamos, que si a alguien congelado se le arrancan las piernas, éste no morirá desangrado hasta que se le descongele, ¿no? :P

Todo esto supone que el metabolismo se detiene completamente en animación suspendida, claro, si se requiriese el mantenimiento de unas funciones vitales básicas (como en 2001: Odisea en el espacio) cambiarían las cosas.

Un saludo!

David dijo...

Antes de nada. Magnífico blog.Lo acabo de descubrir y me encanta.
En 57 años, tanto el entorno social, urbanístico, la tecnología, las técnicas médicas, la moralidad e incluso la moda cambian no hay más que fijarse en como es el mundo hoy y como era en 1954. Pero Ripley apenas lo nota, y es más, la compañía para la que trabaja la sanciona por algo que paso hace casi 60 años por unos directivos que ni habían nacido y cuando probablemente la Nostromo y su carga ya estaban más que amortizadas con lo que seguramente cobraron por el seguro.
La verdad es de que Àlien II, sólo me gusta ver a la Janette Goldstein repartiendo leña.
Por cierto en la versión que yo tengo, dicen "xenoformo" en vez de "xenomorfo", como dices tú y como creo que se debería decir.